Hay 24 agentes de policía custodiando el lugar. Se han visto personas durmiendo en las zonas verdes.
Once días han pasado desde que la Alcaldía de Medellín, ahora liderada por Federico Gutiérrez, levantó las vallas que durante diez meses rodearon la Plaza Botero. Con una mirada rápida, sin mayor detalle, se puede concluir que todo sigue igual desde el retiro de las cercas: la prostitución se mantiene junto a la iglesia de La Veracruz, los turistas siguen llegando en bermudas, y en una esquina siguen poniendo las mismas canciones de Diomedes.
Hay que escudriñar un poco más, hablar con los venteros que pasan las horas bajo el sol, para notar sutiles diferencias. Lo primero que se nota al llegar es la amplitud. La entrada se ve extrañamente amplia sin las vallas. El acceso es ilimitado a la plaza, que además es un espacio público, hay que decirlo. En una tarde de miércoles, bajo los rayos del sol, una veintena de personas hacen corrillo, gritan, celebrando un juego callejero.
Las paredes exteriores de la iglesia, que recuerdan a las ciudades amuralladas del Caribe, sirven de asiento para mujeres jóvenes y viejas, flacas y barrigonas, con dientes y desdentadas, que descansan bajo la sombra esperando clientes. Fuman, tranquilas, y se cruzan de piernas, haciendo chistes a veces procaces.
Ni las vallas ni el retiro de ellas cambió en absoluto las dinámicas de la prostitución y la explotación sexual en los alrededores de Botero. Cuando se le pregunta a la gente por ese tema, miran de soslayo, escurriéndose en la conversación, y dicen que “sigue lo mismo de siempre”.
“La prostitución se mantiene junto a la iglesia de La Veracruz, los turistas siguen llegando en bermudas, y en una esquina siguen poniendo las mismas canciones de Diomedes”.
Y es que el problema del centro, como muchas veces lo ha dicho Jorge Mario Puerta, director de Corpocentro, es que no se atacan los problemas de raíz. Como ha pasado en otras zonas, se arregla la infraestructura, se instalan bancas y mesas, pero los problemas sociales continúan o se agravan. Eso pasó en Botero, y basta una mirada para darse cuenta de ello.
Hablan los venteros
Jorge Arias, un vendedor ambulante asociado a Asobotero, dice que la plaza se siente tranquila, que está “una chimba”. Hasta ahora, pasados once días del retiro de las vallas, dice que la calma se ha mantenido. Y es cierto, los turistas se toman fotos en las 23 esculturas de Fernando Botero, caminan con despreocupación.
La estrategia de la alcaldía de Gutiérrez ha sido controlar el espacio público y poner policías para que vigilen el parque. Bajo los árboles, huyendo del sol de la tarde, los patrulleros levantan a los habitantes de calle que deciden meterse a dormir en los jardines. “Ellos intentan meterse, pero de una los quitan. Uf, eso ha pasado cada rato”, dice uno de los vendedores.
Pero otros no son tan optimistas. Román Agudelo, uno de los fotógrafos que pasa los días enteros en Botero, dice que, pese a la presencia de la Policía, ya se han presentado robos. “Hace unas horas robaron una bicicleta de esas de motor, de un gringo. Cuando llamaron a los policías, el ladrón ya se había volado, porque ahora sin vallas se van mucho más fácil”, comenta el fotógrafo.
Son 24 los policías que están patrullando la plaza durante el día. La presencia es constante, hay que decirlo, pero el temor de los comerciantes es que a la larga se relaje la vigilancia y el desorden vuelva. Agudelo no es optimista: “Le doy dos meses a esto para que vuelvan a meterse y esto acá esté oliendo a mierda otra vez”.
Aunque los comerciantes están de acuerdo con las vallas, buena parte de la ciudad criticó la medida y la tomó como un derecho de admisión a un espacio público que debe ser de todos. La estrategia de cerrar el espacio público se trasladó al parque Lleras, en El Poblado, con pocos resultados y muchas críticas.
En los jardines ya se han visto personas durmiendo. La Policía los retira de las zonas verdes.
Los alrededores
La plaza cerrada se convirtió en un oasis. Mientras en los interiores había pocos vendedores ambulantes y el espacio se veía limpio y seguro, los alrededores, por donde la gente camina para entrar a la plaza, bullían en medio del ruido ensordecedor, la invasión del espacio público, el consumo y la venta de drogas.
A la Plaza Botero la rodean los barrios Estación Villa y La Candelaria. En ambos los homicidios se incrementaron un 20% y un 12% respectivamente durante 2023, cuando las vallas estuvieron puestas. En el caso de los hurtos, se presentó una situación similar. Solo en el barrio La Candelaria, según el SISC, se documentaron 3.765 casos de hurto, un aumento del 18.5%, y en Estación Villa, se produjeron 616 casos, un aumento del 7.5%.
Durante el cierre, además, los alrededores se llenaron de ventas ambulantes irregulares. Eso aumentó el tránsito de personas y la suciedad. El CAI de la Policía, que está bajo el metro, se convirtió en un baño público maloliente, lleno de charcos de orines rancios y mosquitos.
La realidad hoy es diferente. Esa zona fue despejada en los primeros días de la nueva administración y hoy se puede caminar por allí con tranquilidad. Pero pasó lo mismo que con las vallas: los problemas se movieron solo unos metros. Bajo el viaducto, junto a los murales de Pedro Nel Gómez, están arrumados todos los venteros que fueron removidos de sus espacios.
La zona se convirtió en un verdadero tumulto en el que vendedores con permiso y sin él aprovechan el espacio. Se hizo tan intransitable como la parte que lindaba con las vallas.
Es pronto para sacar soluciones sobre el retiro de las vallas, pero una cosa queda clara: con o sin ellas, los problemas siguen ahí, moviéndose apenas unos metros.
Nelson Flórez reveló en Exclusivo Colombia detalles del servicio exequial del hombre más temido del país, en la década de los 90.
Lleva 32 años dedicado a los servicios funerarios, conoce cada historia que ha ingresado a los pasillos de reconocidas empresas exequiales de Medellín y su memoria es exacta para recordar que hay detrás de cada muerte.
Nelson Flórez Madrid tiene 60 años y lleva la mitad de su vida acompañando la “muerte”. Actualmente se desempeña como director de servicios y ejecutivo comercial de la Funeraria San Juan Bautista de Medellín. Es, quizás, uno de los hombres más experimentados en una profesión que a diario se cruza con el dolor, el llanto e incluso la resistencia emocional.
