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Vamos más allá de lo básico, más allá de la carrera constante contra el tiempo, la información será contundente pero detallada.

Historia del escabroso crimen que estremeció a Medellín en el siglo XIX

viernes, 23 febrero 2024 POR Exclusivo Colombia

Seis personas fueron asesinadas en 1873 en Medellín, el primer gran crimen que se recuerda en la ciudad

La noche del martes 2 de diciembre fue una noche sumamente clara, escribiría el cronista. Era el año de 1873 y Medellín era un pueblo pequeño, a medio camino entre los valle del Cauca y del Magdalena. Los hechos que narra Francisco de Paula Muñoz, el cronista, ocurren en el Aguacatal, en el viejo camino de Medellín a Envigado. Aunque la narración comienza con la noche apacible, cercana a plenilunio, en la que el viento corría sin agitar el follaje, se va adentrando en el crimen que más estremeció a la ciudad en el siglo XIX.

Esa noche clara, Manuel Antonio Botero sintió un quejido en casa de sus vecinos, los Echeverri. Nunca supo a qué horas oyó el lamento, pero debía haber sido de madrugada, pues hacía rato se había dormido. Aunque se sobresaltó un poco, no le dio mayor importancia y siguió durmiendo.

Al otro día fue a casa de los Echeverri, a 100 metros de la suya. Quería preguntar cómo habían pasado la noche y averiguar el origen de aquel quejido de medianoche. Pero nadie le abrió. En cambio, notó que una pequeña mancha de sangre, como pincelada, se había incrustado en la puerta exterior.

Desde la ventana, cuenta el cronista, el señor Botero vio que sus vecinos dormían en la sala, sobre el suelo. No pudo precisar cuántas personas yacían, y de inmediato se fue para Medellín a dar la alerta.

En el Crimen del Aguacatal, como lo nombró la prensa de ese entonces, murieron seis personas. Medellín era una ciudad tranquila, provinciana, que crecía a la vera de un río que iba retorciéndose en sus meandros. Cuenta el cronista que, una vez inspeccionado el lugar y levantados los cuerpos, los llevaron a Medellín para procedcer con el entierro.

“Se leía la consternación en todos los semblantes y no se desprendía de la multitud más que el murmullo de los comentarios y algunas expresiones de conmiseración y de lástima”, escribía el cronista.

Ahora, entrado el siglo XXI, cuesta imaginar a la muchedumbre caminando lento, bajo el cielo posiblemente encapotado, con carruajes que arrastran seis ataúdes. Medellín se convirtió, cien años después, en una máquina de guerra y de muerte. En 1991, el año más violento en su historia, fueron asesinadas 8.954, es decir, 24 muertos al día. Las cavas de Medicina Legal no daban abasto y la gente se acostumbró a la muerte.

Pero cien años antes, en 1873, nadie estaba habituado al horror con el que habían matado a la familia Echeverri. Fueron seis las víctimas: Virginia Álvarez, de 36 años; su esposo, Melitón Escovar, de 48; Sinforiano Escovar, de 22 años e hijo del matrimonio; Juana Echeverri, de 63 años y madre de Virginia; Teresa Ramírez, de 15 años, y María Ana Marulanda, de unos 36 años, la sirvienta que llevaba 15 días trabajando en la casa.

Cuenta el cronista Muñoz que el presbítero Francisco Naranjo, capellán de la iglesia de San Blas, fue el primero en entrar a la casa. El sacerdote notó que Teresa todavía no estaba muerta. Le preguntó si quería recibir los santos óleos, pero la moribunda no contestó. Entonces, con ayuda de dos testigos, la volteó para darle la extremaunción. A paso seguido le dio un trago de aguapanela y la llevó a la cama, donde murió.

Como el caso estremeció a Medellín, los periódicos publicaban sucesivos artículos y las habladurías se apoderaron del pueblo-ciudad. Buena parte de los aldeanos culparon del asesinato a Melitón, el padre de la familia. Melitón había sido vigoroso y trabajador en la juventud, pero una fiebre le había dejado un problema mental al que llamaron “locura”.

La ciudad, entonces, se dividió en dos, los que creían a Melitón culpable y los que abogaban por su inocencia.

Así pasó un tiempo hasta que las autoridades comenzaron a sospechar de Daniel Escobar, un primo de la familia que, supuestamente, había ido a cobrarle una plata a Sinforiano.

Escovar negó su participación en la masacre, pero, después de dos semanas de interrogatorios, relató que se trabó en una pelea con Sinforiano por la plata que le debía. Entonces agarró un hacha y, con furia, dio con Sinforiano en el suelo y siguió con los demás miembros de la familia.

Escovar luego cambió de versión y dijo que los asesinatos los había cometido porque iba a robar unas joyas de la familia. Las autoridades nunca creyeron que hubiera cometido el crimen sin ayuda de nadie más, pero él no dio su brazo a torcer.

Dice la leyenda que Escovar se fugó de la cárcel y se fue a vivir a Urrao, donde se casó y se convirtió en un padre “ejemplar”.

Mucho antes de las rencillas del narcotráfico, de los enmaletados, de los desmembrados y los carrobomba, Medellín se estremeció por un asesinato infame. Nadie previó la vorágine de violencia que envolvería a la ciudad durante el siglo venidero.

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Tragedia: la historia, detrás del suicidio del niño indígena de 10 años en Zaragoza

miércoles, 21 febrero 2024 POR Exclusivo Colombia

La alcaldía de ese municipio reveló que el niño padecía desnutrición.  Según El Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, en 2023 se reportaron en Antioquia 21 suicidios de menores de 18 años. Exclusivo Colombia presenta una radiografía por municipios y rangos de edades.

Un trágico desenlace invade de tristeza a un resguardo indígena de Zaragoza, Antioquia. Según la investigación, un menor de 10 años fue hallado suspendido a una cuerda en el baño de su vivienda.

Exclusivo Colombia conoció el relato de la madre quien aseguró que horas antes el niño indígena despertó con señales de tristeza por la ausencia de su papá, quien falleció hace dos años y, al ver que no salía del baño para vestirse y luego salir a estudiar, abrió la puerta y lo encontró en el suelo.

En medio de la impotencia y la esperanza de salvarlo, la mujer lo llevó a un centro asistencial, pero la reanimación no fue suficiente por las lesiones que le causó la presión de una cuerda que utilizó el niño para quitarse la vida.

El alcalde del municipio de Zaragoza, Andrés Emilio Luján le confirmó a este portal que “tenía unas condiciones de vida bastante deplorables, sufría de desnutrición y tenía problemas de crecimiento”.

El mandatario agregó que la desnutrición, al parecer, obedece a “la situación de pobreza que se vive en el resguardo indígena San Antonio 2”.

La administración informó en Exclusivo Colombia que “se le brindó auxilio funerario a la familia, posterior a ello se le brindó un acompañamiento desde la institucionalidad, con presencia de la Comisaría de Familia, sicólogos”.

Las cifras son alarmantes. Este año es el segundo suicidio en este municipio del Bajo Cauca antioqueño (una mujer indígena) y en esta subregión se han reportado al menos 4 casos.

Según El Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, en 2023 se reportaron en Antioquia 21 suicidios de menores de 18 años y 430 de mayores de 18.

Menores hombres, por municipio:

– Andes: 1

– Bello: 3

– Copacabana: 1

– Dabeiba: 1

– Envigado: 1

– Medellín: 7

– Nariño: 1

– San Rafael:  1

– Sonsón 2

– Yarumal 2

Menores mujeres, por municipio:

– Amagá: 2

– Chigorodó: 2

– Copacabana: 1

– Frontino: 1

– Itagüí: 1

– Medellín: 8

– Remedios: 1

– San José de la Montaña: 1

– Tarazá: 1

– Toledo: 2

– Urrao:  1

Por edades:

Hombres:

De 10 a 14: 5

De 15 a 17: 16

Mujeres:

De 10 a 14: 8

De 15 a 17: 13

Estadísticas en Medellín

Hombres:

10 a 14: 1

15 a 17: 6

Mujeres:

10 a 14: 2

15 a 17: 6

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Sexo sin restricciones: así son los bares swinger en Medellín

domingo, 18 febrero 2024 POR Exclusivo Colombia
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La vida de los pocos campesinos que aún cultivan en la comuna 13 de Medellín

viernes, 16 febrero 2024 POR Exclusivo Colombia
Janeth y Alfredo han vivido toda su vida en la zona rural.

