Un exalcalde y líder social de Briceño, revela investigación sobre supuestos corredores ilegales, instalados por el Clan del golfo.
El exalcalde de Briceño, Wilmar Moreno, revela una investigación sobre los supuestos corredores de movilidad ilegal del Clan del Golfo en el norte de Antioquia. Su informe expone rutas, puntos estratégicos y zonas de abastecimiento utilizadas por el grupo armado. Durante su administración y después de dejar el cargo, el exmandatario ha recibido amenazas contra su vida y la de su familia. Confirma que, a pesar de haber interpuesto al menos cuatro denuncias, la UNP no le ha otorgado un esquema de protección.
Wilmar Moreno, exalcalde de Briceño (Antioquia) durante el período 2020-2023, ha presentado una investigación sobre la dinámica del orden público en la región, basada en su experiencia como líder social, funcionario público y alcalde. Ahora, desde su papel como ciudadano y defensor de los derechos humanos, Moreno ha denunciado la consolidación de un corredor de movilidad ilegal por parte del grupo armado Clan del Golfo, que opera en la zona y facilita el desplazamiento de sus estructuras criminales.
Según el exmandatario, la investigación se fundamenta en más de diez años de experiencia en liderazgo social, defensa de la vida y los derechos humanos, así como en el ejercicio de funciones públicas y políticas a nivel local y regional.
A lo largo de este tiempo, Moreno ha sido testigo directo del recrudecimiento del conflicto en su municipio y en las regiones vecinas, enfrentando sus consecuencias de manera directa. Ha realizado numerosas denuncias en coordinación con organismos defensores de derechos humanos, lo que ha derivado en amenazas y desplazamientos forzados tanto para él como para su familia en represalia por estas acciones.
Desde su rol como alcalde en el periodo 2020-2023, enfrentó estas problemáticas desde la institucionalidad. Su cercanía y articulación con líderes sociales y políticos del norte de Antioquia y el Bajo Cauca le han permitido conocer de primera mano testimonios sobre la alteración del orden público, el control territorial, la extorsión, los corredores estratégicos y los homicidios sistemáticos en distintos municipios.
Este informe se basa en su experiencia territorial en Briceño, así como en su trayectoria en lo social, político y en la defensa de los derechos humanos. Además, se sustenta en un análisis detallado de noticias y reportes periodísticos, así como en informes institucionales, lo que ha permitido estructurar un análisis sobre la consolidación del poder territorial de este grupo armado en la última década, con énfasis en los últimos tres años.
El corredor ilegal identificado inicia en el municipio de San Andrés y atraviesa diversos sectores rurales a través de carreteras terciarias, caminos de herradura y trochas en la cordillera. Su recorrido abarca puntos estratégicos como el sector La Chorrera, una zona boscosa que conecta con Los Teleféricos, también en San Andrés. Desde allí, enlaza con la carretera rural La Loma, que a su vez permite acceso hacia Ituango o Medellín. Posteriormente, asciende a la parte alta de La Loma y continúa hasta los sectores El Roblal y Berlín Viejo, en los límites entre Briceño y Yarumal.
Desde Berlín Viejo, el corredor se divide en dos rutas: una hacia El Baño y La Quiebra, territorios en los límites entre Briceño y Yarumal con mayor presencia en Briceño, y otra hacia la vereda El Pescado y el corregimiento de Pueblo Nuevo, aprovechando caminos rurales para la movilidad de la estructura armada.
El sector La Quiebra, además de ser un punto de tránsito clave, cumple una función logística al recibir abastecimiento desde Yarumal mediante dos vías principales: Mina Vieja y La Candelaria-San Roque. Estas rutas convergen a unos cinco kilómetros del sector La Gabriela, facilitando la llegada de suministros esenciales para la operación del grupo armado.
En términos de posicionamiento estratégico, el informe señala que los miembros del Clan del Golfo utilizan el sector entre Berlín Viejo y El Roblal como punto de descanso tras incursiones en las veredas de Briceño. Asimismo, destaca que La Quiebra es un punto clave para el control militar, donde en 2015 se instaló un puesto de control durante aproximadamente dos años. Aún permanecen allí trincheras que podrían ser reactivadas en caso de una estrategia de contención. Otro sector de importancia para el despliegue militar es La Rivera, sobre la vía que conecta Yarumal con Ochalí.
En la zona de la Loma de Ochalí, los grupos armados reciben suministros logísticos desde Valle Toledo y San Andrés de Cuerquia. La distribución de estos insumos se realiza a través de una vía destapada y mediante un transbordo en la garrucha sobre el río San Andrés, lo que permite mantener la operatividad de la estructura ilegal.
El informe también advierte sobre la presencia de este grupo armado en el Cañón de Socavones, en jurisdicción de Briceño. Se ha documentado su ocupación hasta las primeras viviendas del sector La Alborada y en el camino hacia Cristalina (Cedral, Briceño). Dentro de este cañón, las veredas más afectadas son El Cedral, La Correa, La Meseta, La Palomita y Moravia, en el sector El Tesoro.
Wilmar Moreno concluye que este corredor de movilidad no solo permite el tránsito del Clan del Golfo, sino que también facilita sus operaciones ofensivas y su capacidad de repliegue hacia zonas de control consolidado. Su denuncia busca visibilizar la situación para que se adopten medidas efectivas en la lucha contra el crimen organizado en la región.
Radiografía, presentada por el exmandatario:
El Norte y el Bajo Cauca de Antioquia han sido escenario de una creciente disputa territorial entre grupos armados ilegales, donde el Clan del Golfo se ha consolidado como el actor con mayor poder militar. Su estrategia se basa en el control de corredores estratégicos, la explotación ilegal de minería y la extorsión a proyectos económicos de alto impacto, como la hidroeléctrica Ituango (Hidroituango) y las minas de oro en Briceño y Buriticá.