Tras cumplirse los 30 años de la muerte de extinto capo colombiano, Pablo Escobar, narró como asumió la responsabilidad de su entierro, las presiones de la familia, la prensa, las autoridades, el valor de las exequias e incluso el estado en el que fue recibido el cuerpo.
Dejaron obras literarias y arquitectónicas, pero hoy poco visitan sus tumbas y están cayendo en el olvido.
El cementerio San Pedro no está rodeado de cipreses sombríos, como en los poemas, ni sus alrededores son campos desiertos o tristes. Está en medio de la ciudad, sembrado con pinos y palmeras que le dan cierto aire de tropicalidad. Desde la rotonda central, donde descansan los muertos ilustres, se ve la comuna Nororiental, que destella antes del atardecer.
Hay placas de mármol suntuosas, muy barrocas, que recuerdan a personas encumbradas de la historia de la ciudad. Casi en el centro está Pedro Justo Berrío, en cuyo honor se bautizó el parque más emblemático de Medellín. Muy cerca de allí está Jorge Isaacs, autor de María, la novela romántica de América. Hasta ese lugar llegaron sus restos en 1904, nueve años después de su muerte. Pero esa es otra historia.
El ilustre recién llegado es don Tomás Carrasquilla, el del Ánima sola. Después de 35 años, cuando fue sacado para llevarlo a la Basílica Metropolitana, volvió al San Pedro el 19 de abril de 2023, en las manos de Gustavo Álvarez Guardiazábal. Su tumba está coronada por un busto en el que resalta la cara seria, aunque de mirada irónica, del escritor.
Pero esta pequeña crónica no es para mencionar a los muertos que todos llegan buscando. En el cementerio hay 44.000 posesiones, es decir, osarios, cenizarios y bóvedas. No todos están llenos, por supuesto, y cada tanto se hacen exhumaciones. El cálculo es que en el cementerio hay 30.000 cuerpos. Hay galerías llenas de personas jóvenes, cuyas vidas se truncaron por la violencia o accidentes de tránsito. Muertos nacidos en 2005, que apenas estaban empezando a vivir.
Fernando Estrada era masón. El Palacio Egipcio, construido en Prado Centro, fue un capricho suyo que persiste hasta hoy.
El director ejecutivo del San Pedro, Juan José Restrepo, ha dicho varias veces que en el cementerio está la historia de la ciudad. Y no es una exageración.
Detrás de la rotonda, una de las galerías donde reposan los muertos más antiguos, está Fernando Estrada, un optómetra que dejó un singular legado a la ciudad. Estrada se fue a estudiar a París, y de allí viajó a Egipcio, donde se maravilló con la historia antigua. Se convirtió en un entusiasta egiptólogo y volvió a Medellín en la década del 20. Empeñado en construir algo como lo que había visto, se lanzó a la quijotesca construcción de un palacio egipcio en el barrio Prado de Medellín.
Pero Estrada guardaba otro misterio: era masónico. De hecho, dirigía una secta, Sol de la Montaña. El palacio fue tomado como una afrenta por los católicos, que tenían a poca distancia la Basílica Metropolitana; lo cierto es que Estrada era respetuoso de la religión, pero no escondía su pensamiento masónico.
Otro muerto ilustre que ha ido perdiendo visitantes es Juan de Dios de María Uribe, conocido como el Indio Uribe, nacido en Andes en 1859. El indio murió en 1900, es apenas lógico que su recuerdo, con el pasar de más de un siglo, se haya ido diluyendo. Uribe fue liberal en una tierra de conservadores, y su pluma era panfletaria, pero apasionada y genuina. Está enterrado en la sección laica del cementerio, donde fueron llegando ateos como él, pero también putas y suicidas. Su tumba es diferente a las que la circundan: está como empotrada en la pared, como vertical.
Es lógico que el furor del periodista y pensador del siglo XIX haya decaído, pero la ciudad debe voltear los ojos, reconocerse en sus personajes, y el Indio es un espejo de lo que ha sido y no ha sido la sociedad antioqueña.
Menos inexplicable es el olvido de un muerto muy reciente, conocido por casi todos, que llegó al cementerio en 2019. Se trata de Jota Mario Valencia Yepes, el popular conductor de televisión. Jota Mario nació en Medellín en 1959 y murió en Cartagena. Uno de sus tíos era fundador de los almacenes Ley, que por mucho tiempo fueron emblema en la ciudad. El presentador hoy descansa junto a su tío.
Así recuerdan en el cementerio a ese hombre del entretenimiento:
“Hoy Jota Mario, hace parte de los hombres y las mujeres aquí enterrados, que caminaron y actuaron sobre esta tierra transformándola, enriqueciéndola, creando y compartiendo cultura. Su lucha o proyecto de vida se ha convertido en nuestro patrimonio: un legado diverso, transmitido a los descendientes mediante la evocación de su materialidad funeraria, expresada en nombres, familias, fechas, símbolos, epitafios; obras artísticas, arquitectónicas y mausoleos, erigidos como emblemas”.
Si el lector de esta crónica tiene fresco el nombre de Jota Mario, tal vez no tenga tan presente el de Clementina Trujillo, recordada como la “gran dama de la industria y el comercio antioqueño”. Pese a su legado, la tumba no es suntuosa, sino más bien común, con el retrato de una virgen. Está en la galería San Vicente y una foto descolorida es el único arreglo que tiene.
Sin embargo, hace parte importante de la historia de Antioquia. Su biógrafo, Agustín Jaramillo, cuenta que Clementina nació “mujer, mulata, pobre y fea”, es decir, con todo en su contra (para la sociedad de la época) y aún así logró convertirse en una empresaria exitosa. Fue la fundadora de la cadena de almacenes Primavera, símbolo antioqueño hasta la década de los 90, y también creó la Fábrica de Camisas Primavera.
A través de las historias de los habitantes del San Pedro se entiende un poco el devenir de Medellín y Antioquia. Guerras civiles, desengaños, traiciones, reconocidas obras literarias, casas discográficas exitosas, todo está ahí, en el cementerio donde crecen los pinos y las palmeras, a espaldas de la comuna nororiental.
En Medellín se han documentado al menos 5 casos recientes de “depredadores” sexuales con diferentes modus operandi. Foto: Policía Metropolitana
Los “depredadores” sexuales, o “violadores” en serie son más comunes de lo que se cree. La Fiscalía General de la Nación, solo entre 2020 y 2023, identificó 40 casos, varios de ellos en Medellín, al menos 8 de los cuales obedecían a victimarios reincidentes. ¿Cómo actúan?
