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En Medellín se toma el mejor Gin Tonic del mundo

Wednesday, 03 July 2024 by Exclusivo Colombia

Conozca el sueño de un paisa que transformó un propósito en una realidad. El exclusivo licor hoy se exporta en Costa Rica, Panamá, República Dominicana y muy pronto se venderá en Estados Unidos.

Los licores premium colombianos están en su mejor momento. Esto gracias a la distinción obtenida por Juniper Drinks, una marca nacional que obtuvo la mayor distinción en el World Spirits Competition, el equivalente a los Premios Oscar de la industria licorera, gracias a la fabricación del que hoy es el mejor Gin Tonic del mundo.

El World Spirits Competition de San Francisco es la principal competición de bebidas alcohólicas en el mundo. Se realiza desde hace 24 años y es organizada por The Tasting Alliance, en la que participan los mejores jueces de licores del planeta, son más de 70 jurados que califican a los participantes en una cata a ciegas.

En 2022, el Gin Tonic de Juniper recibió el reconocimiento a “mejor de su clase” (Best of Class) y su primera Double Gold, premio que revalidó en 2023 y 2024, obteniendo la máxima categoría (Platinum) y siendo el primer licor colombiano en lograrlo. Al ser reconocido por tercer año consecutivo, la marca colombiana Juniper alcanzó la Medalla Platinum, que, según los organizadores, “certifica años de excelencia y dedicación en la creación de bebidas perfectas”.

“Es un honor indescriptible recibir este reconocimiento por tercer año consecutivo, y aún más emocionante hacerlo con la distinción máxima; los San Francisco World Spirit Competition son como los Oscar de la industria de bebidas y licores, y esta medalla es como el Hall de la fama”, expresó Juan David Zapata, cofundador de Juniper.

La historia de Juniper inició en el barrio San Javier (Comuna 13) de Medellín, desde donde los emprendedores Juan David Zapata y Andrés Tobón crearon la primera agua tónica hecha en Colombia y luego la primera toronja rosada del país. Con el reconocimiento recibido en San Francisco, Juniper Drinks se consolida como líder en la elaboración de licores premium en Colombia, y le marca el camino a los demás emprendedores que quieran aprovechar el buen momento de la industria nacional.

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¿Qué opina? En La Unión piensan abrir glamping sobre Chapecoense y las habitaciones serán réplicas del avión estrellado

Tuesday, 02 July 2024 by Exclusivo Colombia
Chapecó

El proyecto es desarrollado por particulares en la vereda Pantalio, de La Unión

Tal vez el nombre de Pantalio no diga mucho a los lectores de esta nota, pero, si les decimos Chapecoense, de inmediato recordarán el horrible accidente aéreo del 28 de noviembre de 2016 en el que murieron 71 personas. Pues bien, sepan los lectores de este artículo que en esa vereda están construyendo un glamping que seguro causará polémica cuando se anuncie: las habitaciones serán réplicas del avión que se estrelló en 2016. 

Detrás del glamping está Jaime Carmona, el popular Gordo Lindo. Gordo Lindo es el dueño de la tierra en la que se encalló el avión de Chapecoense. Gordo Lindo no estaba el día dell accidente, pero uno de sus trabajadores, don Miguel, sintió el estruendo de una de las tragedias más grandes de la historia del deporte. Fueron 71 personas entre jugadores, directivos, periodistas y tripulantes los que murieron esa aciaga noche en la que no paró de llover. 

En Medellín y en La Unión se hicieron decenas de homenajes a los fallecidos. El gobernador de Antioquia de la época, Luis Pérez, prometió construir un memorial en el sitio en el que cayó el avión. Desde el sector público se anunciaron grandiosas ideas sobre el memorial, pero todo quedó sobre el papel. 

Como suele ocurrir con las promesas del sector público, todo se quedó en el papel y en palabras olvidadas. Pero la gente, que siempre es curiosa, empezó a hacer romería al lugar. Al comienzo llegaron un par de carros, pero con el tiempo se convirtió en un sitio de peregrinación. 

Gordo Lindo, dueño de la tierra, vio una oportunidad de negocio que ha llevado al extremo. Hace tres años que montó un restaurante. Dice que empezó con dos mil pesos y que “Dios le dio el proyecto para atender al mundo entero”. El ecoparque de hoy tiene un rancho restaurante en el que se prepara a diario sancocho de gallina. Gordo Lindo dice, solo sabe él si es una hipérbole, que los domingos venden 1.500 almuerzos. Hay caballos para dar un paseo por las colinas, un sendero para caminar hasta el sitio en el que se estrelló el avión. 

También hay una capilla, un mural con las fotografías de los muertos y unas cruces con los nombres de las víctimas del accidente. Pero el atractivo mayor, que Gordo Lindo muestra con orgullo, señalando ampliamente con el brazo, es un avión real que rememora al de la tragedia. 

El avión está puesto sobre un plan y lo bordean unas cintas azules. No es una réplica del avión que chocó en 2016; se trata de un avión viejo, inservible ya, que Gordo Lindo y un socio compraron en Medellín. Para llevarlo hasta el lugar hubo que despiezarlo y llevarlo en varios camiones hasta la entrada a La Unión. Para llegar hasta el sitio del accidente —y del negocio de Gordo Lindo— hay que recorrer seis kilómetros desde la carretera principal 

A Gordo Lindo lo han criticado y lo señalan de sacar provecho de una tragedia. Cuando se le menciona eso, retrocede sobre el taburete y responde: “De todo me han dicho. Pero yo no hago esto por lucrarme. Esto es un proyecto que Dios me puso y él me ha ayudado para que crezca. Fue Dios el que me puso esto acá, es de él”. 

El glamping 

Un periodista de Exclusivo Colombia estuvo en el Parque Chapecó y constató que, en efecto, están construyendo un glamping. Cuando el visitante llega puede ver que hay varios aviones, réplicas recién instaladas. ¿Qué son? Las habitaciones del glamping. El mismo Gordo Lindo comentó que es un proyecto que viene trabajando con un socio:  “La idea es que la gente venga y, por ejemplo, se hospeden con la novia y ahí se metan al jacuzzi”. 

Es probable que el glamping levante polémica cuando se anuncie públicamente. No hay que olvidar lo que pasó en diciembre de 2023, cuando la alcaldía de La Unión instaló un alumbrado navideño con una figura de un avión chocando. La imagen de inmediato causó el rechazo de muchas personas, que por redes sociales se quejaron de que la alcaldía estuviera espectacularizando la tragedia en la que murieron 71 personas. 