Briceño representa un objetivo clave para este grupo criminal, siendo el único municipio del norte lejano de Antioquia donde aún no han logrado consolidar su dominio. Desde 2019, han intentado avanzar en este territorio mediante incursiones armadas, pero su expansión ha sido contenida por la comunidad y la Fuerza Pública. En los últimos años, sin embargo, han fortalecido su presencia en municipios cercanos como San Andrés de Cuerquia y Toledo, estableciendo corredores estratégicos para facilitar su ingreso a Briceño.
Desde 2019, el Clan del Golfo ha intentado tomar control de Briceño con el propósito de consolidar su dominio en el norte de Antioquia y conectar su influencia con el Bajo Cauca y el Occidente del departamento. Su interés en este municipio responde a varios factores, entre ellos su ubicación estratégica, que lo convierte en un punto clave para la logística y el control militar en la región. También influyen la presencia de minas de oro en Berlín Viejo, que en el pasado fueron explotadas por empresas inglesas y que hoy despiertan el interés de multinacionales como Zijin Mining Group. Además, la cercanía con Hidroituango, la central hidroeléctrica más grande de Colombia, representa una oportunidad de financiación ilegal a través de la extorsión. Finalmente, el control de Briceño facilitaría la conexión de rutas para el narcotráfico y la minería ilegal entre el Norte, el Bajo Cauca y el Occidente antioqueño.
El Clan del Golfo ha buscado el control de Briceño mediante incursiones violentas, confinamiento de comunidades y enfrentamientos con otros grupos ilegales. En noviembre y diciembre de 2023, el corregimiento de Las Auras vivió tres días de confinamiento debido a la presencia de hombres armados del Clan del Golfo. En este periodo, el grupo asesinó a un campesino y secuestró a tres personas, lo que generó desplazamientos y la suspensión de actividades comunitarias y escolares. Ante la crisis, el ministro de Defensa, Iván Velázquez, visitó Briceño junto a la cúpula militar y policial y ordenó operaciones para contener el avance del grupo ilegal.
El 10 de septiembre de 2024, un grupo armado ingresó a la vereda El Pescado, desplazando a la comunidad y enfrentándose con disidencias de las FARC. Debido a los combates, se suspendieron las clases y varias profesoras de las veredas El Pescado, La América y La Molina tuvieron que desplazarse. La escuela de El Pescado recibió impactos de bala, lo que motivó una posterior visita de la Personería Municipal.
En enero de 2025, el Clan del Golfo ingresó al casco urbano del corregimiento de Pueblo Nuevo en plena tarde, alrededor de las 2:00 p.m., generando enfrentamientos. Durante la incursión, secuestraron a dos mujeres: una joven de 20 años y una madre de 38. Al día siguiente, ambas fueron asesinadas en el corregimiento de La Loma de Ochalí. Como consecuencia, se produjo un desplazamiento masivo hacia el casco urbano de Briceño, quedando registrado en los censos locales.
El Clan del Golfo ha diseñado un corredor de movilidad para ingresar a Briceño, utilizando rutas estratégicas que pasan por San Andrés de Cuerquia, Yarumal y Toledo. Su recorrido inicia en San Andrés de Cuerquia, atraviesa el sector La Chorrera, llega al sector Los Teleféricos y se conecta con la carretera rural La Loma, que permite acceso a Ituango o Medellín. Desde allí, asciende a La Loma y avanza hacia Berlín Viejo, en el límite entre Briceño y Yarumal. En este punto, el corredor se divide en dos rutas: una hacia El Baño y La Quiebra, dentro de la jurisdicción de Briceño, y otra hacia El Pescado y el corregimiento de Pueblo Nuevo, utilizando caminos rurales.
El grupo armado ha establecido puntos estratégicos y de abastecimiento a lo largo de este corredor. Una ruta de abastecimiento logístico de estos grupo es desde Yarumal en camioneta, por la vía que viene desde Yarumal (entrada la candelaria), desde vía a la Costa, cruzando hacia Ochalí , llegan hasta el sector la Quiebra, sobre misma vía hacia Ochalí.
Y la otra ruta de abastecimiento en carro es desde san Andrés hasta el corregimiento del Valle de Toledo. Desde allí, llegan al río San Andrés , hacen transbordo por la garrucha para seguir por la vía que conduce desde este río hacia la loma de Ochalí , en un corregimiento donde el Clan del Golfo tiene zonas semi campamentarias
Este corredor facilita las incursiones armadas, el tráfico de drogas y la extorsión a la minería y a Hidroituango, que también tiene presencia en la vereda La Calera de Briceño.
Para contener el avance del Clan del Golfo, es fundamental fortalecer la presencia militar en puntos estratégicos. Se requiere la instalación de puestos de control permanentes en La Quiebra, en los límites entre Yarumal y Briceño, vía Ochalí; en Berlín Viejo, vereda Buena Vista de Briceño; en La Rivera, Yarumal, vía Ochalí; y en la cordillera de Briceño, entre la vereda El Pescado y el corregimiento de Pueblo Nuevo. Estas medidas permitirían frenar la movilidad del grupo armado y evitar que la comunidad quede atrapada en la disputa entre organizaciones ilegales.
Además, es urgente fortalecer la presencia estatal en Briceño con estrategias de seguridad y desarrollo social que impidan que el Clan del Golfo siga ganando apoyo en la población.