Historia de Janeth y Alfredo, una familia que mantiene las costumbres del campo en la comuna 13

La casa de Janeth y Alfredo es de tapia; las paredes son gruesas y centenarias. Alfredo recuerda que, según le contaron, sus antecesores levantaron esa casa hace 150 años. Ahí nacieron su papá, él y sus hijos. A finales del siglo XIX no había llegado el primer carro a la ciudad, no se había construido la Basílica Metropolitana, el río Medellín tenía meandros y el Parque Berrío era una plaza de estilo español. Todos esos cambios, más la masificación de la urbe, el estallido de la violencia y la construcción del metro, a finales del siglo XX, los ha visto la casa de Jhaneth y Alfredo desde lo más alto de la comuna 13. 

Jhaneth y Alfredo viven en Medellín, pero son campesinos. Se levantan a las 5:00 de la mañana, cuando el viento sopla frío, y con los primeros rayos de sol encienden el fogón de leña. Jhaneth amasa y asa las arepas, mientras Alfredo le da vuelta a los cultivos, no vaya a ser que una helada los echara a perder durante la noche. 

Toman chocolate con leche, ideal para el frío de la mañana. La casa centenaria está a 2.000 metros sobre el nivel del mar, muy por encima del valle. Desde el balcón, adornado con flores de tierra fría, se columbra el valle: el estadio y la unidad deportiva, el cerro Nutibara, el Parque Explora. 

Janeth y Alfredo en su parcela.
Janeth y Alfredo en su parcela.

Pero arriba, en la casa de Janeth y Alfredo, el ruido es un rumor lejano de la ciudad. Hasta la parte alta de Belencito, el sector Travesías El Morro, solo se escuchan las guacharacas que graznan sobre los campos. Hasta esa parte no suben carros, ni buses, ni siquiera motos. Para llegar a la casa hay que subir calles empinadas y escaleras inclinadas. 

La pareja es una reminiscencia de una ciudad que ya no existe. Sobre la comuna 13 se habla demasiado, pero siempre sobre lo mismo: la operación Orión, las escaleras eléctricas, el grafitur. Es muy poco, en cambio, lo que se dice de la parte rural de la comuna, donde viven Janeth y Alfredo en su casa de tapia y paredes gruesísimas, donde levantan pollos y siembran coles. 

Ellos también son habitantes de la famosa comuna 13. Vivieron el horror de la Operación Orión y el aciago final de los 90. Alfredo, apoyado sobre una de las viejas paredes de la casa, recuerda que las balaceras eran frecuentes y que tenían que meterse bajo las camas. Pasaban hasta cuatro horas ahí, inmóviles, esperando que la recia balacera menguara. 

En las noches, recuerdan Janeth y Alfredo, los milicianos pasaban por los campos. Surcaban las tierras que ellos cultivaban, que sus abuelos y bisabuelos habían conseguido y mantenido durante siglo y medio. Nada podían hacer ellos, una familia de campesinos, frente a esos jóvenes indómitos que atravesaban la tierra con sangre, saliva y balas. 

Campesinos comuna 13 Exclusivo Colombia
En la parcela siembran coles, fríjoles y arvejas.

La comuna 13 vivió su peor época a finales de los 90 y a comienzos de los 2000. Para entonces, los paramilitares, con la anuencia de algunos mandos militares, decidieron tomarse la comuna 13 al costo que fuera. La convicción era sacar a las milicias de las guerrillas que desde hacía unos años se habían apoderado de las calles, las terrazas y las plazas de vicio. 

El culmen de los años más infaustos llegó el 16 de octubre de 2002, cuando se perpetró la Operación Orión, que dejó 71 personas asesinadas por los paramilitares y 92 desaparecidos, según datos de la Corporación Jurídica Libertad. 

¿Qué había pasado? ¿En qué locura colectiva se había subido la ciudad? ¿Qué era ese baño de sangre? ¿Cómo entender que la apacible ciudad de comienzos de los 30 se hubiera transformado en esa vorágine de violencia? 

Esa transformación se vivió también allá arriba, donde se difumina la frágil frontera entre campo y cuidad. Janeth y Alfredo, que están tan lejos de la ciudad para algunas cosas, sintieron en carne propia esa debacle social sin precedentes. 

Campesinos comuna 13 Exclusivo Colombia
En la finca todavía cocinan el maíz y las arepas en leña.

A medida que se va subiendo por las calles de Belencito Corazón, las casas se comienzan a espaciar y aparecen parcelas verdes, barrancos y quebradas. Se escuchan los graznidos de las guacharacas y el cantar de los gallos. Es un mundo diferente, que parece más reciente y bondadoso. 

En ese mundo se conocieron Janeth y Alfredo hace muchos años, no recuerdan ni cuántos. Janeth, que es buena conversadora y bromista, cuenta la historia: su mamá era amiga de la familia de Alfredo. Cuando ella nació, él tenía 17 años. 

—Yo la conocí cuando ella gateaba—dice Alfredo, y se ríe.

Aunque se conocieran de toda la vida, él era tímido y no se animaba a llevar las conversaciones por otros rumbos. Hasta que un día, borracho, le propuso matrimonio. Janeth se quedó muda, pero le dijo que hablara con la mamá de ella, la futura suegra, para que le diera el visto bueno. Pactaron que así se hiciera el siguiente miércoles. 

Pero Alfredo no aguantó y fue el martes a pedir la mano. Sin parapetos, con naturalidad campesina, se fueron a vivir juntos y formaron un hogar con tres hijas. 

Campesinos comuna 13
El corredor de la finca es típico de las casas rurales antioqueñas.

En Medellín, según la alcaldía, hay 50.000 campesinos. Están principalmente asentados en los cinco corregimientos, pero también en las laderas de la ciudad, donde se confunde lo urbano y lo rural. Se estima que son 12.000 las familias que aún viven del campo, como Janeth y Alfredo, que venden en Belencito sus arvejas, coles y fríjoles. 

Su vida se parece más a las de las zonas remotas de Antioquia, aunque están a 20 minutos del centro de Medellín. No reciben ningún apoyo oficial y su vida sería más difícil si no fuera por la fundación Dame la Mano, que desde hace un tiempo los apoya. 

Están lejos de las escaleras eléctricas, de los grafitis y los reflectores de las cámaras, pero son habitantes de la comuna 13 y se definen como tal. Que nadie les diga que no son los campesinos de la 13. 

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Historias de la comuna 13: la fundación que cambió para siempre a Belencito Corazón

lunes, 12 febrero 2024 POR Exclusivo Colombia
Exclusivo Colombia

Hoy son 250 los niños que reciben a diario en la fundación Dame la Mano

Corría el año de 1984 cuando Lucía Londoño, por una invitación, llegó a la parte alta del barrio Belencito Corazón. Para entonces se estaban poblando las laderas occidentales de la ciudad. Desplazados de los pueblos de Antioquia y otros departamentos llegaban por montones a la ciudad y, como podían, levantaban casas de tablas y lonas, muy precarias. Abundaban las necesidades y el dolor se podía palpar. Entonces Lucía pensó que había que hacer algo con urgencia. 

Ese fue el comienzo de Dame la Mano, la fundación que Lucía creó y que este 14 de febrero cumple 40 años. Muchas cosas han pasado desde ese lejano año de 1984. Las casas ahora son, en su mayoría, y en buena medida gracias a la fundación, de material y están bien cimentadas. El barrio, aunque periférico y en lo alto de las colinas occidentales, tiene buenas vías de acceso y transporte público. No es el vecindario de casas de cartón de hace 40 años, pero las necesidades continúan. 