Chapecó
En este mural están representadas todas las víctimas fatales y los sobrevivientes del accidente.

Al preguntarle sobre las posibles críticas que pueda recibir el proyecto, Gordo Lindo argumentó que el negocio no tiene la intención de burlarse o aprovecharse de una una tragedia, sino de una oportunidad de negocio por aprovechar. Y es que no solo quiere que el cerro en el que se estrelló el avión sea un parque temático. Se lo imagina como un parque de diversiones al estilo gringo. Gordo Lindo piensa en grande su proyecto. Dice que con la ayuda de Dios lo convertirá en un Hollywood montañero. ¿Cómo es eso? No lo explica muy bien, pero lo imagina con juegos para los niños, luces, un hotel y cabañas.

Todavía no hay plazo de apertura del glamping. Gordo Lindo es más bien hermético sobre el proyecto, pero cualquiera que se dé una pasada por el lugar podrá ver sin dificultad las réplicas de los aviones, es decir las habitaciones en las que las parejas se divertirán y, en palabras del propio Gordo Lindo, “puedan aterrizar bien bacano”.  

Y es cierto que muchos turistas vienen de otras latitudes a conocer el lugar de la tragedia. Un viernes en la tarde, por ejemplo, un turista noruego, rubio y luciendo una camiseta deportiva, llegó hasta el lugar y cabalgó por las colinas en uno de los caballos. Gordo Lindo, bromeando, le dijo que solo sabía dos palabras en inglés, pero que esperaba que se fuera feliz para su país.

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Las viejas glorias del fútbol paisa juegan por la convivencia en los barrios de Medellín

Saturday, 29 June 2024 by Exclusivo Colombia

El equipo Senior Master Antioquia reúne a figuras como Jorge Horacio Serna, Neider Morantes y Gerardo Vallejo

Un partido singular se jugó el sábado pasado en el barrio Córdoba. En la cancha aparecieron exfiguras del fútbol antioqueño, hace unos años rivales y hoy amigos. El equipo Senior Master Antioquia reúne a jugadores retirados que no han colgado los guayos. Entre sus figuras están César Valoyes, muy recordado por su paso por el DIM; Juan David Valencia, autor de memorables goles con Nacional; Gerardo Vallejo, el incansable defensa del Tolima; Jorge Horacio Serna, el famoso “Camello”, entre muchos otros.

Pues bien, esos exjugadores se reunieron para jugar en el barrio Córdoba, justo detrás del Pablo Tobón. La intención del club es jugar en los barrios de la ciudad y llevar un mensaje de paz. Cada tanto van a las comunas y compiten, pero, sobre todo, comparten con la gente. “Es muy bonito porque el público tiene buena memoria. La gente recuerda los goles importantes que uno hizo, los goles de los títulos”, comentó César Valoyes.

El público cumplió con el compromiso y fue a apoyar a su equipo, Latinos FC. La gente llegó desde temprano y se acomodó en la tribuna. Con bombas y gritos alentaron al equipo que se enfrentó a las viejas glorias del fútbol antioqueño. Juan David Valencia hizo un llamado para que las entidades públicas se sumen a esta iniciativa que tiene como fin la promoción de la cultura y la sana convivencia en los barrios.

En el encuentro también participó Iván Durango, representante legal de Durango y Abogados Consultores Legales S.A.S.

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La historia de la casona de Mariano Ospina que se convirtió en un oasis para las mujeres de Itagüí

Thursday, 27 June 2024 by Exclusivo Colombia
Mi Ranchito casa de la mujer

Es una casona amplia que pasó a manos del municipio hace poco más de dos años

En la parte sur de Itagüí, la que linda con La Estrella, hay una casona blanca, de chambranas azules, que llama la atención. Está rodeada de un bosque en el que abundan los frutales: mangos, guayabas. Un caminante desprevenido puede pensar que la casa está fuera de lugar, y tiene algo de razón. Detrás de ella se levantan inmensas moles de cemento, edificios de 30 pisos construidos en los últimos años. 

¿Por qué esta casa está tan anacrónicamente ubicada? ¿Qué hay en ella? Esas son las dos preguntas clave en esta nota. 

La casa fue construida a mediados del siglo XX y su dueño fue nada más y nada menos que el presidente conservador Mariano Ospina, quien ocupó la casa de Nariño entre 1946 y 1950. Hay que recordar que en tiempos del expresidente, La Estrella e Itagüí eran pueblos aparte de Medellín y no estaban conurbados como pasa hoy. 

La casa, entonces, era de recreo y estaba en las afueras de la ciudad. Cuentan que el expresidente y su esposa, Bertha Hernández, vivieron periodos en la casa. Se dice que ella le dio el toque femenino a la morada con un orquideorama en la parte trasera de la casa. La casona fue bautizada como Mi Ranchito. 

Mi Ranchito
La casa está abierta para todas las mujeres, no solo para las víctimas de violencia.

Bien, ahora contestemos la segunda pregunta. El expresidente construyó la casa hace más de 70 años y después de su muerte pasó por varias manos. Hoy funciona dentro de sus paredes la Casa de la Mujer de Itagüí, un espacio que ofrece una amplia oferta cultural y de atención para las mujeres. 

La casa del expresidente pasó a manos del municipio en 2021. Resulta que una constructora compró los predios en donde está Mi Ranchito y levantó el proyecto Verde Vivo, una urbanización enorme de apartamentos. En su momento se temió por el futuro de la casona. Se dijo que la iban a derrumbar y que su historia se habría de perder. Fue tal la molestia que algunos vecinos incluso protestaron con carteles y plantones. 

Aunque la constructora dijo en un comienzo que la casa sería un centro cultural abierto para la gente, luego se confirmó que sería un espacio para las mujeres del municipio. Así lo dijo el alcalde de entonces, José Fernando Escobar: “Como fueron intervenciones menores no hubo problemas para tramitar los permisos; entregando esta casa para servicio de las mujeres estamos cumpliendo una promesa de nuestro plan de gobierno y el plan de desarrollo”.

La casa es patrimonio arquitectónico y por eso no se le pueden hacer grandes modificaciones. Para ponerla en funcionamiento, la alcaldía de Itagüí, sin embargo, tuvo que hacer algunos retoques en puertas, baños y chapas. El predio es grande, de 1.000 metros cuadrados. 

