
Los perros no hablan, pero Andrés Valencia los entiende. Descifra sus miedos, ansiedades y traumas con una precisión asombrosa. Actualmente es el Etólogo del albergue El Arca, en La Estrella, y experto en el vínculo humano-perro. Hace 16 años dedica su vida a transformar la relación entre canes y humanos en Colombia.
En un rincón de Antioquia, donde el bullicio de la ciudad se apaga y los cerros envuelven la cotidianidad con su verde intenso, Andrés Valencia se mueve con la naturalidad de quien lleva años entendiendo un lenguaje que pocos dominan: el de los perros. No es solo un adiestrador, ni un simple amante de los animales. Su mirada va más allá del comportamiento; estudia la conexión profunda entre humanos y canes, desentrañando los miedos, ansiedades y emociones que moldean su conducta.
Andrés, zootecnista de la Universidad Nacional, con un diplomado en Etología de la Universidad CES y un magíster en Etología de la Universidad de Zaragoza, ha dedicado los últimos 16 años a trabajar con perros. No los entrena como quien moldea una máquina obediente, sino que los comprende desde su esencia. “Amo lo que hago y hago lo que amo. Ese es mi estilo de vida, yo no trabajo, salgo a conocer familias maravillosas y perros espectaculares”, dice con la convicción de alguien que encontró su propósito.
Su historia con los perros comenzó como empiezan las grandes pasiones: sin planes, casi por instinto. Lo que en un principio fue una curiosidad se convirtió en una misión de vida. Su empresa, Happy Dog, no solo lleva el nombre de su perro más feliz, sino que encapsula su filosofía. Aquí no se trata de corregir con gritos o imposiciones, sino de guiar con paciencia y respeto. En Happy Dog hay entrenamiento, clases de Disc-Dog, consultas etológicas y una variedad de accesorios y juguetes diseñados para estimular a los perros. Todo tiene un propósito: hacer que cada perro y su familia vivan en armonía.
En su consulta, Andrés atiende casos que van desde la ansiedad por separación hasta agresividad por miedo. Explica que muchos problemas de conducta no son meros caprichos de los perros, sino señales de algo más profundo. “Cuando el perro es cachorro y empieza a hacerse pipí o popó en la casa, no es un tema etológico sino de adiestramiento. Pero si es adulto, se queda solo y empieza a hacer sus necesidades por toda la casa, ahí sí es un tema etológico”, señala. Sabe que cada caso es único y que la clave está en entender las raíces del comportamiento.
Para él, la etapa más crucial en la vida de un perro es el primer año. Es ahí donde se construyen los cimientos de su personalidad, donde los temores pueden transformarse en miedos si no se manejan correctamente. “Por ejemplo, un perro que de cachorro se asusta con un ruido fuerte y su familia lo palmetea o lo consiente, sin darse cuenta refuerza ese temor. Con el tiempo, ese temor se convierte en miedo y después del año aparecen las fobias, como el miedo a los truenos, la pólvora o ciertos sonidos”.
En el albergue El Arca, de la Estrella en Antioquia, donde Andrés es el etólogo, los perros que han sido rescatados de abandono o maltrato encuentran en él un aliado para sanar. Sus métodos, basados en la etología y en el respeto por la naturaleza del perro, han permitido que muchos animales con traumas profundos puedan encontrar una segunda oportunidad. Allí́, con la paciencia de quien entiende que el tiempo es clave, observa, analiza y guía a los perros hacia la estabilidad.
Los ladridos, aullidos y comportamientos erráticos que para muchos son solo problemas de convivencia, para Andrés son un lenguaje claro. “Las vocalizaciones excesivas, el perro que ladra y ladra todo el tiempo, o que empieza a hacer daños en la casa cuando su familia se va, son señales de una ansiedad por separación que debe tratarse desde la Etología”.
Su trabajo no se limita a consultas o entrenamientos. Es una labor de educación constante, enseñando a las personas a leer a sus perros, a entender que el vínculo no se construye con castigos sino con comunicación. Porque al final del día, su misión no es solo ayudar a los perros, sino transformar la relación entre ellos y sus humanos, creando conexiones más profundas y felices.