Comuna 13 Exclusivo Colombia
La fundación mejoró las casas en las que vivían las personas del barrio.

Dame la Mano fue creciendo y ahora tiene una sede grande, llena de salones amplios y modernos. Está dividida en dos partes, una para los niños y otra para los adultos. Son 250 niños de entre 0 y 5 años que llegan todas las mañanas a recibir un buen desayuno y una jornada de juegos y recreación. 

Es un laberinto de salones. Eso se debe, explica la directora de la fundación, Paula Andrea Vargas, a que el crecimiento de la infraestructura ha sido paulatino. Dame la Mano se ha ido expandiendo y así ha tenido que comprar las casas aledañas para adecuarlas. Quien no conoce se confunde ante la cantidad de salas. En la mañana, la mayoría está llena de niños alegres que, con música o con actividades manuales, bailan y saltan. 

Uno de los salones principales es el comedor. Está junto a la cocina que también acondicionó la fundación. Antes, cuenta la directora, un tercero les llevaba la comida de los niños, pero prepararla en el lugar garantiza la calidad y la frescura de los alimentos. 

No es fácil atender a los 250 niños que todos los días llegan a la fundación. Los retos logísticos no son menores. Por eso, la directora cuenta que tienen que hacer pasar a los niños por grupos, pues el comedor no es lo suficientemente grande para atenderlos a todos. “Lo que hacemos para garantizar que todos coman es pasarlos de a grupos con las profesoras. Acá están desde las 8 de la mañana y les brindamos un espacio completo y seguro. Por eso separamos la parte de los adultos, que tiene otra entrada y así garantizamos la protección de los niños”, dice Vargas. 

La fundadora Lucía Londoño con Blanca Quintero, quien ha trabajado 40 años en la fundación.

Viviendas dignas 

Hace cuatro décadas, la fundación se puso manos a la obra para mejorar las viviendas del barrio Belencito. Para entonces, casi todas eran de madera. La galería histórica muestra a las familias de la época frente a fachadas precarias, apenas construidas con lo necesario. 

Cuarenta años después, Dame la Mano sigue mejorando las casas de los habitantes del barrio. La fundación tiene un programa de vivienda digna que, cada año, entrega cuatro o seis casas propias, bien equipadas, para residentes del sector. 

Son varias las condiciones que deben cumplir los interesados para lograr la ayuda. Lo principal es que tengan propiedad legal del lote donde se construirá la casa. Muchas veces hay un rancho que debe echarse abajo para levantar la nueva morada. La otra condición es que el lote no esté en una zona de alto riesgo, algo común en un lugar pendiente, sobre la ladera y que está surcado por quebradas. 

Una de las beneficiarias de este programa fue Blanca Quintero, una mujer que está en la fundación desde sus inicios. Blanquita, como le dicen de cariño, recibió ayuda de la propia Lucía y, como se ganó la confianza de todos, luego se le dio empleo en la cocina y hoy está a punto de pensionarse. 

Blanquita tenía el lote pelado y el sueño eterno de vivir en una casa propia. Dame la Mano le hizo el milagrito, como se dice, y en un par de semanas llegará a su nueva casa, una agradable vivienda bien dotada, de fachada verde, donde descansará una vez reciba la pensión y pueda descansar después de más de 40 años de trabajo. 

Los adultos y jóvenes se forman para entrar al mundo laboral.

Educación para todos 

En Dame la Mano hay espacio para todos. Los adultos mayores, que generalmente viven en condiciones complicadas, reciben ayudas de parte de la fundación. 

Pero otra de las líneas más importantes tiene que ver con la formación gratuita de jóvenes que, gracias a un convenio con el Sena, pueden formarse en varios programas relacionados con la industria textil, recursos humanos y la función de auxiliar administrativo. La directora cuenta que más del 80% de los jóvenes que han pasado por los programas están empleados en empresas que les abren sus puertas. 

Los cuarenta años de Dame la Mano marcan la historia de la Belencito Corazón y la comuna 13. Otro habría sido el discurrir del barrio sin la fundación. 

Si desea aportar o donar a la fundación, puede hacerlo a través de las líneas 604 434 45 71, 604 250 08 01 o al WhatsApp 305 370 51 70. En la página de la fundación www.damelamanofundacion.org también puede encontrar información al respecto.

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Los secretos de un socavón: menores estarían recibiendo droga a cambio de trabajo

domingo, 11 febrero 2024 POR Exclusivo Colombia
Denuncia explotación exclusivo

Una grave denuncia dejó en evidencia una oscura práctica de instrumentalización de niños en Antioquia.  En una mina de oro del municipio de San Roque, con aparente explotación ilegal, varios menores estarían siendo seducidos con trabajo a cambio de droga

La minería de oro es un renglón de la economía en Antioquia que mueve exorbitantes cantidades de dinero legal, pero otro porcentaje incalculable, es ilícito y se mueve en algunas minas situadas en recónditas montañas de algunos municipios,  conocidos por un suelo aurífero, lo que ha permitido que los grupos ilegales como (AGC) Autodefensas Gaitanistas de Colombia, ELN y Disidencias de las antiguas Farc, que han derivado buena parte de su economía en las denominadas “vacunas” (cuotas extorsivas a mineros), en zonas muy específicas, tengan el dominio sobre este millonario negocio que hoy se tramita de manera oscura en distintas regiones del país.

Ese apresurado objetivo por obtener ganancias ha llevado a algunas personas, en ocasiones apoyadas por los ilegales a vincularse a la actividad de la minería para lograr el sustento de la familia o lucrarse y lograr una mejor calidad de vida. En este camino de contrastes, algunas personas que “posan” de administradores cometen atropellos contra la población civil, en particular contra menores que habitan en estas zonas rurales, alejadas.

Exclusivo Colombia conoció una denuncia de los habitantes del municipio de San Roque, en el Nordeste de Antioquia. Por medio de una fuente cuentan que en esa población un grupo de menores está siendo explotado laboralmente en algunas minas, cuya explotación es ilícita, y a quienes presuntamente los empleadores les pagan con marihuana y otras sustancias alucinógenas, lo que se tipifica en un delito.

Este medio de comunicación conversó con un líder social de la zona, quien por razones de seguridad pidió reserva de su identidad, explicó que este tipo de conductas de los adultos está desatando una gran problemática de inducción al consumo de droga en algunos menores y está agravando la situación de algunos jóvenes que ya reportan adicción.  

Con temo, el líder social, quien ya asegura que esta denuncia ya se puso en conocimiento de las autoridades, expresó que “hay personajes que están utilizando a los menores de edad para la explotación minera. Y a estos niños menores de edad no les pagan con dinero, sino que personas inescrupulosas les están pagando con marihuana, es decir, con vicio. Eso viene ya desde unos dos años más o menos para acá y que han utilizado estas maniobras estas personas. Entonces ya estos menores, unos son mayores de edad, otros no han cumplido la mayoría de edad, son personas que se han vuelto viciosos y ya son insoportables en la región. Entonces, esas son las denuncias que me hacen llegar para que yo las dé a conocer acá a las autoridades competentes y a los medios”, aseveró.

La fuente protegida contó cómo es el modus operandi de quienes estarían explotando a estos menores, aprovechándose de la situación económica de las familias que requieren un ingreso con urgencia y, es así, como los infantes se vuelven presa fácil de esos adultos, sin escrúpulos.  “Llegan ofreciéndoles trabajo como lo ven así en la calle, niños que no tienen forma o no han querido o han evadido el estudio, entonces, estas personas llegan diciéndoles que les van a enseñar minería, que allá se les va a ir muy bien, van a sacar buen oro; los convencen y se los llevan a hacer esta clase de labores, pero ahí mismo los seducen a ingerir esta clase de sustancias, volviéndolos adictos a estos vicios”.