En Itagüí, según cifras de la propia alcaldía, hay 160.000 mujeres, el 52 por ciento de la población. El municipio se ha preocupado por sus mujeres desde hace varias administraciones. Desde 2017 existe el Observatorio de Inclusión y Equidad para las mujeres, que analiza varios ejes temáticos como los derechos de las mujeres y propone acciones para prevenir la vulneración de sus derechos. 

Ahora bien, la casona no está disponible solo para mujeres que han sido víctimas de algún tipo de violencia. El municipio ha sido explícito en que allí pueden acudir mujeres de todas las condiciones que estén buscando un espacio en el que puedan expresarse, aprender y fortalecerse como personas. 

Casa de las mujeres
En la Casa de la Mujer hay una amplia oferta cultural para las mujeres, desde manualidades hasta yoga.

La oferta es, como se dijo, bastante amplia: desde clases de rumba para poner el cuerpo a punto hasta yoga. La idea es que sea una atención integral que fomente las diferentes esferas humanas de las mujeres. 

“Yoga, rumba, taller de huertas, comunicación para emprendedoras, manualidades, ofimática, maquillaje, cuidado estético de manos y pies, entre otros, son algunos de los frentes en los que las itagüiseñas se están formando hoy. Este lugar se llena de vida cuando ustedes lo habitan”, dice la administración para atraer a las mujeres. 

El espacio, además, es amplio y agradable. La casona de baldosines rojos está rodeada de un bosque que da sombra y sosiego en los días de calor. En las zonas verdes funcionan las huertas, donde crecen especias y plantas aromáticas cultivadas por las propias usuarias. 

La casa del expresidente conservador quedó rodeada de edificios enormes, de una ciudad que antes no existía, pero así también logró sobrevivir y ser un remanso de paz para las mujeres. 

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Algunos secretos del cementerio Universal de Medellín

Monday, 24 June 2024 by Exclusivo Colombia
Cementerio Universal

Además de cientos de cuerpos sin identificar, el cementerio cuenta buena parte de la historia reciente de la ciudad

La historia de las ciudades puede rastrearse a través de sus cementerios. Esta premisa parece un lugar común, y en cierta medida lo es, pero hay que mirar las historias en detalle, con casuística, para desentrañar hechos que están en las profundidades. 

Medellín inauguró su primer cementerio en 1828, dos siglos después de su fundación. ¿Cómo es que enterraban a los muertos antes de esto? ¿Qué hacían con los cuerpos? ¿O es que de plano, como en el cuento de Carrasquilla, la muerte se había tomado un descanso? Lo último es una hipérbole, por supuesto, pero resolvamos la duda. 

En Medellín no hubo cementerios hasta entrado el siglo XIX porque hasta la fecha los muertos eran enterrados en las iglesias. Así lo disponían las normas hasta que a comienzos del XIX, justo antes de la emancipación de España, desde la península Ibérica llegó una orden perentoria: había que construir cementerios fuera de las iglesias para enterrar a los muertos. Los Borbones, que estaban ahora en el poder, introdujeron este dentro de los tantos cambios que pusieron patas arriba al Nuevo Mundo. 

La razón, en realidad, era práctica. Las iglesias se habían llenado de ratas y la descomposición de los cuerpos amenazaba a la salud pública. En 1928, entonces, se inauguró el cementerio San Lorenzo, conocido desde 1840, se puso en funcionamiento el San Pedro, como el “cementerio de los pobres”. 

Pero, ¿dónde entra el Universal en esta ecuación? Hay que esperar hasta la entrada del siglo XX, que llegó con ideas más liberales. Como los cementerios estaban bajo el dominio de la iglesia, estaba prohibido enterrar a suicidas y prostitutas. Influidos por ideas más modernas, algunos alegaban que no era justo que esas personas no pudieran reposar eternamente en un lugar digno.

Cementerio Universal
En el Universal hay mausoleos de profesionales: este es el de los ferroviarios.

En 1930, con el gobierno del liberal Enrique Olaya Herrera, se llegó a un acuerdo para que la Iglesia donara terrenos en los que podrían ser inhumados los laicos y personas no católicas. Era un logro impensado en el siglo XIX, pero que llegaba cuando la ciudad crecía y emulaba a las metrópolis europeas y norteamericanas. 

El asunto, sin embargo, no fue tan expedito. Luis Alfonso Rendón, en su tesis para la Facultad de Ciencias Humanas de la U de A, expresa que en 1934 se abrió el concurso para la creación del cementerio municipal. La promesa era construir un lugar amplio en el que cupieran todos. El concurso de arquitectura lo ganó Pedro Nel Gómez, quien diseñó un cementerio ambicioso, con portales barrocos y amplios jardines. Pero en 1951, el alcalde de la ciudad, Luis Peláez, pidió al arquitecto que le entregara los planos del cementerio. Para ello le dio un plazo de tres meses.

Pedro Nel, dice en la tesis de Rendón, entregó finalmente los planos el 15 de diciembre de 1951 y entonces comenzó, al fin, la construcción del primer cementerio universal de Medellín. Ya en otras ciudades habían aparecido estos espacios laicos en los que no se precisaba que el muerto tuviera alguna condición. 

Cementerio Universal
La Jep dictó medidas cautelares para buscar cuerpos enterrados como personas no identificadas.

La guerra en la ciudad 

La historia del Universal fue relativamente calma hasta la década de los 80, cuando las violencia convulsionó a Medellín. Cuenta un sepulturero que vivió esa época que la fila de cadáveres a enterrar era eterna. En un solo día, contó, podían inhumar a 40 personas, la gran mayoría víctimas de la violencia que se había enquistado en la ciudad y que, aunque en otras proporciones, continúa hoy rondando, amenazando, en los barrios. 

En ese lapso llegaron decenas de cuerpos sin identificar que fueron enterrados como NN. Hoy, para darles dignidad, se les llama Cuerpo No Identificado. Basta dar un recorrido para darse cuenta de la cantidad de bóvedas sin nombre alguno, rudimentariamente marcadas en el cemento fresco. 

El estado del cementerio es deplorable desde hace años. Algunas de las bóvedas están mal selladas y las moscas que se aprovechan de la descomposición salen de la oscuridad para sobrevolar y molestar a los visitantes. 

La Alcaldía de Daniel Quintero anunció en 2021 prometió darle una nueva cara al cementerio, y anunció que invertiría 2.000 millones de pesos en reparaciones. Literalmente, con muertos y todo, el Universal se estaba cayendo. El panorama no cambió demasiado, y hoy es notable la sensación de desolación al caminar por las bóvedas y el patio central. 