Las víctimas de estos delincuentes generalmente tienen características comunes. En muchos casos los rangos de edad, color del cabello, contextura física o el color de piel, son determinantes en el accionar de los llamados “depredadores”, delincuentes, que según las investigaciones más recientes de la Fiscalía General de la Nación, obedecen a modus operandi, en los que la principal herramienta es la intimidación.
Uno de los más sonados casos ocurrió precisamente en Medellín y terminó a finales de 2023, con una condena de 24 años contra el agresor de al menos 12 mujeres de entre los 14 a los 34 años. El hombre fue identificado como Andrés Felipe Castrillón Zapata, de 34 años, un sujeto calificado por los investigadores como solitario y violento, que escogía a sus víctimas tras seguirlas y observar sus rutas habituales y repitiendo la misma conducta de infringir el terror para obtener la indefensión por físico miedo.
Los casos, conocidos por una fiscal del Centro de Atención Integral a Víctimas de Abuso Sexual (Caivas) de Medellín, se compilaron entre diciembre de 2020 y diciembre de 2021, todos con una actuación similar del agresor, quien se acercaba a las mujeres y adolescentes para intimidarlas, se hacía pasar como miembro de las bandas delincuenciales conocidas como “Convivir” y las amenazaba con un cuchillo.
En cámaras de videovigilancia quedó grabado el hombre mientras acechaba a una de sus víctimas. Foto: Cortesía
Así precisamente lo relata la directora Seccional de Fiscalías de Medellín, Yiri Milena Amado:
“Es el caso de una asaltante sexual, en diferentes lugares de la ciudad de Medellín. Estamos hablando por el Jardín Botánico, el centro de Medellín, el Parque San Antonio, por el Estadio y por el sector Floresta. Se les acercaba, les pedía a la hora, o les se les acercaba con algún pretexto e inmediatamente estaba cerca de ellas, las intimidaba con arma. Les decía que él hacía parte de una organización criminal que no estaba solo. Una vez las sometía este hombre las amenazaba y las conducía a hoteles, a moteles o a lugares oscuros donde les realizaba tocamientos de carácter sexual, actos de carácter sexual e incluso accesos canales violentos. Las hurtaba, les las despojaba de sus bienes”.
Escurridizo “depredador”
Exclusivo Colombia tuvo acceso al expediente de la investigación que terminó con la condena de Andrés Felipe Castrillón, quien en juicio oral y ante la certeza de las pruebas no tuvo más remedio que aceptar la condena.
Los seguimientos y el aporte de los testimonios de las víctimas, con escalofriantes relatos que incluían descripciones aberrantes de los abusos del hombre contra ellas, fueron determinantes para que un equipo de la Fiscalía Seccional de Medellín y la Policía Metropolitana dieran con la captura de este hombre.
El uso de las cámaras del Sistema Integrado de Emergencias y Seguridad fue una de las herramientas para ubicar y obtener las imágenes del hombre, lugares que frecuentaba y determinar si en realidad era parte de uno de los grupos delincuenciales que actúan en el centro de la ciudad. Esto fue descartado. Era solo una forma de intimidar, de asustar sus objetivos: mujeres jóvenes, de contextura mediana, en su mayoría de cabello oscuro. También se determinó que prefería las menores de edad, colegialas.
No obstante, la captura ocurrida el 27 de febrero de 2022, ocurrió por un afortunado cambio en los acontecimientos, o mejor, en el modus operandi. Su víctima no se dejó intimidar y los gritos de auxilio alertaron a las autoridades que lograron apresar al violador, que ya tenían bien conocido en los registros.
No obstante, esa casualidad afortunada, por poco se ve frustrada. El 10 de abril de ese año, el delincuente hábilmente se provocó una herida en su mano izquierda, lo que obligó a su traslado al Hospital La María, en Castilla, para que le atendieran. Ya en el sitio y aprovechando un descuido de la guardia del Inpec, el hombre se escapó por una ventana. Solo hasta mayo de 2023, gracias a que el equipo de investigadores no se rindió, pudo ser recapturado en una vivienda del Barrio Popular, donde fue identificado por la ciudadanía que dio aviso a las autoridades
Reincidentes y peligrosos
Un investigador, que habló con Exclusivo Colombia, advierte que es un fenómeno más común de lo que se piensa.
“Los depredadores son sistemáticos. Si lo hacen la primera vez, repiten casi siempre la misma conducta y de manera frecuente. Someten a las víctimas con violencia o con intimidación, les gusta, aunque suene crudo, sumar, coleccionar las mujeres abusadas y son feminicidas en potencia. En Medellín y el área metropolitana hemos tenido ya varios casos con ese factor común”, dice el funcionario.
Según la Fiscalía General de la Nación, entre 2020 y 2023 fueron capturados y judicializados 40 asaltantes sexuales seriales, a los que se les atribuyen 97 víctimas (80 mujeres y 17 menores de edad).
Si bien, en los casos locales la acción de la justicia ha demostrado eficiencia, las modalidades de este delio se han expandido debido a las redes sociales, la llegada por miles de turistas a Medellín y la vulnerabilidad de las menores de edad, sometidas por extranjeros con engaños.
Ese es el caso del influencer “Orion Deep”, capturado el 18 de agosto pasado, justo antes de que abordara un avión para huir del país. Al hombre las autoridades lo señalan, no de unos cuantos, sino de decenas de casos de abuso sexual a menores en Medellín y en Bello. Su verdadero nombre: Krishan Agarwal, de origen indio, que ahora reposa en una celda de la cárcel Bellavista, mientras se van conociendo más y más testimonios del modus operandi de este otro depredador sexual.
Su verdadero nombre: Krishan Agarwal, de origen indio, que ahora reposa en una celda de la cárcel Bellavista. Foto: cortesía
En este caso, advierten las autoridades, el hombre, aduciendo tener una creciente empresa de modelaje, captaba jovencitas en el Metro de Medellín. Usaba como gancho, sus propias cuentas en redes sociales, con más de 3 millones de seguidores y ofrecía algún dinero para realizar castings.
No obstante, testimonios que se han ido recopilando en la investigación, han evidenciado que no solo drogaba a sus víctimas, sino que de manera sistemática grababa y comercializaba imágenes pornográficas en el exterior.
Solo en 2023, se realizaron 5 investigaciones estructurales en Medellín en casos particulares de “depredadores” sexuales y ahora, con toda la tecnología disponible, no solo en las calles de la ciudad, sino en las redes sociales y en el complejo mundo del Internet, revelarán más casos de estos, de los cuales, advierten las autoridades, apenas se está descubriendo la punta del iceberg.