Muchos lectores se preguntarán por qué las familias de los menores involucrados en esta actividad no denuncian, la respuesta lamentablemente es la misma que en otras subregiones del departamento: el miedo a ser víctimas de ataques armados e incluso el temor a que sus hijos, que hoy están siendo vinculados, sean asesinados. Por lo menos así lo advierte la fuente consultada.

“Pues, de todas maneras, les da miedo a estas personas. Hay unos que les han hecho el reclamo a estas personas, pero ven y los visibilizan muy aliados con los grupos, al margen de la ley. Y estas personas también los intimidan con estas personas, con estas personas de los grupos. Entonces nadie se atreve a denunciar, porque, como le digo, les da miedo. Allá es la ley del silencio”, Agregó.

Video: investigación

Según la denuncia, el comportamiento de los jóvenes se ha convertido en un problema social, su conducta ha derivado en episodios violentos por los efectos que genera el consumo y por el “ejemplo” de poder impartido por sus “jefes”, una situación que hoy tiene preocupados a los padres de familia de esta población “la problemática es esa, o sea, ellos ya al consumir esta clase de drogas, ya ellos cambian la actitud. O sea, son niños que han venido de cuna, muy decentes, muy hogareños, pero al seducirlos a esta clase de vicios, ya ellos, las actitudes hoy en día no son las mismas de antes. Son prácticamente niños que se están portando muy mal en la región”.

Según el líder que conversó con Exclusivo Colombia, la problemática se reporta en una vereda específicamente, pero prefirió omitirla por seguridad, aunque agrega, que las autoridades como la Policía ya está al tanto de la denuncia, pero ninguna instaurada de manera formal para evitar ser identificados y que se filtre a los grupos ilegales y derive en una amenaza que, en el mejor de los casos puede convertirse en un desplazamiento o en el peor escenario en homicidios. En resumen, dice, que la riesgosa denuncia de estos vejámenes quede en la impunidad.

“A las autoridades como tal no podemos culparlas porque ellos tienen que tener una certeza directamente de quien denuncia y las pruebas suficientes, entonces, esto se está quedando un poco en la impunidad porque nadie se anima por el miedo, el temor de perder la región y no tienen para dónde irse o a que los maten”, sentencia.

Expresa que como en otras poblaciones antioqueñas e incluso del resto del país, la comunidad no tiene confianza en las instituciones como alcaldías, personería ni demás entidades, por lo que solicitan una intervención institucional desde la gobernación y el gobierno nacional.

Exclusivo Colombia consultó al defensor de derechos humanos de Antioquia Yesid Zapata, quien dijo que esta práctica utilizada con los menores en San Roque es condenable, que se está vulnerando los derechos de los adolescentes y que este problema debe ser atendido de inmediato por parte de las autoridades e incluso organismos internacionales para evitar que sean utilizados e instrumentalizados en zonas lejanas donde el ejército y mucho menos la autoridad civil llega para verificar las condiciones en las que se encuentran los menores “ lo que uno llamaría la atención es dónde están las autoridades, dónde está la institucionalidad tratando de evitar este tipo de cosas, y también evidentemente hay una situación de impunidad en este territorio por diversas situaciones que hemos conocido, que son denunciadas, que se hacen visibles por parte de la sociedad, pero las autoridades no le prestan atención a una crisis que se está presentando y que podría extenderse hacia otros municipios aledaños”, recalcó.

Foto: investigación

El también líder social hace un llamado de atención porque se estaría utilizando esta forma de vinculación de los jóvenes para fortalecer los grupos armados, no solo en San Roque, sino en otros municipios del departamento “evidentemente los actores armados podrían estar recurriendo a estas prácticas que ya han utilizado en otros municipios como el municipio de Medellín, Valle de Aburrá, en general, digámoslo así, realizar una escuela delincuencial con personas jóvenes que son presas fáciles, son presas que les salen también muy económicas porque pues les pagan posiblemente con la misma mercancía ilícita que producen y obviamente esto podría generar en el transcurso de los meses y los días que estos jóvenes terminen enlistando estos grupos armados ilegales”.  

 (AGC) en San Roque

Según el líder consultado en San Roque, el grupo ilegal controla todas las actividades en esa población como los insumos para la explotación minera y otras actividades propias de la zona. La extorsión es el principal ingreso. Según contó a Exclusivo Colombia, el grupo denominado por las autoridades como Clan del Golfo cobra entre $200 mil, $800 mil o un millón de pesos mensuales o por cada lavada de tierra en las unidades mineras o socavones. La premisa del grupo es “quien quiera trabajar la minería debe hacer el aporte”, asevera.

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Damián, el argentino aventurero que abrió una guardería y hospital de plantas en Aranjuez

viernes, 09 febrero 2024 POR Exclusivo Colombia
Ave de Paraíso Damián

Ave de Paraíso, el nombre del proyecto, queda al frente de la cancha Ana Frank, en Aranjuez

—¿Querés un carajillo?—pregunta Damián—. Acá hacemos ocho clases de carajillos, todos con diferentes licores. ¿Querés uno, eh?

Damián es argentino y vive en Aranjuez, no la ciudad española, sino la comuna 4 de Medellín. Dio mil vueltas antes de anclarse allí. Antes anduvo en buses que cruzaban toda la Argentina. Viajó de sur a norte, de la Patagonia a Misiones, entrando en cada una de las bibliotecas públicas de los pueblos más recónditos. Pero ya antes había vivido en Río de Janeiro, a donde llegó sin hablar una palabra de portugués. En la vieja capital imperial trabajó en un restaurante, donde le prepararon una piecita,  un refugio para esconderse como migrante ilegal y menor de edad. 

—Te voy a hacer un carajillo con un licor especial—Damián toma una botella y la enseña—, es un trago vikingo. Vas a probar un carajillo muy particular. 

Mientras el café hierve y se filtra, Damián cuenta historias que fluyen y se ramifican. Después de trabajar varios años en una empresa de transporte, estuvo en Chile compartiendo con una comunidad autónoma, cerrada, que sembraba su propia comida. Cada persona se dedicaba a una labor diaria, bien podía ser lavar los platos o sembrar maíz, e iba rotando cada día hasta completar 30 actividades diferentes. 

—Mirá—dice Damián, estirando la mano con el carajillo humeante. 

En Ave de Paraíso se ofrecen todo tipo de plantas.

Las historias del argentino se bifurcan. Comienzan en San Francisco, su ciudad natal en la provincia de Córdoba, y pasan a La Paz, la capital de Bolivia. En esa ciudad, que está a 3.600 metros sobre el nivel del mar, conoció a Maira, su pareja actual y quien lo arrastró hasta Aranjuez. Maira es colombiana, artista plástica. 

El carajillo vikingo, humeante, baja por la garganta y deja un sabor agradable, acaso frutal. Damián guarda buenos recuerdos de La Paz, una ciudad que, pese al frío, recuerda por la calidez humana y el trato cercano de la gente. 

—En Bolivia hay 30 lenguas indígenas que persisten—, dice Damián, que camina apoyándose en un bastón. Una caída en la mañana lo dejó adolorido y bromea con que estuvo a punto de matarse—. Cristóbal Colón no descubrió América, era más bien un pirata, un delincuente al que la reina (Isabel) ya no aguantaba, ¿cierto?

Damián diserta sobre la historia de América y arguye que varios milenios antes de 1492 hubo un comercio entre pueblos americanos y africanos. 

Damián Ave de Paraíso Exclusivo Colombia
Damián y Maira con Víctor Gaviria en uno de los festivales de cine

Luego del discurso americanista, Damián vuelve a su vida y cuenta que, además de botánico empírico, es escritor. Aunque ahora escribe sobre plantas, en el pasado publicó una novela de ciencia ficción. Sabiendo que la gente lee muy poco, y bastante decepcionado por ello, pensó en una manera singular y atractiva de vender el libro. 

Estaba en La Paz y salió a la calle con un megáfono. Se ubicó en una esquina concurrida y anunció que un día después, en ese mismo punto, iba a estar regalando gaseosa y sánguches. 