El Norte y el Bajo Cauca de Antioquia continúan siendo territorios en disputa entre grupos ilegales. Sin embargo, con estrategias adecuadas y una presencia estatal más efectiva, es posible frenar la expansión del Clan del Golfo y garantizar la seguridad de las comunidades afectadas.
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El hombre que entiende a los perros: la historia del Etólogo, Andrés Valencia
Los perros no hablan, pero Andrés Valencia los entiende. Descifra sus miedos, ansiedades y traumas con una precisión asombrosa. Actualmente es el Etólogo del albergue El Arca, en La Estrella, y experto en el vínculo humano-perro. Hace 16 años dedica su vida a transformar la relación entre canes y humanos en Colombia.
En un rincón de Antioquia, donde el bullicio de la ciudad se apaga y los cerros envuelven la cotidianidad con su verde intenso, Andrés Valencia se mueve con la naturalidad de quien lleva años entendiendo un lenguaje que pocos dominan: el de los perros. No es solo un adiestrador, ni un simple amante de los animales. Su mirada va más allá del comportamiento; estudia la conexión profunda entre humanos y canes, desentrañando los miedos, ansiedades y emociones que moldean su conducta.
Andrés, zootecnista de la Universidad Nacional, con un diplomado en Etología de la Universidad CES y un magíster en Etología de la Universidad de Zaragoza, ha dedicado los últimos 16 años a trabajar con perros. No los entrena como quien moldea una máquina obediente, sino que los comprende desde su esencia. “Amo lo que hago y hago lo que amo. Ese es mi estilo de vida, yo no trabajo, salgo a conocer familias maravillosas y perros espectaculares”, dice con la convicción de alguien que encontró su propósito.
Su historia con los perros comenzó como empiezan las grandes pasiones: sin planes, casi por instinto. Lo que en un principio fue una curiosidad se convirtió en una misión de vida. Su empresa, Happy Dog, no solo lleva el nombre de su perro más feliz, sino que encapsula su filosofía. Aquí no se trata de corregir con gritos o imposiciones, sino de guiar con paciencia y respeto. En Happy Dog hay entrenamiento, clases de Disc-Dog, consultas etológicas y una variedad de accesorios y juguetes diseñados para estimular a los perros. Todo tiene un propósito: hacer que cada perro y su familia vivan en armonía.
En su consulta, Andrés atiende casos que van desde la ansiedad por separación hasta agresividad por miedo. Explica que muchos problemas de conducta no son meros caprichos de los perros, sino señales de algo más profundo. “Cuando el perro es cachorro y empieza a hacerse pipí o popó en la casa, no es un tema etológico sino de adiestramiento. Pero si es adulto, se queda solo y empieza a hacer sus necesidades por toda la casa, ahí sí es un tema etológico”, señala. Sabe que cada caso es único y que la clave está en entender las raíces del comportamiento.
Para él, la etapa más crucial en la vida de un perro es el primer año. Es ahí donde se construyen los cimientos de su personalidad, donde los temores pueden transformarse en miedos si no se manejan correctamente. “Por ejemplo, un perro que de cachorro se asusta con un ruido fuerte y su familia lo palmetea o lo consiente, sin darse cuenta refuerza ese temor. Con el tiempo, ese temor se convierte en miedo y después del año aparecen las fobias, como el miedo a los truenos, la pólvora o ciertos sonidos”.
En el albergue El Arca, de la Estrella en Antioquia, donde Andrés es el etólogo, los perros que han sido rescatados de abandono o maltrato encuentran en él un aliado para sanar. Sus métodos, basados en la etología y en el respeto por la naturaleza del perro, han permitido que muchos animales con traumas profundos puedan encontrar una segunda oportunidad. Allí́, con la paciencia de quien entiende que el tiempo es clave, observa, analiza y guía a los perros hacia la estabilidad.
Los ladridos, aullidos y comportamientos erráticos que para muchos son solo problemas de convivencia, para Andrés son un lenguaje claro. “Las vocalizaciones excesivas, el perro que ladra y ladra todo el tiempo, o que empieza a hacer daños en la casa cuando su familia se va, son señales de una ansiedad por separación que debe tratarse desde la Etología”.
Su trabajo no se limita a consultas o entrenamientos. Es una labor de educación constante, enseñando a las personas a leer a sus perros, a entender que el vínculo no se construye con castigos sino con comunicación. Porque al final del día, su misión no es solo ayudar a los perros, sino transformar la relación entre ellos y sus humanos, creando conexiones más profundas y felices.
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Copacabana pone fin a 30 años de espera: inaugura su primer INDER y revoluciona el deporte local
Copacabana revoluciona su deporte: luego de tres décadas, crea un instituto con autonomía para gestionar recursos, impulsar talentos y transformar el acceso a la actividad física.
Después de 30 años de funcionamiento, la Junta Municipal de Deportes de Copacabana deja de existir. En su lugar, surge el Instituto de Deporte y Recreación (INDER Copacabana), una transformación que promete revolucionar el acceso, la gestión y el desarrollo del deporte en el municipio. Con 13 votos a favor de los 15 concejales, este cambio no solo moderniza la estructura deportiva local, sino que le da al municipio herramientas reales para impulsar el talento y la actividad física.
El INDER Copacabana no será solo un nuevo nombre, sino una entidad con autonomía para gestionar recursos, financiar proyectos y entregar incentivos a deportistas y clubes. Su misión es clara: fortalecer la cultura deportiva desde la infancia hasta la adultez, promoviendo hábitos saludables y garantizando el acceso equitativo a los espacios deportivos.