Para la misma época del anuncio de la alcaldía, la JEP impuso medidas cautelares sobre el cementerio, pues se teme, como bien se dijo atrás, que bajo tierra y en las bóvedas reposan decenas de cuerpos no identificados. Asociaciones de víctimas de la comuna 13 están pendientes del proceso, pues creen que hay muchos cuerpos allí de personas asesinadas en los tiempos más duros de la guerra y en la Operación Orión. 

Otra de las extrañezas del cementerio Universal es que recibió un ingente trasteó de muertos que reposaban en el San Lorenzo, que fue cerrado y hoy permanece vacío, sin un solo muerto entre sus bóvedas. Fue un trasteo poco típico, casi un hito de la ciudad. 

Al igual que el San Lorenzo, el Universal ha sido víctima de la llamada magia negra. Una crónica de El Tiempo, publicada en 2005, cuenta lo siguiente: 

“Pocas de las tumbas del panteón, situado en la zona noroccidental del cementerio, se escaparon de los rituales de magia negra. “Lo más impactante fue que dentro de las bóvedas vimos sábanas tendidas como si alguien hubiera dormido allí -contó Ovidio Prisco, un pintor que participó en la limpieza-. Se tomaron el trabajo de subir a los nichos más altos y prender velas en ellos”.

Según los relatos que le dieron al cronista, por el cementerio habían visto a unas mujeres jóvenes muy bellas que fumaban tabacos de una manera extraña. 

Son muchas historias extrañas, escabrosas y tristes que están relacionadas con el cementerio Universal, el que ayudó a la ciudad, al fin, a entrar en la Modernidad en cuanto a descanso eterno se refiere.

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Hace cien años: la aventura de traer dos aviones Fokker a Medellín

Saturday, 22 June 2024 by Exclusivo Colombia
Avión fokker

Esta es la historia de un viaje accidentado que dio inicio a una nueva era de la aviación en la ciudad

Viajar desde el aeropuerto Olaya es una experiencia agradable para la mayoría: no hay que ir a Rionegro ni pasar por ningún túnel, y el despegue y el aterrizaje ofrecen una vista memorable de la ciudad. Desde un avión que se levanta con rumbo a Urabá, por ejemplo, los pasajeros ven alejarse la pista y ante sus ojos aparecen los edificios de Conquistadores. Luego, la quebrada La Iguaná, que baja desde el occidente, y entonces el avión se encauza hacia el occidente para cruzar el río Cauca. 

Pero este relato no tiene que ver con las apreciaciones de un viaje cotidiano desde el aeropuerto de Medellín, sino con una aventura de hace exactamente 100 años, cuando la empresa Scadta, hoy Avianca, trajo dos aviones Fokker de la Primera Guerra Mundial. No fueron los primeros aviones que llegaron a la ciudad, pues en 1913 sobrevoló la ciudad. Fue tal la impresión que la prensa de la época creó una campaña de expectativa sobre el suceso. 

“(El avión) recorrió vertiginosamente los primeros treinta o cuarenta metros en el declive del prado, para levantarse con cierta pausa y majestad, con las ondulaciones suaves de una ave enorme, hasta alcanzar una altura de quinientos o seiscientos metros. Iba ya al Occidente del río. Tomó luego la dirección noroeste y sobre los espléndidos campos de Guayabal, Belén, América, Robledo y Belencito, hasta acercarse a Itagüí al regreso, dejó oír el martilleo potente del motor, anunciando a los labriegos espantados la prodigiosa conquista, por el ingenio humano, del espacio infinito”. 

Esas líneas corresponden a la edición del 27 de enero del periódico La Organización. 

Aeropuerto
La infraestructura del aeropuerto se construyó después.

Pero ya hemos dicho que este relato tiene que ver con la traída de los dos aviones Fokker. El relato de la aventura quedó inmortalizado en una crónica del Coronel José Ignacio Forero, quien escribió un libro sobre los inicios de la aviación en Colombia. La crónica sobre el viaje a Medellín está incluida en el libro El periodismo en Antioquia, una compilación de Juan José Hoyos. 

En 1924, entonces, a dos hombres les dan la tarea de traer dos aviones desde Barranquilla. Los responsables de esa tarea fueron Ferruccio Guicciardi, un piloto italiano, y el Coronel Forero, el cronista. 

El coronel nos cuenta que luego de varias pruebas, el primero de los aviones, bautizado “Medellín”, estuvo listo para hacer el viaje hasta la capital de Antioquia el 15 de diciembre de 1924.

El cronista nos cuenta que despegaron de Barranquilla y bordearon el litoral. Luego viraron y se fueron adentrando en el interior siguiendo al río Magdalena. El viaje estuvo bien hasta que pasaron por Calamar, Bolívar, cuando el avión, dice el cronista, empezó a “estornudar”. Aunque trataron de arreglarlo, se vieron en la tarea de buscar una pista para aterrizar de emergencia. 

El piloto italiano, al fin, encontró un terreno junto al río y descendió el avión. Por suerte, cuenta el coronel, un tubo oxidado ayudó a detener a la aeronave. 

Piloto y copiloto estuvieron cinco días en Calamar hasta que el avión estuvo reparado. Entonces volvieron a Barranquilla y planearon de nuevo el viaje a Medellín. El cronista nos cuenta que estos aviones tenían un tanque muy pequeño que había que retanquear. El tiempo máximo de vuelo era de dos horas y media. 

El 20 de diciembre salieron hacia Medellín. La ruta tenía contemplado hacer una parada en Puerto Wilches, Santander, otro pueblo ribereño, para aprovisionar combustible y seguir el viaje hacia el interior. El Coronel, con sencillez y gracia, cuenta que el tanque se acabó cuando estaban llegando a Puerto Wilches y entonces empezó a “echar ojo” a un lugar despejado para repetir lo hecho en Calamar. Lo lograron otra vez, gracias a unos árboles que detuvieron la nave. Los dos salieron ilesos. 

El despegue tampoco fue fácil. Como nadie en el pueblo los ayudó, los dos tripulantes tuvieron que cortar los árboles que les impedían levantar vuelo. Así nos lo cuenta el Coronel: 

“Sin amilanarnos, pero tampoco en el colmo de la felicidad por esta serie de menudos pero graves contratiempos, nos pusimos, Guicciardi y yo, a cortar espinos en un largo trayecto, tolerando un largo calor infernal hasta que literalmente no pudimos más. Derrotados por aquella temperatura insoportable y sin siquiera esperar a que los parches pegados se secaran, reanudamos el vuelo hacia Medellín, pensando en que solo faltaría que se nos rompiese una hélice contra algún espino al levantar el vuelo”. 