Los vecinos fueron llegando y él y Maira repartieron los sánguches. Una vez la gente se sentó y comenzó a comer, les pidió el favor de quedarse. 

—Les dije que era la presentación de un libro y que escucharan de qué se trataba. Así presenté mi novela, La Atlántida de las Bermudas, de una saga que se llama Mi Viaje a Otro Mundo. 

Damián hace una pausa en la vasta conversación. Charla con un cliente que llega a pedir unas cervezas y hace bromas muy a menudo. Es un mamagallista, como dicen en la Costa, y disfruta vacilar con los vecinos. 

Por un chiste, precisamente, nació Ave de Paraíso, el curioso emprendimiento que montó en 2020 con Maira. Corría el tiempo lento de la pandemia, de las horas alargadas, y el argentino y su pareja veían pasar los días monótonos de Aranjuez: las motos raudas que pasan, los equipos de sonido que traquean reguetón y vallenato. Entonces se dieron cuenta de que un lote en el barrio, que se había convertido en un basurero y nido de ratas, había sido desalojado por el inquilino. 

Pensaron en un sueño mutuo, un vivero que pronto tomó proporciones impensables. Luego de los días enteros de sacar basura y adecuar el lugar, un vecino pasó y preguntó qué iban a hacer en ese espacio. Damián, bromeando, le dijo, socarronamente: 

—Vamos a montar una guardería de plantas. 

—Listo, entonces esta semana le traigo unas para que me las cuide. 

El vecino se lo tomó en serio y unos días después llevó sus plantas. Damián, sin chistar, las recibió y entonces el comentario de que habían abierto una guardería de plantas se esparció por Aranjuez. A Ave del Paraíso comenzaron a llegar plantas, algunas marchitas, y ahí el vivero se convirtió en clínica. 

—Si alguien tiene una planta en mal estado—dice Damián, ahora recostado sobre un sofá—, la trae y yo le hago un diagnóstico. Le digo si se puede recuperar y empiezo a trabajar: le cambio la tierra, le echo abono, le corto las hojas. Con paciencia se va recuperando. 

El cliente, como si el paciente hubiera salido de cuidados intensivos, siente un alivio al ver de nuevo las hojas verdes y vigorosas.  

Damián no es botánico, pero en su vida errante ha aprendido de todo un poco. Hoy habla con propiedad sobre especies y tipos de flores, sobre el periodo de las floraciones o el abono adecuado para un arbusto, pero hubo un día remoto en que fundó la primera empresa de programación de la ciudad de San Francisco, Córdoba. Otro día, perdido en un pasado sepultado por nuevos oficios, trabajó en la cocina de un restaurante y fue oficinista.  

Ave de Paraíso es muchas cosas más que un vivero. Maira da talleres de cerámica los sábados y la arcilla se cuece en hornos modernos, de gran calidad. La pareja ha ofrecido tres festivales de cine, uno de ellos sobre la violencia en América Latiana. Hasta el propio Víctor Gaviria se ha pasado por allí durante las proyecciones. 

—Ave de Paraíso es un espacio para la música. Cada tanto hacemos festivales con raperos, rockeros, música reggae. Es un oasis para el ruido, un remanso abierto para todo el barrio. 

Ave de Paraíso Exclusivo Colombia
Cuidar y recuperar plantas es una de las especialidades de Damián.

Es tanto así que algunas veces han llegado a tomarse unas cervezas personas que tienen rencillas por fuera, y entonces de miran feo, se tratan con hostilidad. Damián sirve de mediador y los conmina a vivir en paz. En Ave de Paraíso no hay espacio para la violencia.

La vida errante de Damián ancló en Medellín y allí permanecerá unos años más. Después hay otros sueños, también movidos por la aventura, que hablan de un bus-cocina que recorrerá los Andes, los valles y los desiertos de nuestra América, pero para ello habrá que esperar. El presente está hecho de plantas, música, cultura y paz. 

—¿Querés otro carajillo, eh?

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El Coronel, detrás del uniforme

viernes, 09 febrero 2024 POR Exclusivo Colombia
El Coronel Exclusivo Colombia

Habla el Coronel Carlos Martínez, comandante de la Policía de Antioquia. Narró detalles del rescate de un antioqueño que fue secuestrado por una célula fundamentalista en Israel, su paso por las direcciones de Investigación Criminal e Inteligencia. Actualmente dirige uno de los comandos de policía en Colombia donde tiene a su cargo cerca de 5 mil hombres y mujeres. También habló de su vida sin uniforme y su familia

Son las 8:00 a.m.  y el intenso calor que cubre por estos días a Medellín se hace notar. Llegó la hora de la entrevista y un periodista de Exclusivo Colombia ingresa a la oficina del oficial que tiene a su cargo más de 5 mil policías en Antioquia.  Está rodeado de hombres y mujeres que trabajan a toda marcha para entregarle con detalle cada novedad de la seguridad en los cerca de 100 municipios y 42 corregimientos que están bajo su responsabilidad.  La instrucción es clara: solo tiene 30 minutos para atender al reportero porque a su agenda del día no le cabe un compromiso más.

No le gusta hacerse esperar. A la hora pactada se desconectó de su agenda nacional y recibió al periodista, con un apretón de mano. Todo el tiempo está de buena actitud, pese al estrés que podría causarle su responsabilidad. Es un observador detallado, tanto así, que siempre mira a los ojos a quien se dirige a él.

En su oficina, tiene un cristo y la imagen de Jesús. Dice que ser creyente es personal y para él significa “hacer el bien”. Antes de comenzar el diálogo, sus hombres le entregan los últimos informes del balance de seguridad de enero que debe entregarle en las próximas horas al gobernador de Antioquia y no hay lugar para errores en las estadísticas. 

Se trata del Coronel Carlos Martínez, el comandante del departamento de la Policía de Antioquia. Quizás para la opinión pública es uno de los tantos oficiales que aparece en televisión dando la cara en situaciones adversas como asesinatos, atentados, desplazamientos o resultados importantes como grandes operaciones contra los grupos armados, pero lo que muchos desconocen es su preparación.

Cortesía: Policía de Antioquia

Martínez nació en Bogotá, tiene 47 años y antes de cumplir la mayoría de edad se convirtió en policía “yo soy un policía más, de los cerca de 176,000. Ya llevamos 29 años desde que ingresamos, desde que era niño soy policía, desde los casi 15 años, casi los 16”.

Es administrador policial, estudió ciencias policiales y administración  superior de seguridad pública, en el ministerio del interior (Ambos en Chile), cursó una especialización en gerencia estratégica, es técnico profesional en policía judicial y  su hoja de vida certifica múltiples cursos, entre ellos de  estrategia, operaciones y  prospectiva, con la Unión Europea, particularmente con Europol y  Agencias Federales como El  FBI, La  Agencia Central de Inteligencia, y el  Servicio de Seguridad de Inteligencia Canadiense.

En la época más aguda del conflicto armado en Colombia se abrió paso con importantes misiones y su carrea surgió a partir de dos especialidades: su primera unidad fue en la dirección de Investigación Criminal o Policía Judicial, luego llegó con el grado de capitán a la dirección de Inteligencia, donde trabajó cerca de 15 años. Agregó que este último se convirtió en un reto desafiante, peligroso y que enfrentó a la delincuencia con las hábiles estrategias que todos los días quedaron al descubierto por un selecto equipo de investigadores que lideró.

En este cargo, dice, participó en muchas operaciones contra el delito, también tuvo como misión ubicar personas requeridas en varios continentes del mundo, aportando a esclarecer casos como feminicidios de colombianas en Ecuador y Paraguay, pero narró una historia sin precedentes que le midió su capacidad como policía y ser humano “fue el caso de un joven de Rionegro que había sido reclutado por una célula fundamentalista, estaba de vacaciones en Israel, pero radicado en Europa. De un momento a otro se perdió. La familia perdió contacto con él y gracias a la cooperación internacional, al método de verificación y al trabajo de la policía logramos rescatarlo, ubicarlo y traerlo de nuevo. Nunca lo conocí, nunca hablé con ellos. Quedó en la historia el recuerdo para la familia. Son muchos casos así que le llenan a uno el corazón como policía, de poder servir”.