El alcalde de Copacabana, Johnnatan Pineda Agudelo, aseguró que “El INDER nos permitirá crear alianzas público-privadas para traer desarrollo y fomento deportivo al municipio, junto a otro importante logro como lo es la creación de la tasa pro-deporte que tiene recursos de destinación específica para este sector”.
Por primera vez, la reglamentación del uso de escenarios deportivos estará en manos de una entidad con poder de decisión, asegurando su óptimo aprovechamiento. Además, el INDER establecerá normas claras para la organización de torneos y competencias, así como la entrega de estímulos económicos a quienes representen al municipio en eventos deportivos de alto nivel.
María Clara Bustamante, designada como nueva gerente del INDER, dijo que “hoy es un día que quedará marcado en la historia, la creación del INDER es motivo de orgullo y alegría, y es un paso trascendental que nos posiciona como un nuevo referente”.
El cambio también traerá una Junta Directiva más eficiente y especializada, que garantizará una mejor administración de los recursos y una planificación estratégica a largo plazo. Con esta transformación, Copacabana apuesta por un futuro donde el deporte no solo sea una actividad recreativa, sino un motor de desarrollo social y bienestar para toda la comunidad.
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Sobrevivió́ a lo imposible: “morí y volví a nacer”, la impactante historia de Jorge
Jorge Andrés Quintero Jaramillo fue inducido a coma después de un accidente en el oriente antioqueño que lo dejó sin habla, sin movimiento y con un pronóstico devastador. Le dijeron a su madre que se preparara para despedirlo, pero ella se aferró a su fe. Hoy, contra todo pronóstico, volvió a caminar, a hablar y a vivir. Ahora se está formando como preparador físico, decidido a recuperar todo lo que la vida casi le arrebata.
El cuerpo de Jorge Andrés Quintero Jaramillo quedó inerte sobre el asfalto aquella madrugada del 3 de agosto de 2023. Su rostro destrozado, la mandíbula fracturada en tres partes y un trauma craneoencefálico lo sumió́ en la inconsciencia. No respiraba, reaccionaba. Los médicos que lo atendieron pensaron que estaba muerto. Pero, de repente, en medio del caos y la desesperación, una de sus manos se movió́.
Fue esa mínima señal de vida lo que hizo que el equipo médico actuara de inmediato. Lo reanimaron, lo intubaron y lo indujeron a un coma. En cuestión de minutos, Jorge pasó de ser un cuerpo sin esperanzas a un paciente en estado crítico. Mientras tanto, su madre recibía la llamada que ninguna madre quiere recibir: su hijo estaba al borde de la muerte.
El accidente ocurrió́ en la vía La Ceja – Rionegro, dejando a cuatro heridos. De todos, él era el más grave. Una ambulancia que pasaba por la zona fue su primera salvación, trasladándolo de urgencia a un hospital cercano. Pero su pronóstico era devastador: “nos dijeron que nos preparáramos para lo peor”, recuerda su madre.
Durante varios meses, Jorge estuvo atrapado en un cuerpo inmóvil. Un mes en un hospital, otro en la clínica Sómer de Rionegro. Mientras él luchaba en silencio por sobrevivir, su familia enfrentaba otro golpe: su abuelo falleció́. Justo ese día, a Jorge le dieron el alta, pero en condiciones desgarradoras.
El joven de 25 años había dejado de ser quien era. Perdió́ la movilidad, el habla y cualquier capacidad de movimiento. Perdió 45 kilos. Era un cuerpo frágil, dependiente de una sonda para alimentarse. Los médicos le dijeron a su madre que eran pocas las esperanzas y que averiguara funerarias. Pero ella se negó́. “Yo tengo fe. Mi hijo va a volver a caminar”, respondió́.
Jorge volvió́ a casa, pero no como cualquiera regresa. Lo trasladaron en ambulancia, en estado vegetativo, con la certeza médica de que nunca volvería a ser el mismo. Su madre, sin embargo, no aceptó esa sentencia. Aprendió́ a cuidarlo, a alimentarlo, a mover sus extremidades rígidas. Día y noche, sin descanso, convirtió́ su hogar en una sala de rehabilitación.
Lo que los médicos daban por imposible comenzó́ a suceder. Primero, Jorge logró comer sin necesidad de una sonda. Luego, pudo sentarse en una silla de ruedas. Un día, con ayuda, logró ponerse de pie. Más adelante, dio su primer paso.
Pero la recuperación no fue fácil. Cada avance traía consigo un nuevo reto. Aprender a hablar de nuevo fue una de las pruebas más difíciles. “Al principio, cuando me quitaron la traqueostomía, tenía un huequito que, si no me lo tapaba así́, yo hablaba y no me salía nada porque se me iba todo el aire”, recuerda.
Con el tiempo, cada pequeño logro lo acercaba más a la vida que había perdido. Y con cada paso, su percepción de la vida cambió. “Ahí́ sí supe cuál es el significado de la familia”, dice con la voz cargada de emoción.
Hoy, después de meses de esfuerzo, ha recuperado el habla, camina cada vez mejor y hasta volvió́ al gimnasio. No solo está de pie, sino que se está́ formando como preparador físico, convencido de que su historia es una prueba de fortaleza. “Primero Dios, segundo cómo uno piense y tercero: la disciplina que uno le ponga a los objetivos que uno quiere”, asegura.
Pero si hay alguien que nunca lo dejó caer, fue su madre. Jorge lo tiene claro: “mi mamá es mi guerrera. ¿Qué seria de mí si no te tuviera a ti al lado?”.
Él no es el mismo joven que se subió́ aquel 13 de agosto al asiento del copiloto. Algo en él cambió para siempre. “Ustedes conocían al loco de antes que no creía en Dios. Ese día se murió́ y nació́ una persona totalmente diferente”, afirma.