Aviones
Este es el avión que sonbrevoló la ciudad en 1913.

Pero las penalidades no terminaron. Los parches que le habían puesto al avión se comenzaron a despegar y la gasolina se acabó de nuevo. Por fortuna, el piloto indicó que ya estaban sobrevolando Medellín, donde un “gentío” los esperaba a un lado de un potrero de la finca El Guayabal, donde hoy está el aeropuerto Olaya Herrera. 

El aterrizaje fue brusco, pues la pista era muy corta, y el cronista cuenta que se dio un golpe en la cabeza que lo puso a “ver estrellas”. Una vez en tierra, el Coronel queda con la misión de que el dueño de la finca, Jesús Sierra, les arrendara un potrero que se pudiera utilizar como pista. Al comienzo, el dueño se negó. El Coronel nos dice: “Y lo curioso es que en forma parecida pensaban por la época la mayoría de los colombianos para quienes eran más importante las vacas que los aviones”. 

Finalmente, convencen al dueño de la finca. Después, al Coronel lo espera otra misión más inverosímil que la vivida. En un caballo de la empresa Scadta emprende un viaje a Manizales, que dura cuatro días. ¿La razón? Hoy cuesta imaginarlo: 

“Sencillamente se trataba de localizar mangas de emergencia o planadas para nuestros vuelos Medellín-Manizales-Cali”. 

Con el éxito de la empresa se abrió la ruta aérea comercial hacia el sur del país. El viajero que sale hoy del Olaya no se imagina cómo comenzó la historia de ese aeropuerto que alguna vez fue un potrero que los aviones invadieron.   

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La historia del barrio que construyeron debajo del puente de la Madre Laura

Thursday, 20 June 2024 by Exclusivo Colombia
El barrio está construido bajo una de las alas del puente de la Madre Laura

Hay casas de dos pisos, comedor comunitario y se han establecido normas de convivencia

En Medellín se mencionan lugares que no aparecen en los mapas. Son nombres populares, creados por el ingenio de la gente. Uno de ellos, bautizado en honor a su pasado infausto, es la Curva del Diablo, en Moravia. En los años ochenta y noventa, y aún en el nuevo milenio, el sitio fue un “tiradero” de cadáveres. Los bandidos aprovechaban la soledad y la oscuridad del lugar para dejar a sus víctimas.  

Basta con un dar un vistazo rápido a la prensa para encontrar noticias como la siguiente, publicada escuetamente en El Colombiano en 2012: “Cuatro cadáveres fueron arrojados desde una camioneta Hilux en el sector conocido como La Curva del Diablo, en el barrio Moravia de Medellín.De acuerdo con la información preliminar, las autoridades recibieron el reporte a las 3:00 de la madrugada de hoy y al acudir al sitio encontraron los cuerpos de tres hombres y una mujer”. 

El sector de La Curva cambió cuando se inauguró el puente Madre Laura, en 2016, una mole que conecta a Aranjuez con Castilla. Una de las plataformas del puente, al lado oriental, da sobre la Curva en mención. Pues bien, esta historia tiene que ver con lo que ha ocurrido bajo esa ala del puente. 

Resulta que en 2016, como ya había pasado, se quemaron decenas de casas construidas sobre el morro de Moravia, que está a todo el frente del puente. El morro está sobre el viejo basurero de Medellín, un terreno irregular que emana gases de la descomposición de los residuos. Eso, sumado a que las casas fueron levantadas sin permisos, y con conexiones ilegales, aumenta el riesgo de incendios y cortocircuitos. 

Puente Madre Laura
Muchos hombres se dedican a sacar arena del río.

Muchos se quedaron sin más que la ropa que llevaban puesta. Sin casa ni una alternativa posible, se metieron debajo del único techo disponible: el puente Madre Laura. Los primeros empezaron a construir ranchos de tablas y lonas. Con los días fueron llegando más personas, incluso algunas que no venían de Moravia, sino de otros barrios o municipios de Antioquia. Pero todos con algo en común: la necesidad y el desarraigo. 

Una de las primeras en llegar fue Yamile, una mujer joven, separada, con hijos por criar. Yamile vivió bajo el puente hasta 2019, cuando la Policía, con una orden judicial, llegó a sacarlos. Entonces todos se fueron a rodar por la calle. Pasaron dos meses por fuera, deambulando, y volvieron cuando la Policía dejó de custodiar el puente. Ahí comenzó una nueva ola de población, ahora construyendo casas con mejores materiales.

Desde entonces, con muchos problemas, la gente se ha mantenido bajo el puente. Varios vecinos contaron que para ocupar el barrio tuvieron que tener el permiso de “los de la vuelta”, como eufemísticamente se llama al poder criminal que maneja los barrios en Medellín. Pues bien, con el favor de los de la vuelta, comenzaron a construir casas en material. 

La de José Alejandro Obando, por ejemplo, tiene dos pisos. En la parte trasera, un balcón, lo que ahora llaman deck, de madera, que tiene una vista sobre el río Medellín y el metro. La casa de José Alejandro tiembla cada tanto, como un barco en altamar, y el que no esté acostumbrado se puede marear. Él dice que eso pasa porque la casa está construida como una bisagra del puente, una zapata que vibra con el paso de los carros. 

En el barrio viven ahora unas 120 personas y se han creado normas, como en cualquier comunidad. Por ejemplo, los niños no pueden estar por fuera después de las 9:00 de la noche. El vecindario tiene unas zonas comunes donde ubicaron unos muebles roñosos y desvencijados; en ese espacio, por ejemplo, está prohibido tomar licor o consumir drogas. 

Puente Madre Laura
Esta es la facha de una de las casas: está decorada y tiene dos pisos.

Muchos de los hombres trabajan en el río, sacando arena para las construcciones. Es un trabajo extenuante, porque tienen que sacar decenas de bultos para que valga la pena. Aguantan el sol de frente y el reflejo sobre el agua, que hiere los ojos, y se exponen a una creciente súbita. Hablando del río, el barrio tiene un baño comunitario. Es un inodoro pequeño, casi pegado al piso, que desagua directamente al río. 