El pintor tardó 40 años en retratar todos los municipios del departamento. Esta es su historia
Jairo Franco cuenta historias que se bifurcan. Teje anécdotas olvidadas, como una pelea entre conservadores y liberales en el parque de Amagá.
—Oiga, pues, se les acabaron las balas de escopeta y se acercaron para darse con machete. Jairo dice que tiene memoria desde 1955. En 1962, cuando tenía 15 años, pintó la iglesia de Amagá, el primero de los 125 municipios que retrató durante 40 años. Pero esa es otra historia que se bifurca en varias aventuras de juventud.
Tiene un programa en radio y otro de televisión. Cuenta lo que muchos olvidaron y el lema es que no son historias de oídas, sino vividas por él mismo, como una suerte de Heródoto del Suroeste
—Yo trabajo desde los ocho años—dice Jairo, sin necesidad de escudriñar demasiado sus recuerdos—. Trapeé cantinas, cargué parva para las veredas, hacía dibujos por un centavo.
Pero esta corta crónica se centra en los últimos 22 años de su vida. Es la historia de una terquedad, de un empeño inquebrantable. En 2001, Jairo presentó un proyecto a la administración municipal. En unas hojas impresas, muy seguro de sí, radicó la idea del Museo del Carbón. Justificó la importancia de tener un lugar que contara cómo se extrae este material, paso a paso, y su lugar en la historia y la cultura del municipio. Pero no le prestaron atención.
En 2004 envió una carta a Aníbal Gaviria, entonces gobernador, haciendo la misma petición. Hizo una maqueta del museo, manejada con controles y movimiento. Todavía la conserva, pero ya no es más que un trasto viejo, polvoriento, ignorado.
Jairo escribió sobre una pared el nombre de todas las víctimas de la tragedia de 1977.
Jairo sigue contando las historias que se bifurcan:
—Trabajé entre 1966 y 1969 en la mina San Fernando—dice, atropellando las palabras—. Ahí vi morir a un compañero. Le cayó encima una roca de una tonelada. Cuando la roca cayó, empecé a llamarlo, pero no me contestaba—toma un poco de aire—. Entonces me monté encima de la roca y di la vuelta. Ahí me di cuenta de que él estaba debajo.
Jairo buscó otro trabajo menos riesgoso. El 20 de octubre de 1969 entró a Coltejer, donde se convirtió en un pesebrista de fama. Para esa época ya había pintado muchos de los 125 municipios de Antioquia. Estudió Bellas Artes seis años, becado por la empresa. Se casó, tuvo hijos. Pero esas son otras historias que se bifurcan.
El inicio de los 2000 llegó con la idea del museo. Administración por administración, sin falta, radicó el proyecto, con la terquedad del que sabe que algún día vencerá. Le dijeron que sí, que la maqueta se haría realidad. Concejales y políticos le prometieron ayuda para financiar el museo. Pero, en sus palabras, “político es político”.
En ese tiempo, aunque pensando en el museo del carbón, terminó de pintar los pueblos de Antioquia. También hizo maquetas de los lugares emblemáticos de Amagá. Con orgullo muestra una versión a escala del viejo teatro, con cada una de las butacas en miniatura, y la casa de Belisario Betancur, con paredes color pastel y techos declinados. Pero Jairo se recuperó y terminó de pintar los 125 pueblos. El último fue Caucasia. Ya no tenía el ímpetu de la juventud, ni de la soltería en búsqueda de aventuras. Lo que sí le había quedado, como encarnado en lo más profundo, era la idea del museo del carbón, que siguió presentando a las administraciones de 2016 y 2020.
Jairo visitó la mayoría de pueblos de Antioquia y luego los pintó con paciencia en su estudio.
Como no recibió ayuda, la rectora de la Normal Superior de Amagá, Flor Ángela Urrego, le ofreció un espacio para, al fin, hacer el museo. Jairo, con la paciencia de siempre, y ya con siete décadas a cuestas, comenzó a pintar las paredes. De un lado el ferrocarril, donde su papá fue funcionario. Al frente, un paisaje de la mina San Fernando en la década del 60, cuando trabajó allí y vio morir a un compañero. Sobre una de las paredes del museo están escritos, con la letra de Jairo, los nombres de las 86 personas que murieron en la tragedia de 1977.
—Por las bandas que transportan el carbón sacaban los cuerpos, muchos mutilados. Oiga, sacaban brazos, cabezas.
El museo tiene maquetas muy precisas, con movimiento, que explican el proceso de extracción del carbón. Hay obreros en miniatura que pican las rocas negras, y sus caras son vívidas. Pero el gran atractivo del museo está por hacerse. Con ayuda de la mina San Fernando, se construirá una mina natural, de 40 metros de profundidad. Los visitantes se subirán a los coches y descenderán dentro de la tierra, como si de verdad fueran mineros en un socavón.
Jairo solo espera cumplir este sueño, y que dios le dé vida para verlo terminado. A los visitantes les contará historias olvidadas, de conservadores y liberales, novias de la juventud; historias que se bifurcan.
Exclusivo Colombia acompañó la jornada de un experto en Tanatología Forense, quien trabaja para una de las funerarias más reconocidas de Medellín.
Todos los días, Diógenes Cano, se levanta con una misión de la pocos hablan pero que oculta una inmensa responsabilidad ética y emocional. Empezó hace 23 años en el mundo de los servicios exequiales, pero hace 10 ejerce un rol profesional en Tanatología, una vocación que muchos califican de “asombrosa”, algunos de “tenebrosa” y para otros es desconocida, porque se vive en “silencio”.
Su misión es parecida a la de cualquier profesión: debe cumplir un objetivo y exigirse para que los afiliados de su empresa se sientan satisfechos con el servicio, pero a diferencia de otras ramas judiciales, el cargo que hoy ostenta lo reta a encontrarse todos los días con la muerte.
Exclusivo Colombia lo acompañó a preservar el cuerpo de un hombre que falleció en un accidente de tránsito. En un laboratorio, Cano, quien aseguró que ha cumplido con el reto de trabajar sobre cerca de 3 mil cadáveres reveló detalles de este rol que hoy desempeñan de manera profesional decenas de hombres y mujeres, los retos científicos, el impacto que puede producir el estado en el que llegan al año cantidades abismales de cuerpos e incluso las técnicas de cuidado de la piel y maquillaje que son utilizadas antes de hacer la entrega oficial a sus dolientes. Dice el profesional que este oficio permite dar tranquilidad a los seres queridos para que su última visión sea lo más agradable posible.