Contra todo pronóstico, venció́ a la muerte y volvió́ a nacer.
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Itagüí sin hambre: un salvavidas para los más vulnerables
La Alcaldía ha puesto en marcha una estrategia para garantizar alimentación digna a las poblaciones más vulnerables, con comedores comunitarios, entrega de paquetes alimentarios y tamizajes nutricionales en la primera infancia.
Garantizar el acceso a una alimentación digna y saludable para las poblaciones más vulnerables es una de las prioridades en Itagüí. Para ello, la Alcaldía ha puesto en marcha diversas estrategias enmarcadas en su Política Pública de Seguridad Alimentaria y Nutricional, proyectada hasta 2031.
Una de las acciones más importantes es la implementación de cinco comedores comunitarios en los barrios El Guayabo, San Isidro, La Santa Cruz, San Francisco y Calatrava. Allí, cerca de 400 personas en situación de vulnerabilidad, entre niños, adultos mayores, personas con discapacidad y habitantes de calle, reciben diariamente un plato de comida. Solo en lo que va del 2024, estos espacios han servido 72.930 raciones.
Además, para apoyar a familias de bajos recursos, se han entregado 8.530 paquetes alimentarios con productos básicos como arroz, pasta, aceite y alimentos ricos en proteínas. A esto se suman las asesorías permanentes para la implementación de huertas urbanas y rurales, promoviendo el autoconsumo y la alimentación saludable.
El alcalde de Itagüí, Diego Torres dijo que “la seguridad alimentaria es un derecho fundamental y es nuestra responsabilidad como administración promover que las personas en situación de vulnerabilidad tengan acceso a alimentos adecuados para su salud. A través de estos programas, buscamos no solo combatir el hambre, sino también mejorar la calidad de vida de nuestros 300.000 habitantes”.
Otro eje clave de esta estrategia son los tamizajes nutricionales en la primera infancia. El año pasado, se realizaron cerca de 800 valoraciones a niños de jardines infantiles e instituciones educativas públicas y privadas, con el objetivo de detectar casos de desnutrición aguda, malnutrición, sobrepeso u obesidad. Con estos resultados, se han implementado las atenciones y remisiones necesarias para mejorar la salud de los menores.
Con estas iniciativas, Itagüí sigue avanzando en su compromiso de garantizar el derecho a la alimentación y mejorar la calidad de vida de sus habitantes.
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“Le pedimos a Dios fortaleza para perdonar”: familia de adulta mayor fallecida, tras ser atropellada
Fabiola Jaramillo de Arango tenía 89 años, cinco nietos y una vida que terminó de la forma más absurda e injusta: atropellada y abandonada en una silla de Itagüí por el mismo hombre que la arrolló. No la llevó a un hospital, no esperó a que llegara una ambulancia. Solo la acomodó como si con eso pudiera aliviar su culpa y desapareció. Hoy, mientras su familia le daba el último adiós en sus exequias, el dolor se mezclaba con la indignación. Parientes confirmaron en Exclusivo Colombia que el conductor se presentó ante las autoridades, pero la pregunta sigue en el aire: ¿por qué huyó?
Fabiola Jaramillo de Arango tenía 89 años y una vida llena de historias. Era madre, abuela y una mujer que aún conservaba la costumbre de salir a tomar el aire en las tardes. Un día, esa rutina se convirtió en tragedia. Salió de su vivienda y, en cuestión de segundos, fue atropellada por un vehículo. El conductor, un hombre cuya identidad aún no se ha revelado públicamente, no la llevó a un hospital, no esperó a que llegara una ambulancia. La acomodó en una silla, pidió “auxilio” y desapareció. “Lo único que hizo fue bajarse, pedir ayuda y luego se fue”, cuenta un familiar con voz entrecortada. No sabemos qué pasó por su cabeza. ¿Cómo alguien puede abandonar a una persona en esas condiciones?”.
La silla en la que la dejaron se convirtió en su último refugio antes de que la vida se le escapara.
La familia recibió la noticia con incredulidad. “No entendemos cómo pudo pasar algo así. Era una persona mayor, indefensa. Ni siquiera se aseguró de que estuviera bien”, lamentan.
Exclusivo Colombia conoció que el conductor se entregó a las autoridades. Sin embargo, su huida inicial dejó muchas preguntas sin respuesta. ¿Fue miedo? ¿Indiferencia? ¿Pensó que podía escapar de la responsabilidad?
El caso de Fabiola Jaramillo de Arango no es solo una tragedia personal. Es el reflejo de una realidad donde la negligencia y la falta de empatía pueden costar vidas. Hoy, su familia busca respuestas y justicia. No quieren que su muerte quede en el olvido, como una historia más en la larga lista de víctimas de conductores que huyen.
Su doloroso caso es ahora un símbolo de la ausencia, del dolor y de la exigencia de que la justicia haga su parte. Porque nadie debería ser atropellado y dejado atrás como si su vida no importara.
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Dolor y tragedia: dos menores se quitan la vida el mismo día
Uno de los dos devastadores casos que hoy sacude a Medellín y Bello se reportó en el Hospital Mental de Antioquia, donde un joven de 14 años, con un historial de depresión y trastornos conductuales, fue hallado sin vida en un baño. Las muertes ponen en evidencia la cruda realidad de la salud mental en los adolescentes.
Medellín y Bello fueron escenario de una tragedia que dejó a dos familias devastadas: la muerte de dos menores por suicidio el mismo día. Los dos casos, aunque distintos en sus circunstancias, comparten un dolor común: el sufrimiento invisible que atraviesa la juventud colombiana y la urgente necesidad de visibilizar y tratar los problemas de salud mental en los adolescentes.