El vecindario tiene un corredor central. A cada lado, entre el río y el puente, hay puertas de madera de las que cuelgan pesados candados y cadenas de metal. Una de las sorpresas que se lleva el visitante es que el barrio, con lo informal y su  extraña historia, tiene conformado un comedor comunitario para los niños.  La comida se las dona la fundación cristiana “Transformación”, que comenzó a ayudarles en la pandemia. La idea es generar un cambio de mentalidad en los niños y que no repitan los errores de sus papás. El desayuno se sirve sin falta a las ocho y media de la mañana. 

Barrio Madre Laura
Este es el corredor central del barrio. Las casas están a lado y lado.

Otra de las reglas de la comunidad es que no se pueden alquilar casas, como pasa en otros barrios de invasión de Medellín. Tampoco se aceptan nuevas construcciones. Son los que están y punto. Estas reglas, por supuesto, tienen el visto bueno de los de la vuelta, que desde Moravia se encargan de vigilar y dar el beneplácito. 

El vecindario toma el agua de los tubos del acueducto y la luz de los postes de energía. El año pasado, EPM los desconectó a la energía y muchos perdieron la comida que tenían en la nevera, porque tienen neveras y lavadoras. Sin embargo, ninguna de las tres administraciones que han pasado por la Alpujarra desde la construcción del barrio ha logrado sacarlos. Ellos dicen que tienen derecho a vivir allí, bajo techo, aunque este sea un puente.

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A que no conocía esta historia: la sala de cine que funciona en una capilla del centro de Medellín

Friday, 14 June 2024 by Exclusivo Colombia
Sala de cine Comfama

La sala ofrece películas para adultos y niños

Pocos edificios de Medellín cuentan tan íntegramente la historia como el claustro de San Ignacio. Ahí, frente a las ceibas que ahora son centenarias, nació la Universidad de Antioquia rayando el siglo XIX; unos años después, el claustro fue refugio de los ejércitos que se batían contra los españoles. Un siglo más tarde, en la plazuela del frente hubo una insólita pelea del grupo de los Panidas, incluido León de Greiff. 

San Ignacio está lleno de contrastes. Es sede del claustro San Ignacio de Comfama, que a finales del año pasado fue remodelado y hoy tiene un agradable teatro que acoge a los visitantes. Comfama, desde que se hizo con el claustro en 2003, ha tratado de recuperar el espacio público y de convertirlo en un espacio para todos, donde hay música, lectura, café, ajedrez y tertulia. 

La tranquilidad bohemia de San Ignacio contrasta con una realidad cada vez más apremiante: el consumo de licor y las riñas. Esos son problemas que llevan décadas y ninguna administración ha podido controlar, pero quienes pasan las horas en la plazuela, bajo la sombra de las ceibas o jugando ajedrez, pueden dar fe de que las cosas han desmejorado en el último año. 

Pese a esa realidad exterior, las cosas son muy distintas dentro del claustro. Hay sosiego: las paredes gruesas y los terminados barrocos del siglo XIX crean un espejismo, un remanso dentro de la ciudad frenética que palpita afuera.  

Claustro Comfama
Vista del observatorio astronómico del Claustro. Foto: Comfama-

Además de decenas de cursos de cocina, escritura, danza y cuanta actividad cultural sae pueda imaginar, el claustro abrió hace poco una sala de cine. Se podría decir, sin lugar a equívocos, que es la sala de cine con más historia de la ciudad. También es la sala más particular: funciona en la capilla del claustro, un espacio bicentenario. No hay que olvidar que el claustro fue regentado por los franciscanos durante el siglo XIX y en el XX pasó a manos de los jesuitas, quienes le pusieron el nombre de su patrono. 

El claustro fue, en realidad, una necesidad apremiante para la creciente villa que entraba al siglo XIX. Para entonces, la villa de Medellín, situada entre el camino del Cauca y el Magdalena sobre un valle pródigo, empezaba a ganar población y a reñir con Santa Fe de Antioquia, para entonces capital de la provincia. En 1826, finalmente, Medellín ganaría el pulso por convertirse en capital y centro económico de la región. 

Decíamos que la construcción del claustro fue una necesidad porque a finales del siglo XVIII, como lo confirma Luis Javier Villegas en un artículo recopilado en la enciclopedia Historia de Medellín, el visitador Juan Antonio Mon y Valverde encontró a la provincia de Antioquia en estado de “atraso y abandono”. Lo que más resaltó el visitador fue que, pese a que las dinámicas sociales crecían, no había establecimientos educativos y se carecía de una “escuela de primeras letras”

Luego de ires y venires administrativos se dio la orden de construir esa escuela en 1803. Ese sería el inicio de la Universidad de Antioquia.

El claustro se convirtió, durante la Guerra de Independencia, en acuartelamiento de los realistas; luego fueron los republicanos quienes lo usaron de trinchera. Más tarde, en ese mismo siglo de sucesivas guerras civiles, sirvió de escondite durante el conflicto de los Supremos. 

Claustro Comfama
El claustro es patrimonio de la ciudad. Foto: Comfama

Esos acontecimientos parecen muy lejanos ahora que el claustro es un apacible centro de la cultura operado por Comfama. La caja de compensación planteó una ambiciosa remodelación del claustro. El proyecto se dividió en cuatro etapas y ya terminó la primera de ellas. Ahora, el que entra al edificio se encuentra con un amplio teatro que contrasta con los acabados decimonónicos de los corredores. En total, es una inversión de unos 57.000 millones de pesos, algo sin precedentes. 

Pero volvamos a la sala de cine. Proyectar una película no es un acto mecánico. El proyector, como dice Fernando Vallejo, es el inventor de un mundo. El mencionado escritor antioqueño narra cómo se veían películas a mediados del siglo XX. El narrador nos cuenta que, precisamente, las proyectaban en una iglesia, la del Sufragio. Vaya coincidencia: 

“Estamos en el cine parroquial de la iglesia del Sufragio; una sala baja sin declive en que apretados cabrán quinientos niños y sueltos meten mil, mil demonios endemoniados ensordeciendo, correteando, saltando por entre las largas bancas de madera que ya no resisten una tromba más con tempestad. Persecuciones, gritos, carreras, todos se creen el Zorro y ninguno quiere morir”. 