Reportaje en video: una tarde con el “embellecedor” de los muertos
Funeraria San Juan Bautista
Al año, la funeraria San Juan Bautista preserva cerca de 2 mil cadáveres. La compañía nació el 18 de febrero de 1991, una de las épocas más agudas del conflicto armado en Colombia, bajo la dirección de Rodrigo Ospina, quien hace 32 años ha trabajado para generar empleo a casi 200 personas.
Década, tras década, la funeraria con epicentro en la capital de Antioquia, pero con una lista de experiencias internacionales se ha preparado para enfrentar complejos retos científicos en la preservación y el cuidado estético de los cuerpos, como una misión de respeto por el duelo y la dignidad de los fallecidos.
La funeraria, además, conserva el vehículo americano que transportó a Andrés Escobar, el recordado futbolista colombiano que fue asesinado el 2 de julio de 1994, en Medellín.
Entre muchas decisiones polémicas, los cercamientos “estratégicos” de la Plaza Botero y el Parque Lleras, desataron la controversia en la ciudad. ¿Hubo incapacidad de las autoridades para controlar los fenómenos delincuenciales en estas zonas?
En el año 2021 la circulación de varios videos en los que, bandas de hasta ocho delincuentes, abordaban a sus víctimas en la Plaza Botero, despertó la indignación de la ciudad, que a través de redes sociales y públicamente, exigía acciones efectivas para controlar la delincuencia en esta zona de Medellín, una zona de un enorme contraste, donde convive uno de los epicentros culturales más importantes del país , en el que se exhiben 12 monumentales esculturas del maestro Fernando Botero; y apenas a un par de cuadras, uno de los sectores más deprimidos, también del país, donde se concentran más de 800 habitantes en condición de calle, en un tenebroso pasaje que se conoce como “El Bronx”.
La preocupación por parte de la Policía Metropolitana y la Alcaldía de Medellín, llevó a hacer varias reuniones y el tema escaló hasta el Consejo de Seguridad. Una intervención era inminente, se intentaron planes de choque, e incluso se aceleró la creación de las llamadas “Zonas Seguras”, iniciativa en la que fue incluida la zona de la Plaza Botero y el corredor hasta el Parque Berrío, entre los dos, representando el corazón del centro de Medellín, pero también, según las cifras, donde más delitos de hurto se cometían.
La reacción de las autoridades dio con la captura de uno de los responsables de más de 50 casos de hurto, entre ellos, varios de los que coloquialmente describían como “ataque en manada”. Fue presentado en agosto de 2021, como alias “Crispeto”, un delincuente curtido en el Centro, con seis antecedentes por el mismo delito. Según autoridades, de nuevo estaría libre.
La situación, sin embargo, no mejoró. Solo en 2022, según estadística de la Policía Metropolitana, solo en la Plaza Botero, se registraron más de 100 casos de hurto a personas, 32 de celulares, asaltaron a siete locales comerciales, se documentaron 3 homicidios, se presentaron cinco casos de lesiones personales, decenas de riñas y hasta dos casos de delitos sexuales.
Alias “Crispeto” fue capturado como uno de los principales delincuentes y responsable de los “hurtos en manada” en La Plaza Botero.Foto: Policía Metropolitana
Ante el desborde de la situación, la aparente incapacidad de controlar a los delincuentes y con una avalancha de turistas llegando a la ciudad, en enero pasado se tomó una decisión radical. En uno de los acostumbrados Consejos de Gobierno, el entonces alcalde Daniel Quintero, decidió declarar el “Abrazo a Botero”, que comenzó en firme el 1 de febrero hasta este 31 de diciembre.
La estrategia: vallas nuevas y control al ingreso
Desde febrero, cuando se aplicaron los controles, la Alcaldía de Medellín, advierte que se reactivaron 15 rutas de turismo, que habían dejado de llevar a sus clientes a la Plaza Botero. Fotos: cortesía
“Mire, yo llevo casi 20 años trabajando en esta Plaza. Aquí he visto turistas de todas partes del mundo, hasta un jeque árabe me tocó atender una vez y preguntaba que por qué dejaban que se mostraran esas esculturas junto a las prostitutas, que si pudiera las compraba para llevárselas y ponerlas en un museo en su país. Es que nadie entiende como esta Plaza la han descuidado tantos años. Con ese “cierre”, solo controlaron la entrada, pero alrededor, esto es el propio Cartucho”, dice un comerciante de un restaurante de la Plaza Botero, que pidió no dejar en evidencia su nombre, dice, por temor a que los colegas se molesten.
Exclusivo Colombia tuvo acceso al informe de la Secretaría de Seguridad y Convivencia de Medellín, en el que se hace el balance de la intervención en Botero, intervención que se anunció por parte del nuevo alcalde, Federico Gutiérrez, cambiará de estrategia, levantando las vallas que hasta este 31 de diciembre aún permanecían enmarcando el perímetro y en la misma zona donde se realiza el acto de posesión el 1 de enero de 2024.
La Alcaldía de Medellín defiende el éxito de la intervención en la Plaza Botero. Las cifras parecen favorables, pero la controversia siempre acompañó la medida. Aunque las cifras son contundentes en resultados, para muchos habitantes de la zona, el problema se trasladó a otros puntos de la comuna 10 de La Candelaria. Al menos 12 bandas o grupos delincuenciales fueron identificados en esta zona en los últimos cuatro años.
“Tenemos que decirle a toda la comunidad que vamos a cerrar el año con unos resultados positivos. Hablamos de un 97% de la reducción al hurto de personas, un 91% de la reducción al hurto de celulares, un 100% frente al tema de homicidios, porque este sector específicamente de la Plaza Botero, presentaba un promedio anual de tres a cinco homicidios. En lo que llevamos del proceso de la intervención, no se ha presentado ningún caso de homicidio desde la jurisdicción del plan de intervención, que tiene que ver con la Plaza Botero”, dice el Subsecretario Operativo de la Secretaría de Seguridad, CR. Omar Rodríguez Aranda.
El informe conocido por Exclusivo Colombia, además de la reducción de hurtos y homicidios, referencia un resultado en especial: “En la Plaza Botero se han registrado cuatro delitos durante el periodo de intervención frente a 126 del año anterior por lo tanto hay una reducción del 97% (122 delitos menos)”, esta estadística medida entre el 1 de febrero y el 14 de diciembre pasado, fecha del último corte de 2023.