El primer caso ocurrió en el Hospital Mental de Antioquia, en Bello, donde un menor de 14 años, fue hallado sin vida en el baño de su habitación. A pesar de los esfuerzos de los enfermeros por reanimarlo, su vida no pudo ser salvada. Según los informes iniciales, el joven estaba siendo tratado por un episodio depresivo grave y un trastorno opositor desafiante, entre otros diagnósticos, lo que lo llevó a ser aislado en una habitación individual debido a su comportamiento. El joven, cuya historia es dolorosamente similar a la de muchos adolescentes que atraviesan momentos difíciles, era uno de los pacientes que recibía atención especializada en el hospital. Aunque los profesionales de salud mental intentaron brindarle el apoyo necesario, el joven no pudo superar su sufrimiento.
Pocas horas después, la comuna 7 – Robledo de Medellín, fue escenario de otro acto de desesperación. Un menor de 17 años, fue encontrado sin vida por sus padres en el balcón de su hogar. Según el reporte, el joven sufría de depresión, aunque no se habían conocido previamente detalles que pudieran haber permitido intervenir antes de la tragedia. Este suceso dejó a su familia y amigos en un profundo dolor, sumidos en la incertidumbre de si algo más se podría haber hecho para prevenir su muerte.
Ambos casos han puesto en evidencia la fragilidad emocional de los adolescentes en un contexto donde la salud mental sigue siendo un tema tabú en muchas comunidades. La depresión juvenil y los trastornos mentales son cada vez más comunes entre los jóvenes colombianos, pero la falta de acceso a servicios de salud mental adecuados y la estigmatización que aún existe alrededor de la enfermedad mental dificultan la búsqueda de ayuda y tratamiento.
En desarrollo.
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Su cuerpo se paralizó, su espíritu nunca se rindió: la historia de un antioqueño que venció al Guillain-Barré
Julián Alonso Pérez se despertó como cualquier otro día, pero en cuestión de horas su cuerpo dejó de responderle. La parálisis lo atrapó mientras los médicos ignoraban su urgencia. Sin embargo, el agua, que alguna vez fue su pasión, se convirtió en su salvación. Con cada brazada, le ganó la batalla a la enfermedad.
El 2 de septiembre de 2023, Julián Alonso Pérez se despertó sintiendo un cansancio extraño, como si el peso del mundo se hubiera instalado en su cuerpo. No le dio demasiada importancia. Pensó que tal vez era el trabajo o el estrés de la cotidianidad. Intentó caminar, pero algo no estaba bien. En cuestión de segundos, la fuerza en sus piernas y manos desapareció como si alguien le hubiera apagado un interruptor “di unos pasos y cuando me senté, perdí la fuerza en las piernas y en las manos”, recuerda con nostalgia, porque ese fue el instante exacto en el que su plan de vida se interrumpió.
El miedo lo envolvió. Intentó mover los dedos, pero no respondieron. Quiso levantarse sin éxito, pero su cuerpo no le obedecía. Se obligó a pensar que sería algo pasajero, un malestar temporal, pero en el fondo sabía que algo más estaba ocurriendo. Su padre llegó de inmediato y al verlo tan frágil, sin poder sostenerse en pie, lo llevó a urgencias del Hospital Pablo Tobón Uribe. Julián confiaba en que allí encontrarían respuestas. Sin embargo, la indiferencia fue lo primero que encontró “llegó mi papá, me llevó al hospital al Pablo Tobón, el médico me atendió, luego dijo que no era una urgencia, entonces me sacó del hospital. Yo estaba paralizado por completo, no tenía fuerza. Entonces mi padre me llevó como pudo a la sede de urgencias en el barrio Córdoba. Allá me tuvieron desde las 8 de la mañana, me revisaron cuatro médicos y ninguno descubría mi diagnóstico”.
¿Cómo podía no ser una urgencia perder la movilidad en cuestión de horas? ¿Cómo podía un cuerpo, que hasta el día anterior nadaba con destreza, ahora no responder? Pero los médicos lo dejaron ir. Su padre, angustiado, no se rindió. Lo llevó a otro centro asistencial, esperando que alguien comprendiera la gravedad del asunto. Cuando finalmente lo trasladaron a la clínica Fundadores, una neuróloga lo examinó y, sin dudarlo demasiado, concluyó que lo suyo era estrés “al comienzo la neuróloga me dijo que era un nivel de estrés alto”.
Pero Julián sabía que no era estrés. Su cuerpo se estaba rindiendo y él no podía hacer nada para detenerlo. La enfermedad avanzaba sin tregua y luego, cuando intentó desayunar, la angustia se convirtió en terror “después me llevaron el desayuno y mi tráquea estaba cerrada, ya no podía comer ni siquiera un huevo, tampoco agua, me ahogaba con todo, entonces volvieron a llamar a la neuróloga y me trasladaron para una UCI”.
El tiempo se convirtió en un enemigo. A cada hora que pasaba, su cuerpo se paralizaba más. Sus piernas eran dos bloques de cemento, sus brazos no le obedecían, y luego llegó lo impensable: su rostro también empezó a apagarse “al domingo, es decir, casi una semana después dijeron que efectivamente adquirí el síndrome de Guillain Barré. Yo estaba paralizado, también se me paralizó la cara. Fue otro momento traumático. Lloré, fue algo muy duro”.