Vallejo después llama al cine, con su preciosismo retórico, “el recinto mágico”. Que Comfama haya abierto una sala de cine en el centro de Medellín no es una noticia menor. Hace décadas que declinaron los cinemas que dieron vida al centro: el Lido, el Cine Centro, el Ópera Dux, el Cid, el Radio City… Las salas de hoy están en centros comerciales, aisladas de la ciudad. Lo de Comfama es devolverle al centro un pedazo de su historia, de su esplendor perdido, arrebatado.
En la capilla de San Ignacio se proyectan películas para todos, desde cine arte hasta para los niños. Si quiere conocer la programación entre a https://www.comfama.com/cultura-y-ocio/agenda/programacion-cinema-comfama/

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El mercado de lo absurdo: recorrido por los negocios callejeros más insólitos del centro de Medellín

Thursday, 13 June 2024 by Exclusivo Colombia
Venteros

Barberías, mini mercados y almacenes de ropa ocupan el espacio público

En Medellín hay unos 35.000 venteros, según la Alcaldía. La mayoría está en el centro, en las plazas y parques, sobre calles y carreras. En los últimos años, dicen los datos oficiales, los vendedores ambulantes se triplicaron. El desempleo, la pandemia y la necesidad empujó a mucha gente a la calle, a la intemperie. Este es un corto recorrido por esos miles de puestos callejeros que hay en el centro de Medellín. 

Los bajos de la estación Berrío están llenos de ventas de jeans, zapatos, camisetas. Es cierto que desde hace años llegaron los vendedores, pero desde hace uno o dos años los negocios se hicieron más masivos. Ya no son pequeños puestos de gorras, sino verdaderos locales comerciales al aire libre. Dicen en los alrededores que hay personas con plata que se han hecho con hasta doce puestos callejeros. La mercancía para surtir no es nada barata. 

Un poco más al norte, cruzando la plaza Botero, aparece la avenida de Greiff y el Hotel Nutibara. Pasando la calle está el viaducto del metro y comienza un verdadero mercado de lo absurdo. El corredor central bajo el metro está tomado desde ese punto hasta la estación Prado. Los venteros que llevan más tiempo allí dicen que son unas 1.200 familias las que viven de esa economía callejera. 

Venteros
Una venta de granos y alimentos en la calle.

El primer tramo del viaducto, justo después del hotel Nutibara, está repleto de carretillas en las que se ofrecen limones, yucas, ñames y cuantos frutos y legumbres tropicales se pueda imaginar. A la par, sucede lo que en muchas otras partes del centro: jíbaros se camuflan entre la multitud. Pregonando, aplaudiendo, pasa un muchacho ofreciendo marihuana, “rocas” y pepas. No es el único, más adelante hay otros que venden “blones apanados” y pastillas de clonazepam. 

En ese mismo trayecto hay un par de ventas que, por lo menos, generan inquietud. La primera es la de los mini mercados ambulantes. Son carretillas pequeñas, que se arrastran, cargadas con bolsas de arroz, maíz, pastas, sal, panela, azúcar, fríjoles cargamanto, huevos. Su aparición también es relativamente reciente y puede explicarse gracias al aumento de la población flotante del centro de Medellín. 

Según la corporación Cívica Corpocentro, por la comuna 10, el centro de la ciudad, pasan 1,2 millones de personas todos los días. Miles de medellinenses, colombianos y extranjeros recorren las intrincadas calles del centro en busca de alguna curiosidad de poco valor, o de un banco para hacer una diligencia. La gente sabe que en el centro se puede conseguir casi cualquier cosa, por descabellado que parezca.

Venteros
Esta es la venta de ropa de Giovanny, en los bajos de la estación Prado.

Ahora vamos con otra venta singular. Sobre mantas se ofrecen pastillas y medicinas. No está claro cuál es el origen de los medicamentos ni si fueron adquiridos de manera legal. Son como pequeñas farmacias en la calle, sin boticario o farmacéutico.  

Un poco más al norte, llegando a la estación Prado, aparecen más negocios. Los más grandes y bien montados son los de venta de ropa. Allí se pueden comprar camisetas en muy buen estado por 10.000. 

Uno de los puestos es atendido por Giovanny, un hombre grueso, de ojos claros, que antaño tuvo un local en el destruido Bazar de los Puentes y que hoy tiene un almacén de ropa improvisado sobre la acera. Los pantalones de dril también cuestan 10.000 pesos. ¿Por qué tan baratos? Son de segunda, pero están buenos, dice Giovanny. 

Los venteros de ropa se surten de personas que llegan hasta el lugar para vender prendas que ya no usan. Ellos las evalúan y piden 5.000 o 7.000 pesos. Luego las exhiben como si de un almacén de ropa se tratase. Este negocio también ha crecido bastante en los últimos años. Giovanni dice que el auge se debe a que la ropa se vende más fácil que los celulares, por ejemplo. Él solía venderlos, pero con frecuencia tenía problemas con los clientes y los funcionarios de la Alcaldía. 

Venteros
Así se ven las barberías callejeras.

Detrás de los almacenes de ropa hay un negocio más insólito: barberías al aire libre. Están hechas de pequeños toldos plásticos puestos sobre los andenes. Tienen escritorios desvencijados en los que reposan las máquinas y las cuchillas. Uno de los barberos, que dice expresamente que no le tomen fotos, dice que el corte cuesta 10.000 y que en un día atienden a unas quince personas. Las barberías abren doce horas al día, desde las ocho de la mañana. 

La mayoría de venteros viven en habitaciones cercanas, donde cobran 25.000 la noche. Su descanso sobre una cama depende de las ventas durante el día. 

El mercado de lo absurdo se hace más masivo en tanto más cerca está de la estación Prado. En ese sector venden desde herramientas hasta computadores viejos, PlayStation, zapatos y juguetes sexuales. En uno de los puestos, por ejemplo, ofrecen unos dildos y en otro, junto a unos tenis, hay un plug anal. 

Nadie parece sorprenderse de porque las barberías linden con los almacenes de ropa o que se ofrezcan juguetes sexuales al lado de juegos de video.

Son los contrastes del centro de Medellín a los que nos hemos acostumbrado.

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Pedro II: la historia del papa antioqueño que despachaba desde Barbosa

Tuesday, 11 June 2024 by Exclusivo Colombia
Papa de Barbosa

Su nombre de pila era Antonio Hurtado y una crónica de la época retrata su alocada empresa de montar un Vaticano en Antioquia.

La historia de Pedro II, el papa de Barbosa, se ha contado varias veces, pero quizá no lo suficiente. En ella convergen lo pintoresco y lo simbólico. Es un cuadro muy particular de un “orate” que a ratos parece más que cuerdo. 