Cuenta que su carrera le ha permitido trabajar con policías de varios países y demostrar con hechos que “la policía de Colombia es una institución del primer mundo de las policías… es una policía preparada y capacitada”. Trabajó como jefe de la Oficina de Asuntos Internacionales y luego como jefe de INTERPOL. Pero aquí no termina su ciclo, la vida le trajo otra misión: fue designado como comandante de la Policía de Antioquia.

Cortesía: Policía de Antioquia

 Aunque su día a día está marcado por una compleja agenda que le exige estar casi las 24 horas conectado con la realidad de la seguridad en Antioquia, todo puede cambiar en minutos. Dice que, si hay alguna novedad con los habitantes del departamento que exija su presencia, la orden es cancelar los compromisos institucionales y cumplir su deber con el ciudadano “Antioquia tiene complejidades, pero tiene más oportunidades. Todas las formas de delito se pueden presentar aquí, pero hay algo muy significativo que desde el primer día lo sentí: es la valoración, el respeto y el cariño que se tiene hacia el policía. Aquí el policía independiente de donde esté o el grado que ostente, es visto como una figura única de servir y proteger”.

Quedan pocos minutos para terminar la entrevista y el tiempo se agota, pero llegó el momento de hablar de su otra cara, esa que muy pocos conocen, la de un exitoso policía sin uniforme. El coronel Martínez reveló que su vida no sería feliz sin su familia y sin el inmenso cariño y apoyo de sus seres más queridos, a quienes les ha recompensado con su ejemplar trabajo la distancia que exige su profesión. Contó en Exclusivo Colombia que es casado hace 23 años y su esposa trabaja en el sector público. Tiene dos hijos: Santiago de 20 años, quien eligió ser administrador y está en la etapa final de su carrera profesional y Sergio de 13 años, quien actualmente se encuentra cursando el bachillerato.

Hablar de ellos le produce alegría, lo dicen sus expresiones. Reveló que, además se ser un policía con experiencia en altos cargos y delegaciones internacionales, es un enamorado de la cocina “cuando tengo la oportunidad de estar con mis hijos, el día comienza temprano, les preparo el desayuno ¡me encanta! es una forma de hacer algo diferente… Bueno, yo soy creativo en la cocina, tomo varios elementos. Vamos a la iglesia, hacemos deporte, vamos a cine, visitamos a mi mamá, casi que es un tema mandatorio en mis visitas a Bogotá. Cada 50 días nos encontramos”.

Agrega que quitarse el uniforme le recuerda todos los días que es un ciudadano más que debe cumplir la ley, hacer fila y respetar al otro, como así le ha enseñado a sus hombres y mujeres, a quienes los trata como su familia. Tiene un profundo cariño por los animales, aunque en su casa ya no hay porque uno de sus hijos sufrió una situación de salud y los dos gatos que adoptaron tuvieron que ser  entregados a una familiar para que se hiciera cargo de ellos, pero en su lugar de trabajo  hay otro personaje especial: se trata de Tedy, un perro que fue abandonado en la puerta del comando y que él decidió adoptar como la mascota que hoy se pasea con libertad y recibe todo el cariño y la compañía que sus propietarios quisieron omitir.

Periodista: ¿Qué lo hace sonreír y que lo hace llorar?

Coronel Carlos Martínez: “lo que más me alegra y lo que más genera una sonrisa es ver el verdadero rostro de un buen policía, eso me da mucha alegría, ese policía que vive para la policía y no de la policía. Y lo que trae lágrimas y sentimientos: cada vez que un policía pierde la vida”.

Periodista: cuándo hablan de corrupción en la policía ¿Usted que piensa?

Coronel Carlos Martínez: “la corrupción es inaceptable en la actividad de policía, aquí hay una libertad de pensamiento, la policía puede tener errores.  Nosotros somos una institución de control, usted puede ir en su carro y puede exceder los límites de velocidad y aplicar una sanción social, lo mismo en un procedimiento de un cierre o detención. Yo invito a las personas a que cualquier acto incorrecto de un policía sea denunciado. Yo ofrezco una excusa en el momento que haya un comportamiento indebido de algún funcionario y que entiendan que esto no es un tema generalizado, son comportamientos individuales”.

Periodista: ¿Qué piensa del rol de la mujer en la policía?

Coronel Carlos Martínez “Yo siempre he preferido tener mujeres dentro del grupo cercano ¿En qué sentido? Son personas que tienen un sentido amplio de responsabilidad dentro de la organización, que tienen una visión clara de las cosas . En el grupo de seguridad que me acompaña también hay mujeres… Cada vez, la participación de la mujer es más importante en la sociedad”.

Ya no hay más tiempo de responder preguntas, el Coronel tiene la agenda medida y su equipo le recuerda que tiene 15 minutos para llegar a la Gobernación de Antioquia. El periodista de Exclusivo Colombia acepta acompañarlo a cumplir su agenda y durante el recorrido, el alto oficial cuenta que “vamos a la gobernación, hoy tenemos dos temas de agenda, el primero es una rueda de prensa con el balance del primer mes en materia de seguridad y convivencia, un mes muy importante con resultados, es el trabajo de los policías, capturas, incautaciones y, lo más importante, es aportar a salvar vidas, es un factor importante del servicio de la policía”.

Periodista: ¿Le da temor la amenaza de los grupos armados en contra de la población?

Coronel Carlos Martínez: “hay que ser disciplinado y respetar el cargo y la profesión. En Antioquia los 5 mil policías que tengo el honor de liderar, todos ellos están en los territorios, desde luego uno entrega mucha parte de su vida a Dios. Se confía en el trabajo que se hace en el territorio por los hombres y mujeres policías. Yo les digo siempre que cuando alguien es capturado en ese momento sigue siendo persona y tiene derechos, así que hay que tener respeto por la profesión y el respeto por la profesión y las personas son garantía de seguridad”.

El coronel Carlos Martínez cumplió con su agenda, se reunió con el gobernador de Antioquia, regresó al comando, atendió todos los pendientes y después de una intensa jornada, salió con la misma sonrisa con la que madrugó. Y aunque volvió al comando, debe estar listo para cualquier eventualidad que exija su presencia. Sus hijos y su esposa al final del día esperan una llamada y poder hablar.

Cortesía: Policía de Antioquia
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Contrastes de San Ignacio: cultura, libros, lectura…Licor y peleas callejeras

lunes, 05 febrero 2024 POR Exclusivo Colombia
Plazuela San Ignacio Exclusivo Colombia

Aunque la plazuela es agradable y muchos pasan allí horas de ocio, preocupan el consumo de drogas y las riñas, que se han vuelto constantes

La tarde es tranquila en la Plazuela San Ignacio, centro de Medellín. Las ceibas centenarias ofrecen sombra a quienes juegan ajedrez. Un hombre lee el periódico El Tiempo, y va pasando las páginas con tranquilidad; una vendedora ambulante ojea El Colombiano, y habla sobre la situación de los vendedores. La plazuela no va al mismo ritmo de otros parques del centro, donde el desorden es la ley. Sin embargo, cada vez con más frecuencia, hay episodios que arrebatan la tranquilidad del sector. 

San Ignacio está lleno de contrastes. Es sede del claustro San Ignacio de Comfama, que a finales del año pasado fue remodelado y hoy tiene un agradable teatro que acoge a los visitantes. Comfama, desde que se hizo con el claustro en 2003, ha tratado de recuperar el espacio público y de convertirlo en un espacio para todos, donde hay música, lectura, café, ajedrez y tertulia. 

Y el resultado es evidente. Las mesas de ajedrez están llenas en un miércoles por la tarde. Son hombres de mediana edad los que pasan las horas allí jugando, haciendo chistes, tomando tinto.  Son asiduos asistentes que van consiguiendo compañeros de juego que con el tiempo pueden convertirse en amigos. 