El síndrome de Guillain-Barré había atacado sus nervios y le estaba arrebatando todo. El hombre fuerte que entrenaba en el agua ahora dependía de otros para absolutamente todo. No podía moverse, no podía comer solo, no podía sostenerse en pie. En sus momentos más oscuros, llegó a pensar que nunca volvería a hacerlo.
Pero Julián no estaba dispuesto a rendirse “contraté a un terapeuta para que me ayudara y poder moverme con toda la actitud. Luego me fui para la finca de un familiar y en la piscina comencé a hacer terapia”.
El agua, que antes era su campo de batalla en el Rugby acuático, se convirtió en su refugio. Allí, donde su cuerpo no pesaba tanto, comenzó a recuperar pequeños movimientos. Al principio apenas podía flotar, luego empezó a mover lentamente los brazos y las piernas. Pero el camino estuvo lleno de obstáculos “tuve muchas caídas que me retrocedieron mucho en mi proceso, estuve casi quieto varios días porque me había jodido un tobillo, entonces no podía ponerme de pie”.
Cada caída era una prueba de fuego. Cada dolor, un recordatorio de que la recuperación no sería rápida ni sencilla. Pero si algo tenía claro era que no estaba solo “la ayuda de Dios fue indispensable, mi papá y mi mamá que fueron incondicionales. Ellos estuvieron atentos, moviéndome y haciéndome cosas, también mis hermanas, mi mejor amiga que se llama María Luisa Ramírez estuvo pendiente de mí mucho tiempo y era la que me movía, la que me activaba, la que me hacía reír. Después llegó una prima quien estuvo pendiente todo el tiempo; todos los del grupo Rugby estuvieron súper pendientes, Santiago fue uno de los que estuvo más pendiente”.
Con paciencia, y con el apoyo de quienes nunca lo dejaron solo, Julián logró su primera gran victoria: ponerse de pie, aunque fuera con ayuda “luego tuve el soporte de un aparato que me sostenía de pie, entonces no me dejaba caer. Con eso también empecé el ejercicio para caminar”.
Pero los triunfos que más lo llenaban de emoción no eran los grandes avances físicos, sino los pequeños momentos de independencia que la enfermedad le había arrebatado “en diciembre fue la primera vez que pude cocinar. En enero cogí por primera vez un carro y en febrero empecé a nadar. Yo llegaba en silla de ruedas, entonces todo el mundo me apoyaba y me ayudaba a meterme a la piscina y así me fui recuperando”.
El club Medellín Underwater no solo le abrió las puertas, sino que le devolvió la esperanza. En cada entrenamiento, rodeado de compañeros que lo apoyaban, encontró la fuerza para seguir adelante. El agua, que alguna vez fue su refugio, se convirtió en su mayor aliada para vencer la enfermedad. Allí, entre brazadas y esfuerzo, recuperó no solo su movilidad, sino también las ganas de seguir luchando.
Cocinar. Conducir. Nadar. Acciones que para cualquiera pueden ser simples, para él eran pruebas de que estaba recuperando su vida. Pero su historia aún no termina. Su cuerpo, aunque más fuerte, sigue en un proceso de recuperación. Y él, que ya ha logrado lo imposible, no tiene dudas de lo que viene “los dos próximos objetivos que tengo es correr y subir escalas”.
Y lo logrará. Porque Julián es la prueba de que la voluntad puede ser más fuerte que cualquier enfermedad, que el cuerpo puede rendirse, pero el espíritu nunca, que, aunque la vida le haya dado el golpe más duro, él se ha levantado. Y seguirá haciéndolo, hasta volver a correr.
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Durango y Abogados, junto a Arias y Pereira Abogados, expande su presencia internacional con la apertura de su primera oficina en Miami
La firma legal Durango y Abogados, S.A.S. en asociación con Arias y Pereira Abogados, ha inaugurado su primera sede en Estados Unidos, ubicada en el 2600 S. Douglas Road, STE 1004, Coral Gables, FL 33134. Este paso estratégico responde a la creciente demanda de servicios legales transfronterizos, especialmente en un entorno global donde la comunidad hispana y clientes internacionales requieren asesoría especializada en cuestiones complejas.
La nueva oficina se establece en Miami, uno de los principales centros financieros y culturales del país, lo que la posiciona de forma ideal para atender casos de alta complejidad. Con esta expansión, las firmas buscan ser un puente legal entre América Latina y el mercado estadounidense, ofreciendo soluciones integrales en áreas críticas del derecho.
Dentro del equipo de Durango y Abogados se destaca el liderazgo del reconocido abogado penalista Iván Durango, experto en extradición. Su vasta experiencia y trayectoria en la defensa de casos de alto impacto han cimentado la reputación de la firma como referente en el ámbito legal internacional. Durango ha sido fundamental para desarrollar estrategias de defensa sólidas y efectivas, lo que le ha permitido asesorar a clientes en procesos judiciales que trascienden fronteras.
La firma se especializa en diversas áreas, entre las que se encuentran:
• Extradición
• Delitos relacionados con drogas
• Delitos sexuales
• Delitos violentos
• Crímenes de cuello blanco
• Derecho migratorio (incluyendo visas de inmigrantes y no inmigrantes, asilo, green card, naturalización y defensa en deportación)
Estas líneas de práctica están diseñadas para abordar los desafíos legales más complejos, desde casos penales hasta litigios internacionales. La combinación de experiencia y conocimiento en distintas ramas del derecho permite a la firma ofrecer asesoría de alto nivel y soluciones personalizadas para cada situación.
La apertura de esta sede en Miami no solo refuerza el compromiso de Durango y Abogados y Arias y Pereira Abogados con la excelencia, sino que también amplía su capacidad de respuesta ante situaciones transfronterizas.