El primer relato del papa de Barbosa data de 1939. Es una crónica en primera persona del periodista Juan Roca, escrita en clave humorística. La historia comienza con el trayecto entre Medellín y Barbosa, amenizado por la voz de la actriz cubana Dalia Iñuiguez, que acompañó al cronista a conocer al papa de Barbosa. 

Así relata el cronista el viaje hasta el municipio del norte: 

“Es que Barbosa, arcádico pueblillo antioqueño, oloroso a boñiga y vestido con la greda bermeja de los tejares, hay un vaticano y en él radica un orate que reclama para sí la silla pontificia”. 

El orate es Antonio Hurtado, un dentista empírico que fue al seminario pero nunca se ordenó. En 1939, año de publicación de la crónica, murió Pío XI; al enterarse, Hurtado envió cartas al vaticano para postularse como reemplazo del papa recién fallecido. Nunca recibió respuesta, entonces él mismo se coronó Sumo Pontífice de la Iglesia Católica y convirtió su casa en el Vaticano antioqueño. 

Para asumir como tal, se mandó a hacer dos anillos y a confeccionar trajes papales. La crónica de la visita a Barbosa continúa con la llegada al pueblo. El periodista y sus acompañantes se dan cuenta de que la torre principal de la iglesia tiene un hueco que causó la caída de un rayo. El papa de Barbosa les explica que el rayo era una protesta contra el vaticano por la posesión de Pacelli como Pío XII. 

El papa de Barbosa vivía en una mansión grande adornada con cuadros religiosos. El papa recibe a sus visitantes con la bendición y los hace pasar. Luego se sienta en una silla grande que rechina. Entonces explica que es una silla dúplex, que lunes, miércoles y viernes sirve para sacar muelas y los demás días es silla pontificia. 

Papa de Barbosa
Este es el famoso papa de Barbosa. Foto: Alcaldía de Barbosa.

El periodista pregunta al papa que desde hacía cuánto lo había asaltado la vocación. La respuesta deja perplejos a los escuchas: 

“Hace tres años, nada más —dice el papa—. Es decir, este es el tercer año de mi candidatura. Pero me combate. Pío XI enfermó hace dos años y yo desde aquí le sostuve la existencia, porque era muy santo”. 

Ante la sorpresa del periodista y sus acompañantes, el papa continúa y discurre de cuestiones teológicas: 

“Sus encíclicas (de Pío XI) son geniales y trabaja mucho por la paz de la grey. Pero como yo sabía que estaba sufriendo demasiado, ordené desde aquí que muriera tranquilamente y se fue hacia Dios. Como era natural, yo debía reemplazarlo, pero en Roma no sé qué les está pasando. Mi misión es clarísima. Soy el creador de nuevos sacramentos”. 

El papa les cuenta que, además de repartir bendiciones y sacar muelas, escribe un semanario que se llama “El Emanuel”. En él, el Sumo Pontífice de Barbosa dice que instruye sobre las cosas de la fe y probar que él, y no Pío XII, era el elegido para posarse sobre el trono de Pedro. El papa vuelve a la carga y dice: “Algún día seré reconocido por todas las potencias y consagrado. Ahora apenas tengo la adhesión de este rebaño”. 

La conversación se hace más extraña cuando el periodista pregunta a Hurtado por su nombre de consagración. El papa responde que se llama Pedro II. El cronista se sorprende y le dice que eso es grave y peligroso. Hurtado responde que eligió ese nombre porque, según las profecías de Malaquías, cuando sea consagrado un papa con el nombre de Pedro II se acabará el mundo. 

Luego de leer un pasaje de la biblia, Pedro II se adentra en un monólogo mucho más inquietante: 

“Que yo soy el papa, porque yo soy la bestia. Voy a comprobarlo”. 

Pero, así como discurre en esos comentarios de “orate”, el Sumo Pontífice de Barbosa opina sobre personajes de la vida política colombiana. Cuando el periodista le pregunta por Laureano Gómez, exige silencio y ruega no ofender su mansión con nombre tan “pecaminoso”. Más incisivo se vuelca sobre Fernando Gómez Martínez, quien fuera director del diario El Colombiano y gobernador de Antioquia: 

“Dígale usted a Fernando Gómez Martínez, que ahora se dice a sí mismo maestro, no sé de qué, que no tiemble ante las excomuniones que le tira Laureano. Que yo siempre lo apoyo y que desde aquí lo bendigo, pero con la izquierda”. 

El periodista y sus acompañantes salen del Vaticano, donde hay un cúmulo de curiosos que los observan y los ven salir pontificados. Emprenden el camino a Medellín y a mitad del viaje se les pinchan las cuatro llantas del carro. 

“Mal agüero nos ha dado el papa de Barbosa”, dice la actriz Dalia. 

Silla Papa
Esta es la silla “duplex” que utilizaba el Papa de Barbosa

La vida del papa 

Sobre el papa de Barbosa hay un libro titulado Noticias de Pedro II, escrito por Víctor Bustamante. En el libro se cuentan decenas de curiosidades sobre la vida de este hombre excéntrico que se autoproclamó papa. 

Con los años, el Vaticano de Barbosa creció hasta emplear a 25 personas. El papa era riguroso y despedía al que pronunciara una mala palabra. Según una crónica escrita por Luis Alberto Miño para El Tiempo, publicada en 2005, el papa se tomó en serio su celibato y nunca se le conoció novia, mujer o amante. 

En el Vaticano antioqueño daba rienda a sus excentricidades: 

“Con el paso de los años, Pedro II comenzó a hablar de que hacía milagros. En su periódico escribía que curaba a personas de cáncer y hacía caminar niños minusválidos. Por su fama regional, Pedro II atendía desde borrachos, a los que les mandaba con sus empleadas el anillo para que se lo besaran y no tener que recibirlos, hasta personas ilustres como la poetisa cubana María Dalia Iñiguez, la actriz Libertad Lamarque y a Alfonso López”.

Al papa de Barbosa lo excomulgaron y a sus procesiones, a las que acudían sus seguidores, las atacaban con piedras. Fue memorable su rencilla con el padre Jesús Antonio Arias. El párroco, con ayuda del alcalde Enrique Bedoya, logró una orden policial para llevar al papa a Medellín al hospital mental. Luego de una evaluación lo dejaron ir, alegando que no era peligroso y solo sufría de un delirio místico. 

El papa de Barbosa murió en 1955, a los 63 años. Sus huesos todavía están en una pequeña bóveda del cementerio de Barbosa.

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