San Ignacio
En el parque preocupa la llegada de habitantes de calle que fueron desplazados de otras zonas.

La tranquilidad bohemia de San Ignacio contrasta con una realidad cada vez más apremiante: el consumo de licor y las riñas. Esos son problemas que llevan décadas y ninguna administración ha podido controlar, pero quienes pasan las horas en la plazuela, bajo la sombra de las ceibas o jugando ajedrez, pueden dar fe de que las cosas han desmejorado. 

Gloria Inés Giménez es una vendedora de tinto y dulces en San Ignacio, donde lleva 37 años. En ese tiempo ha tenido oportunidad de ver de todo, como se podrá imaginar el lector de este corta crónica. Gloria está convencida de que la plazuela está pasando por sus peores días. 

En primer lugar, dice Gloria, la administración de Daniel Quintero no hizo un trabajo juicioso con el control del espacio público, por el contrario, hubo una explosión de ventas callejeras con y sin permiso que hoy complican la convivencia en calles y parques. Por otro lado, dice la vendedora, lo que la actual alcaldía de Federico Gutiérrez ha llamado la intervención de la Plaza Botero ha tenido coletazos en San Ignacio. 

Gutiérrez ordenó retirar las vallas que la administración anterior había utilizado para circundar el parque. También se dio la orden de recuperar buena parte del espacio que está debajo del viaducto del metro, muy ocupado por ventas irregulares. Así que vendedores informales y habitantes de calle que pasaban allí sus horas se desperdigaron por el centro. 

Como lo contó Exclusivo Colombia en una nota anterior, muchas de esas personas fueron a dar al Parque Bolívar, donde está la Basílica Metropolitana. 

Pues bien, Gloria dice que lo mismo está pasando en San Ignacio y alega que no hay personal de Espacio Público ni de la Policía: 

“Han llegado acá y ellos se conocen entre ellos. Entonces van llegando y los otros los reciben, los abrazan, y un rato después están peleando”, comenta la vendedora, que continúa: “Por cualquier cosa pelean y sacan cuchillos. El otro día quedé en la mitad de la pelea y casi me tumban la chaza”. 

Esa realidad se hace palpable con solo estar un rato en la Plazuela. Junto a la iglesia hay un hombre desarrapado que duerme sobre el suelo. En una de las bancas hay dos hombres más que toman de una botella de licor, que guardan en un maletín, e inhalan cocaína. Luego se limpian la nariz. 

San Ignacio es un reflejo de lo que es Medellín. Esa plazuela, muchos no lo saben, resguarda buena parte de la historia de la ciudad. A finales del siglo XVIII, como lo confirma Luis Javier Villegas en un artículo recopilado en la enciclopedia Historia de Medellín, el visitador Juan Antonio Mon y Valverde encontró a la provincia de Antioquia en estado de “atraso y abandono”. Lo que más resaltó el visitador fue que, pese a que las dinámicas sociales crecían, no había establecimientos educativos y se carecía de una “escuela de primeras letras”

Luego de ires y venires administrativos se dio la orden de construir esa escuela en 1803. Ese sería el inicio de la Universidad de Antioquia. 

El claustro se convirtió, durante la Guerra de Independencia, en acuartelamiento de los realistas; luego fueron los republicanos quienes lo usaron de trinchera. Más tarde, en ese mismo siglo de sucesivas guerras civiles, sirvió de escondite durante el conflicto de los Supremos. 

La iglesia pasó de manos de los franciscano a los jesuitas, y por eso se adoptó el nombre de San Ignacio de Loyola. Cuentan también los cronistas de comienzos del siglo XX que muy del claustro se reunían los 13 panidas, el grupo de jóvenes intelectuales rebeldes que incluso protagonizaron una sonada pelea en ese sector. 

San Ignacio es reflejo de lo que es y ha sido Medellín. Los que asisten a jugar ajedrez y los vendedores ambulantes esperan que la cultura se imponga ante el desorden que se avizora. Hacen un llamado urgente a la Alcaldía. 

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La verdadera cara de “La Madrina” de Barrio Antioquia Griselda Blanco

domingo, 04 febrero 2024 POR Exclusivo Colombia

Exclusivo Colombia habló con José Guarnizo, el autor del que es, tal vez, el más conocido libro sobre Griselda Blanco “La Patrona de Pablo Escobar”, en el que se cuenta la historia de la más temible narcotraficante, que se inventó el sicariato en moto, las rutas de la coca, e intentó secuestrar al mismísimo hijo del presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy.

Una vez, cuenta un familiar de Griselda Blanco, ella, con su particular jactancia y poder de intimidación, en una fiesta propia de cualquier narco en una película de Hollywood, sacó una bandeja de plata para servir a sus invitados y dijo “yo soy la reina de la coca”.

Pocos saben que ese detalle obedece a un delito del que se sentía orgullosa. Mandó a robar, en el propio Palacio de Buckingham, en Londres, una bandeja y la vajilla en la que la Reina Isabel tomaba el té, solo para presumir ante sus amigos y mostrar ese poder que era indiscutible entre la mafia de toda América.

Griselda Blanco era conocida como “La Madrina”, la “Viuda Negra”, “La Reina de la cocaína” y ninguno de los alias fue en vano. Lejos de ser un personaje de serie de Netflix, fue una narcotraficante temible, tanto como para ser prioridad para el gobierno de Estados Unidos, mucho antes que Pablo Escobar.

Exclusivo Colombia investigó los cinco datos más relevantes y menos conocidos de la narcotraficante, que, por cuenta de una nueva serie televisiva protagonizada por Sofía Vergara, pone a hablar al mundo de la coca colombiana y el narcotráfico de los 70 y los 80.

Esta es tal vez, una de las más reconocidas fotografías de Griselda Blanco, rodeada de flores y vistiendo traje de diseñador. El próximo 14 de febrero cumpliría años, pero fue asesinada en 2012 en una carnicería del barrio Belén. Foto: cortesía.

1- Le atribuyen su primer crimen a los 11 años

Casi todas biografías acerca de “La Madrina”, coinciden en reseñar un crimen atroz, como su inicio en el bajo mundo. Apenas con 11 años de edad, dicen los archivos judiciales, Griselda ya era parte de un grupo delincuencial de Barrio Antioquia, un recodo de la comuna de Belén en Medellín, al que llegó después de vivir en Lovaina, desplazada de Cartagena con su familia.

Antes de iniciar los años 60, la banda, casi todos menores de edad, se dedicaban al hurto, pero pasaron al siguiente nivel cuando secuestraron a un niño de 10 años de clase alta en Medellín.  Al niño, cuya identidad fue reservada por años, lo tuvieron amarrado por varios días, pero su familia no pagó el rescate a tiempo. Griselda, retada por sus cómplices, le disparó en la cabeza a sangre fría.

Lo que sigue es una historia criminal que se escapa de cualquier guion de Hollywood, que incluye más de 100 muertes comprobadas (se dice que pueden ser más de 250), entre ellas las de sus tres parejas sentimentales. De ahí salió su otro alias “La viuda negra”. Aunque hay dudas aún.

“Griselda Blanco está lejos de ser una heroína como en algunos relatos se ha mostrado.  No me refiero específicamente a la serie de Sofia Vergara porque en la serie de Sofia Vergara se logra mostrar un poco como esa atmósfera que se creó alrededor de Griselda en Miami y de todos los muertos, aunque se dan unas licencias para cambiar ciertas cosas. Por ejemplo, ahí muestran que ella supuestamente mató Alberto Bravo, su segundo esposo cuando pues hay serios indicios y documentos que indican que a él lo mandó a matar Pablo Escobar.
Sin embargo, si hay una buena cantidad de testimonios y documentos de los que se puede inferir que ya sí habría tenido que ver con el asesinato de su tercer esposo, Darío Sepúlveda, padre de su hijo Michael Corleone, que creo que este es un dato importante y de ahí que se empezó a hablar un poco como de que ella representaba La Viuda Negra”. José Guarnizo, periodista y escritor de “La Patrona de Pablo Escobar”

2- Inventó el sicariato y puso en estado de guerra a Miami

Aunque en muchas de las series y biografías sobre Griselda Blanco se habla de su guerra en Miami, Estados Unidos, generalmente se ha pasado por alto el impacto que esto tuvo en la historia del crimen en el continente.