Esta expansión se produce en un momento en que la interconexión global exige un enfoque multidisciplinario y coordinado en el campo legal. La nueva oficina permitirá a la firma coordinar esfuerzos con organismos internacionales, facilitando la gestión de casos complejos que involucran jurisdicciones múltiples y retos legales innovadores.
Con una visión clara de crecimiento y adaptación a un mercado legal en constante evolución, Durango y Abogados y Arias y Pereira Abogados se posicionan para liderar la asesoría legal en el ámbito internacional. La apertura de esta sede es el reflejo del compromiso inquebrantable de la firma por brindar servicios legales de alta calidad, reafirmando su misión de garantizar justicia y protección para sus clientes en cada etapa de sus procesos judiciales.
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“Dicen el cómo pero no el porqué”: piloto que encontró aeronave siniestrada en Urrao, tras informe preliminar de la Aerocivil
Bajo el manto de la niebla en el Páramo de Piedras Blancas, en Urrao – Antioquia, una aeronave se estrelló, dejando 10 muertos y un enigma sin resolver. El informe preliminar de la Aerocivil detalla cifras y protocolos, pero el piloto, Miguel Gnecco, quien encontró la aeronave en medio de la selva sostiene que, tras esos números, se ocultan interrogantes fundamentales sobre las causas reales del accidente.
Tras el informe preliminar revelado por la Aerocivil sobre el accidente aéreo en el Páramo de Piedras Blancas en Urrao – Antioquia, que dejó 10 muertos el pasado 8 de enero, Miguel Gnecco, el piloto que avistó la aeronave en medio de la selva, hizo un análisis detallado del documento. Según Gnecco, el reporte resulta excesivamente superficial “es un documento que explica a simple vista lo que cualquier persona con acceso a la información básica ya conoce: se describe el cómo, pero no se profundiza en el porqué”, afirmó el piloto. Para él, a pesar de que se evidencian ciertos hechos, faltan detalles fundamentales sobre las causas reales del accidente, lo que deja muchas preguntas sin respuestas.
Uno de los puntos críticos que destacó fue la discrepancia en la altitud de vuelo “lo que se ve claro es que, aun volando bajo reglas visuales (VFR), la aeronave nunca alcanzó la altitud estipulada en el plan de vuelo. En lugar de llegar a los 11.500 pies, se limitó a 11.200”, explicó Gnecco. Este dato resulta alarmante, ya que poco después inició un descenso en condiciones que no eran del todo visuales, lo que culminó en un impacto fatal contra un cerro, mientras la aeronave se encontraba entre nubes.
El análisis revela además que, a 40 millas de Medellín, el último reporte de la torre indicaba que deberían haber mantenido al menos los 11.500 pies, pero la investigación muestra que ya venían descendiendo. En la ruta, a la izquierda se encuentra el cerro El Burro a 12.000 pies y, más adelante, a la derecha, el cerro San José, también a 12.000 pies. Entre ambos, existen elevaciones que alcanzan los 10.000 pies “nadie entiende por qué volaban a 9.500 pies, aún en plena trayectoria entre esos cerros”, cuestionó Gnecco, quien también se sorprendió por la falta de advertencia por parte de la torre de control, que conocía la altitud y velocidad de la aeronave.
El piloto enfatizó que, si bien el informe insiste en que no se busca asignar culpabilidad, es inaceptable que alguien deba rendir cuentas en un accidente que cobró 10 vidas y destruyó una máquina valorada en casi medio millón de dólares “las víctimas y sus familias tienen derecho a conocer no solo el cómo, sino el porqué de lo ocurrido”, insistió.
El análisis de Gnecco se apoya en cifras reveladoras:
• La aeronave despegó y a los 5 minutos de vuelo se registró un reporte en ascenso.
• 32 minutos después del despegue, el radar mostró que alcanzó su máxima altitud de crucero, 11.200 pies, en lugar de los 11.500 indicados en el plan de vuelo.
• Siete minutos más tarde, la altitud descendía a 10.650 pies mientras aún se encontraba a unas 36 millas de Medellín.
Estas cifras abren una serie de interrogantes:
• ¿Por qué inició el descenso estando aún entre cerros, sin haber sobrepasado la zona de peligro?
• ¿Se debió a una falla en la aeronave o fue un error humano?
• ¿Qué motivó que nunca se mantuviera la altitud de crucero estipulada?
• ¿Por qué la torre de control, conociendo la situación, no advirtió o exigió mantener la altura mínima, especialmente entre 40 y 25 millas de Medellín?
La oficina de radar confirma que el descenso comenzó prematuramente y, según los datos, en condiciones de vuelo instrumental (IMC) en lugar de visuales (VMC/VFR). Esta situación refuerza la necesidad de indagar a fondo en la secuencia de decisiones y acciones que llevaron al fatal desenlace.
Finalmente, se sabe que la aeronave fue encontrada el 9 de enero a las 15:50 en un helicóptero de Heliservice, matrícula HK 4276, casi 22 horas después del accidente. Este hallazgo, lejos de resolver las dudas, intensifica la demanda de claridad y responsabilidad.
Mientras la investigación continúa, el análisis de Miguel Gnecco plantea preguntas esenciales que requieren respuestas urgentes:
• ¿Falló la aeronave en algún componente crítico?
• ¿Por qué se inició el descenso antes de tiempo?
• ¿Qué motivos llevaron a no mantener la altitud de crucero prevista?
• ¿Debió la torre de control intervenir para evitar un descenso tan peligroso? La comunidad y las familias de las víctimas exigen una investigación rigurosa que no se conforme con lo evidente, sino que esclarezca
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