Con la intervención se han producido 132 capturas y se impusieron 1.780 comparendos, pero aún, con las entradas vigiladas, con las vallas, se incautaron en controles alrededor de la Plaza, 1.202 armas blancas, 1.1 kilos de drogas ilegales y se tuvieron que atender a 209 habitantes en situación de calle, la mayoría por estar causando alguna alteración del orden público o por casos de drogas.
“Al comienzo, inclusive, a través de los medios de comunicación, no escuchaba que era un encerramiento total y lo primero que hay que declarar es que no hubo un encerramiento total. Teníamos que intervenir, se intervino, poco a poco la comunidad fue entendiendo esta intervención, poco a poco se fueron adaptando y al ver los buenos resultados y los beneficios, pues, hombre, ahí toda la comunidad también está satisfecha con estos buenos resultados en la Plaza Botero”, complementa el Subsecretario.
¿Se desplazó el problema?
Solo en 2023, las autoridades tuvieron que hacer más de 60 intervenciones en la zona conocida como “El Bronx”, unas tres cuadras entre De Greiff y Cúcuta con La Paz, calles neurálgicas del centro de Medellín, atestadas de habitantes en condición de calle, que a diario comparten un especio saturado por el consumo de drogas, la proliferación de cambuches (solo allí se levantaron más de 500 este año) y el riesgo de seguridad que esto implica.
Este hecho sirve de referencia para demostrar si es cierta la percepción de que el problema de la Plaza Botero se desplazó. El Sistema de Información para la Seguridad y la Convivencia agrupa las cifras de criminalidad para la comuna 10 de La Candelaria y las cifras son alarmantes.
Solo en esta comuna se presentaron 76 casos de homicidio en 2023, lo que equivale a una cuarta parte del total de homicidios que se cometieron en todo Medellín en el mismo periodo. Más grave aún, es que, de ese total, 41 de las víctimas fueron habitantes en condición de calle, el 90% de ellos, precisamente en el centro de la ciudad.
A la Plaza Botero la rodean los barrios Estación Villa y La Candelaria. En ambos los homicidios se incrementaron un 20% y un 12% respectivamente. En el caso de los hurtos, se presentó una situación similar. Solo en el barrio La Candelaria, según el SISC, se documentaron 3.765 casos de hurto, un aumento del 18.5%, y en Estación Villa, se produjeron 616 casos, un aumento del 7.5%.
Sea cual sea la estrategia de la nueva administración entorno al centro de la ciudad, tendrá dos factores de atención urgente: el hurto y los habitantes en condición de calle. Las cifras muestran que el problema es más profundo.
De otro lado, el llamado abrazo del “Parque Lleras”, es otra herencia que a Federico Gutiérrez debe enfrentar.
Los controles en el Parque Lleras se han multiplicado, no obstante, son persistentes los problemas de venta de drogas y explotación sexual. El “Abrazo al Lleras” aún está en operación. Fotos: Cortesía
Según el informe de la intervención en El Poblado, incluido un toque de queda para menores y que inició el 2 de mayo pasado, en la zona se ha reducido el hurto en un 97% y en el perímetro que hoy está con vallas y controles, no se presentaron homicidios. Textualmente advierte el informe: “En el parque Lleras se han registrado 8 delitos durante el periodo de intervención frente a 155 del año anterior (desde el 02 de mayo hasta el 14 de diciembre año 2022) por lo tanto hay una reducción del 95% (147 delitos menos)”.
Las decisiones frente a la mayor y más importante zona rosa de Medellín no se han tomado para 2024, sin embargo, lo cierto es que, en esta parte, las condiciones son diferentes y la complejidad de la afluencia de miles de turistas tienen que ver con el flujo de venta de drogas y la explotación sexual, entre otras.
Dice el informe oficial: “Desde el 02 de mayo de 2023 en el entorno Parque Lleras se han ejecutado 27.835 acciones de tipo operativo y preventivo, sobre problemáticas sociales y de seguridad como: mendicidad, prostitución, tráfico de estupefacientes, hurtos, lesiones personales, vulneración de derechos de NNAJ e invasión del espacio público, entre otras”.
Cerca de 1’600.000 personas visitaron la comuna 13 durante 2022, según la Alcaldía de Medellín.
En la comuna 13 pasaron muchas cosas buenas después de la guerra. Una relativa paz, aunque amenazada por los combos de siempre, se esparció sobre las colinas de Las Independencias, Antonio Nariño, El Salado y los demás barrios. En 2011 se inauguraron las escaleras eléctricas y la comuna sufrió un éxito inusitado, impensando en los años que la ley la ponían los milicianos y los bandidos.
Muchas cosas cambiaron en la 13. Las casas de Las Independencias fueron ampliadas por sus dueños, quienes tumbaron paredes y construyeron terrazas, levantaron muros y empotraron barras. El barrio es irreconocible para alguien que lo haya visitado antes de la construcción de las escaleras eléctricas.
Pero como suele suceder en la vida, con la bonanza vinieron también los problemas. Con la proliferación de negocios, y por ende de dólares, aumentó la deserción escolar. “Los muchachos ya no querían ir al colegio por estar pidiendo plata. Han pasado muchas cosas malas acá”, comentó un líder social.
La foto que acompaña a este artículo es una muestra de un problema más que le surge a la comuna. El año pasado, según cifras de la Alcaldía de Medellín, 1’663.461 personas visitaron la comuna 13 en 2022. Es decir, el promedio mensual fue de 138.622. Todos esos turistas por la comuna tomándose fotos, escuchando las atrocidades de la guerra, de los desaparecidos tras la Operación Orión. También van tomando cerveza, comiendo paletas, tomando agua en botellas plásticas, comprando dulces o arepas de queso que vienen sobre platos de icopor.
Los residuos generados por esa cantidad de gente son desmesurados. En las mañanas, antes de que pase el camión de recolección, las bolsas de basura se acumulan infamemente, una encima de la otra, formando montañas de desperdicios inmundos, una podredumbre a la vista de todos.
“En las mañanas, antes de que pase el camión de recolección, las bolsas de basura se acumulan infamemente, una encima de la otra, formando montañas de desperdicios inmundos, una podredumbre a la vista de todos”.
En los primeros días de diciembre de este 2023 pasó algo que debe llamar la atención. Una mañana, el camión de Emvarias se demoró más de lo habitual para llegar a la zona. Cuando al fin hizo presencia, después de las 9:00 de la mañana, no lo dejaron entrar. La comuna quedó llena de basura, como se ve en la foto que acompaña a este artículo.