El alias de “La Madrina”, tal vez el más conocido, se da precisamente en los años 70, cuando huye de Colombia y pasa de New York a Miami en Estados Unidos, donde, según advierte el escritor José Guarnizo, crea su propio imperio, el primero conocido de un cartel colombiano de las drogas y cuyo único jefe y dueño era ella misma.

Era tan absoluto su poder en la organización, que solo se le conocían unos escasos hombres de confianza, el más cercano; Jorge Ayala Rivera, alias “Rivi”, quien solo logró salvar su vida, siendo testigo clave en el juicio que llevó a “La Madrina” a la cárcel por 19 años. Pero la historia comienza mucho antes.

Ella se inventó el sicariato como modalidad delictiva, primero en Medellín y luego en Estados Unidos. La imagen de hombres en motocicleta que asesinan a sus víctimas en movimiento, fue una macabra creación de Griselda Blanco para cobrar sus deudas. Según los testimonios recolectados en los archivos judiciales en Miami, fue la primera vez que en ese país se vio de manera sistemática el uso de esta modalidad en asesinatos selectivos.

Página del libro “La Patrona de Pablo Escobar”, de la Editorial Planeta y que reseña un titular de prensa sobre la guerra de narcos en Miami entre los 70 y los 80. Foto: Cortesía.

Y es que Miami, que para entonces ya era un paraíso tropical, se convirtió en un infierno cuando se desató la llamada “Cocaine Cowboys Wars”, una sangrienta lucha por el dominio del narcotráfico en la ciudad con decenas de muertos, masacres y el famoso caso del niño Jhonny Castro, de tres años, quien falleció víctima de disparos en un ataque sicarial a su padre Jesús “Chucho” Castro en 1982, de quien siempre se pensó que estaba muerto, pero reapareció en Medellín,  tras esconderse por más de 30 años de “La Madrina”.

La guerra de la cocaína en Miami perduró hasta 1984, cuando ya Pablo Escobar había incursionado en el mapa criminal con el Cartel de Medellín y usando las rutas de transporte de droga, que precisamente Griselda diseñó y administraba. Ya por esa época se vislumbraba un enfrentamiento con el capo, al que sobrevivió.

Miami, según datos del FBI pasó de una tasa de homicidios de 13.2 casos por cada 100.000 habitantes a 24 en 1984, una cifra muy parecida a la que tenía Medellín hace unos 10 años.

3- Su alias de “La Madrina”

A Griselda Blanco no le gustaba hacer pequeños negocios. Según sus allegados, los “cruces” de droga que realizaba en Estados Unidos, siempre se calculaban en toneladas. “Llegó un momento en el que tuvo muchos cuartos llenos de dinero, de dólares en efectivo que eran imposibles de contar”, dice el escritor José Guarnizo. Por esto, fue tal vez, la primera narcotraficante en usar el término de “caletas”, para describir los sitios de almacenaje de su dinero. El FBI calculó su fortuna en más de 500 millones de dólares en su momento, calculados en la actualidad, serían más de 1.5 mil millones de dólares, suficiente para aparecer en la revista Forbes.

Hay que decir que, al comienzo, otro invento que se le atribuye, es la creación de “las mulas”. Para esto creó una línea de ropa interior con compartimientos para esconder cocaína y que se pasara inadvertida en los aeropuertos.

Varios autores consideran que una parte de las escenas de célebre película “Scarface”, protagonizada de manera magistral por Al Pacino, tienen inspiración en apartes de la vida de Griselda.

No obstante, la afición, casi enfermiza de ella en el cine, tenía que ver con otra película, la obra maestra de Francis Ford Coppola “El Padrino”. Fue tal su afición a la historia de la familia Corleone, que a su último hijo lo bautizó Michael Corleone Blanco. Ahora él promociona su propia marca de ropa y produce la imagen de su madre.

Incluso, advierte en sus informes el FBI, imitaba los lujos de la película. Tuvo un anillo que fue propiedad de Eva Perón, compró un Jet privado y mandó a construir un busto de bronce con su rostro en tamaño real. Tenía una ametralladora enchapada en oro macizo y a los funerales de sus víctimas enviaba flores. Cuando fue sepultada en el cementerio Montesacro de Itagüí, a 120 pasos de la tumba de Pablo Escobar, fue puesta en un ataúd completamente dorado.

Su alias era solo cuestión de tiempo. Le gustaba que le llamaran así.

La foto más reconocida del fichaje judicial por las autoridades de Estados Unidos, tras la captura de Griselda Blanco. Foto Cortesía.

4- Era terriblemente vanidosa y pobre de aquel que no se lo reconociera

Griselda Blanco usaba botas largas, le encantaban las minifaldas y la ropa de diseñador. Según cuenta un ex narcotraficante y socio, su carro preferido era el Chevrolet “El Camino”, le gustaban los colores fuertes, el rojo y posaba para fotografías en todas las oportunidades.

En el testimonio, recogido por la cadena Univisión de Estados Unidos, de un ex narco conocido solo como “Cardona”, se afirma que “ella no soportaba que nadie le dijera dos cosas: gorda o tatareta. El que le decía eso se moría, no lo perdonaba”. A pesar de su figura ruda y robusta, paradójicamente, siempre ha sido interpretada por bellas actrices, entre las que se cuentan Luces Velásquez, Jennifer López, Ana Serradilla, Catherine Z. Jhones y la mismísima Sofía Vergara.

 5- El misterio de su clandestinidad

“La Madrina” en 1975 fue reseñada en Estados Unidos por cargos de conspiración de drogas, con 30 de sus empleados. En ese momento fue el caso más grande sobre tráfico de coca en la historia, no solo en ese país, sino en el mundo. Griselda huyó nuevamente a Colombia, pero volvió a Estados Unidos, donde la suerte se le acabó.

Tras la muerte de Pablo Escobar en 1993 en Medellín, Griselda fue apresada en Miami y condenada a 19 años de cárcel por las muertes de los narcotraficantes cubanos Alfredo y Grizel Lorenzo y del niño Johnny Castro. No obstante, sin cumplir la totalidad de la pena salió en 2004 y en completo secreto, volvió a Medellín.

“Ella regresa sin ningún antecedente judicial, ella podía abrir cuentas a su nombre, tuvo cualquier cantidad de cuentas y ella vivía de las rentas de los bienes que había comprado y había acumulado, no era una mujer multimillonaria como lo llegó a hacer en su momento, pero vivía de esas rentas, vivía en una casa en el poblado en la Loma del Tesoro, vivía con uno de sus hijos, con una empleada.
 Su vida un poco fue eso, vivir de las rentas, tratar de recuperar algunas tierras que no pudo recuperar y por otro lado también creo que ya nunca se pudo desligar de Barrio Antioquia, a pesar de que vivía en El Poblado y andaba en un carro Mazda 3, como una señora anónima, pero ella siempre fue al barrio, nunca se pudo desligar”, dice José Guarnizo.
Así se anunció en los medos nacionales el asesinato de Griselda Blanco en 2012. Foto: tomada de la web.

El 12 de septiembre de 2012, antes de las 6:00 de la tarde, en la carnicería Cardiso del barrio Belén, donde compraba unas costillas para un asado, Griselda Blanco fue asesinada en su propia ley. Dos sicarios en motocicleta pasaron y uno le disparó en dos ocasiones. A los 69 años falleció desplomada en la calle. Hasta hoy el crimen no se ha resuelto, no hay un capturado o una investigación concluyente sobre el asesinato de la “Reina de la coca”, que pasó 8 años en la discreción absoluta en una casa de El Poblado hasta ser alcanzada por su propio pasado.

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