Decenas de bolsas malolientes, repletas de residuos reciclables y orgánicos que se pudrían bajo el sol, quedaron en toda la entrada de los turistas. Lo que debe hacer ruido no es que la basura haya quedado a la vista de los extranjeros, que con impresión miraban la montaña de podredumbre, sino la gestión de los residuos en una barrio que pasó de ser periférico a un gran centro de comercio.
Ahora, la pregunta es quién detuvo al carro de basuras para que no entrara. El líder de la zona comentó que los comerciantes que se hacen en el espacio público ya tenían sus chazas montadas cuando el carro llegó. Entonces, envalentonados, le dijeron que no podía pasar, porque primero es el comercio.
El conductor de Emvarias tuvo que tornarse entre las calles estrechas y dejar la basura ahí, junto a las escaleras, a la vista de todos.
Exclusivo Colombia consultó el tema con Emvarias. Desde la oficina de prensa respondieron que lo de ese día fue un caso particular. En efecto, los comerciantes no dejaron que el carro entrara. La empresa, por su parte, hace un llamado sobre la producción de residuos en la zona.
Basta con dar una pasada en la tarde para ver cómo latas vacías de cerveza, con residuos ya rancios por dentro, descansan en los contenedores al lado de desperdicios de arepas de queso, de hamburguesas, que a la vez se van descomponiendo al sol, esperando la llegada del carro. No hay gestión alguna de los residuos, ni pedagogía para reciclar y separar. No, todo el mundo, como pasa en todos los barrios de Medellín, hay que decirlo, saca la basura sin separar, contaminando todo y dando un festín a ratas y gallinazos. Y metiendo más presión al relleno sanitario, por demás.
Como se dijo al comienzo de esta nota, los beneficios del turismo en la comuna 13 son enormes, pero por eso no puede dejar de señalarse lo que no está bien. En 2021, el cronista Miguel Osorio publicó para El Colombiano un informe en el que se denunciaba cómo el ruido y la multitud de turistas había cambiado para siempre la vida en el sector. Una mujer que atendía un pequeño bar contaba, consternada, que no podía salir en pijama de su casa, que había perdido la privacidad.
“No puedo salir en pijama porque de inmediato me toman fotos y salgo en redes sociales”, dijo la mujer en su momento.
El mencionado líder de la zona se queja de que las administraciones poco han hecho por componer el desborde de la comuna 13. Hace rato hay quejas por venta de drogas y supuestos planes para extranjeros en los que se incluyen drogas.
El exceso de basura es un nuevo campanazo sobre lo que pasa en la 13.
Exclusivo Colombia revela detalles de las cuatro cartas que escribió Víctor Hugo Bedoya, antes de matar a su hija. Los documentos fueron dirigidos a su madre, esposa, hermano y el “pueblo”. Expertos analizan su conducta homicida y lanzan una alerta para evitar tragedias similares.
Detrás de un maquiavélico plan que amenazaba con apagar la ilusión de una familia, en el Retiro – Antioquia, se escondía la inocencia y la ilusión de Luciana Bedoya Franco, una pequeña de 7 años quien añoraba la llegaba del 24 de diciembre para correr por toda la casa, junto a sus papás, hasta encontrar en algún rincón el regalo de “Santa”.
Pero, un día antes del tradicional nacimiento del “niño” Jesús, una tragedia empañó la navidad de este municipio, ubicado en el oriente antioqueño. La menor fue hallada por su madre en la cama de la vivienda con lesiones de arma blanca y sin signos vitales. En la sala, estaba su padre, con un cuchillo clavado en el pecho.
La desgarradora escena quebró la voz de los investigadores, quienes, en medio de la conmoción, tuvieron una de las inspecciones judiciales más difíciles y tristes del año. Se trataba de un nuevo capítulo de horror en el país: la menor fue asesinada por su padre. Una vez cometió el crimen, el hombre se quitó la vida.
Exclusivo Colombia conoció detalles de 4 cartas que fueron escritas a puño y letra por el padre de la menor, antes de cometer el crimen. Los documentos demuestran su nivel de salud mental que escaló a niveles tan elevados, que tuvo tiempo para preparar el asesinato de su propia hija y pedir perdón.
Primera carta
Dirigida al “pueblo”. En un corto mensaje, agradeció a los habitantes de su barrio y el municipio por haberlos acogido en el momento que ellos más lo necesitaron.
Segunda carta
Para su hermano. Le expresa su cariño y le confirma que le deja como herencia una motocicleta, le pide que la repare y la venda. En el escrito le recomienda “no dejarla perder”.
Tercera carta:
Dirigida a su mamá: en el documento, el hombre de 41 años le agradece por haberle dado la vida, por el rol que cumplió como mamá con él y sus hermanos, por la educación y por construir junto a ellos un camino. En la carta, el hombre le pide perdón.
Cuarta carta:
Para su exesposa: es, quizás, el documento más impactante. El presunto asesino escribe con odio, usa términos de rencor y rechazo, le dice que está seguro que el asesinato de su hija la marcará para siempre. Le expresa, además, que maldice haberla conocido. También afirmó que todo lo que está planeando lo hace con un sentimiento de venganza por el supuesto sufrimiento que ella le causó y decreta que ella, como madre, cargará con un dolor para toda la vida.
Ahora los investigadores tienen otro rompecabezas, difícil de armar. ¿Qué desató el odio del presunto asesino contra su exesposa? ¿Por qué actuó de esa manera? ¿Qué lo motivo a terminar con la vida de su hija?
Según las autoridades, el presunto responsable del crimen de la menor, identificado como Víctor Hugo Bedoya sostuvo una relación con su exesposa durante 17 años. En uno de los documentos expresó que llevaba algunos días sin “probar bocado”.
HABLAN LOS EXPERTOS
José Cabrera. Psicólogo – Magíster en Psicología y salud mental
¿Cómo detectar una señal homicida?
“Muchas veces se puede considerar como actúa la persona adulta frente a sus emociones, como son los controles de impulso, como es el manejo frente a la rabia y la ira. ¿Qué frases usa? Muchas veces encontramos personas que hablan -ella es mi todo, ella es mi sentido de vida, ella es el amor de mi vida- y direccionan todo a darle una dependencia emocional a que toda la vida gira entorno a ellos. Un apego enfermizo, súper dependiente, en el cual la persona cree que la vida pierde sentido sino tiene a la otra”.
“Entonces puede presentarse por frases, puede presentarse por medios en los cuales la persona considera qué hay que darlo todo por el otro. Siempre es necesario tener en cuenta el estilo de vida que llevan, como es la relación, porque también puede presentarse que otra vez y de forma romántica o de forma emotiva se mencione esas frases, que no son comunes”.
“Entonces estos rasgos de querer que la persona solo sea de ellos o solo esté con ellos en celos, en ser posesivos, controladores, dependientes, pueden llevar a generar conductas o comportamientos atípicos que posiblemente pueden terminar en un homicidio o en demostrar rangos dependientes que, al presentarse una emoción demasiado fuerte, generen una acción homicida”.
Claudia Montoya. Psicóloga – Especialista en gerencia del talento humano
¿Cómo es el perfil de los seres humanos que quieren atentar contra la vida de alguien cercano?
“Esos signos o esas señales de una persona que es capaz de atentar contra un ser tan cercano, serían: amenazas directas, esas personas que son obsesivas directamente, por ejemplo: el hombre que le dice a su pareja -si no es mía, no es de nadie-, es fácilmente capaz de atentar contra la vida de ella. Las personas que suelen ejercer maltrato sicológico también son capaces de atentar contra su vida”.
“Si lo analizamos desde el modo comportamental hay personas que son muy sutiles, que les gusta planear todo. Mirándolo desde una persona que tuvo un enfrentamiento con otra y se llenó se irá y desesperación en ese momento, también es capaz de atentar contra el otro”.
“Pueden ser muchos signos que nos pueden estar diciendo que nosotros los seres humanos somos capaces en cualquier momento de atentar contra la vida de otro, por una acción, por un fracaso o por una desilusión”.
¿Dónde denunciar?
La línea 155 funciona en todo el país, las 24 horas del día para orientar a mujeres víctimas de violencia. Pero hay otras formas de pedir ayuda, por ejemplo, la línea única de emergencias 1,2,3, los CAI de policía cercanos y múltiples organizaciones que acompañan a mujeres víctimas de todo tipo de maltrato.
Un periodista de Exclusivo Colombia fue hasta el lugar para comprobar los riesgos de hacer turismo en este lugar.
En las calles de La Unión es vox populi que cada día llegan turistas en busca de las lagunas azules. Todo el mundo sabe que el ingreso a las lagunas es prohibido, y que desde la alcaldía han hecho campañas para evitar que la gente las visite . Cerca al parque, una mujer que vende periódicos explica cómo llegar y dice que no ha ido, pero que quiere ir porque “es muy lindo”.
Llegar a las famosas lagunas es muy fácil. Basta con un par de preguntas en el parque para tener señas de cómo llegar. En Youtube y Tiktok hay decenas de videos de personas que, de manera subrepticia, han ido a las lagunas y cuentan su experiencia. Aunque en La Unión hacen énfasis en que el ingreso al lugar está prohibido, poco puede hacerse contra el auge y la masificación de las redes.
Un periodista de Exclusivo Colombia estuvo en La Unión un sábado de diciembre para comprobar cómo está la situación. Una persona muy conocida en el pueblo, que tiene cierta influencia social, contó que la moda por las lagunas azules comenzó
“Un campesino de la zona, que estaba sacando papas de la tierra, dijo que la llegada de gente es permanente y que la vigilancia, pese a que la alcaldía ha dicho estar atenta, es nula”.
gracias a las redes sociales. “Eso lleva mucho tiempo acá en el pueblo, pero nadie iba. Alguna vez, a alguien le dio por publicarlo en redes y se volvió tendencia. Ahora todo el mundo pregunta para ir por allá”, dijo esa persona.
Las llamadas lagunas no son más que un pozo residual de la extracción de caolinita o caolín, un material arcilloso que se utiliza para la producción de cerámica. Las minas de La Unión son propiedad de Sumicol, una empresa del grupo Corona que extrae el caolín como materia prima. En términos sencillos, los lagos son parte residual del proceso industrial, por eso son de un color azul inusual.
No es raro que las lagunas, que en realidad son pozos, llamen la atención. En Antioquia hay poco río de aguas cristalina; la mayoría de ríos y quebradas del departamento arrastran una gran cantidad de residuos y materia orgánica, lo que les da una coloración oscura, más bien café. Por eso se explica el auge de las lagunas de La Unión.
El suelo cerca a la laguna es arcilloso y por eso alguien puede quedar atrapado.
El problema es que no son naturales y el riesgo de estar cerca de ellas es grande. Sumicol ha sacado videos y comunicados de prensa advirtiendo sobre los riesgos de entrar sin permiso a la zona minera, pero las advertencias han caído estériles en las fértiles tierras de las redes sociales.
El mayor riesgo es que alguien quiera entrar a los pozos. Estos parecen inofensivos, y sus aguas azul turquesa invitan a un baño. Pero es solo un espejismo. El agua es muy profunda y el terreno es arcilloso. El peligro es que alguien se pasee cerca del agua, donde el suelo es blando, y quede atrapado. Estos suelos, explicaron desde Sumicol a Exclusivo Colombia, están por lo general saturados de agua, lo que explica la textura blanda. Cuando hace sol y la temperatura aumenta, el terreno se solidifica y la persona que camine sobre él puede quedar atrapada.
“Hacemos un llamado a todas las personas a respetar los límites y abstenerse de ingresar ilegalmente a nuestras instalaciones. Cabe destacar que cualquier infracción de esta norma legal puede acarrear graves consecuencias legales”, dice Sumicol en un comunicado para advertir sobre las consecuencias de entrar subrepticiamente al predio.
La laguna está a 10 minutos del parque de La Unión. Hay que tomar una carretera destapada que tiene huecos enormes, por donde pasan volquetas con material. Aunque hay decenas de letreros que advierten que el lote es de propiedad privada y no se debe invadir, no hay nadie que esté pendiente de la entrada. Hay un alambre de púas que ha sido separado a la fuerza.
Más adelante, en una carretera pendiente, hay piedras amontonadas para impedir el paso de carros y motos. Pero todo es en vano. Un campesino de la zona, que estaba sacando papas de la tierra, dijo que la llegada de gente es permanente y que la vigilancia, pese a que la alcaldía ha dicho estar atenta, es nula.
En efecto, en la mañana de ese sábado decembrino había varios grupos de turistas en torno al pozo de aguas azules. Sin restricción, las personas paseaban cerca del agua. Una mujer joven, incluso, estaba en plena sesión de fotos.
Sin restricciones y sin conciencia de la gente, además de la publicidad de las redes sociales, es posible que las visitas a la laguna azul terminen en una tragedia en algún momento.